viernes, 22 de diciembre de 2017

Las aventuras de Pinocho de Carlo Collodi



Las aventuras de Pinocho de Carlo Collodi distan un poco de ser lo que Walt Disney nos ha presentado, por lo cual, quiero referir sólo una pizca de una de tantas aventuras que le ocurren al pícaro, travieso e ingenuo personaje, que por cierto no parecen aventuras infantiles sino la vida misma.
Bueno, cierta ocasión Pinocho llega a la ciudad Engañabobos a levantar una denuncia porque una zorra y un gato le robaron cuatro monedas de oro que sembró en un campo dentro de la misma localidad. Entonces, el emperador lo escucha y luego manda que lo apresen por cuatro meses, 
"hubiera permanecido más tiempo aún si no se hubiera producido un hecho inmensamente afortunado. Pues cabe saber que el emperador que reinaba la ciudad de Engañabobos, tras haberse cobrado una gran victoria contra sus enemigos, ordenó la celebración de grandes festividades, se dispuso un alumbrado de feria, hubo fuegos artificiales, carreras de caballos árabes y velocípedos y, como señal de la mayor exaltación, quiso que se abriera las cárceles y que salieran todos los malandrines. 
-Si los demás salen de la cárcel, también quiero salir yo-le dijo Pinocho al carcelero.
-Usted no-repuso aquel-, porque usted no pertenece a la mayoría.
-Perdone-replicó Pinocho-, pero yo también soy un malandrín.
-En ese caso, tiene toda la razón-dijo el carcelero y, quitándose la gorra respetuosamente al tiempo que le saludaba, le abrió la puerta de la cárcel y le dejó escapar." (pp.74-75).

lunes, 9 de octubre de 2017

Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll


Esta novela aparentemente infantil y dirigida a un lector de corta edad, creo, es para mí, como lectora de una primera leída, bastante exquisita y con un arsenal de metáforas que además, guía cómo debe ser entendida y leída la obra.

En este tenor, esa niña curiosa y malcriada que es Alicia, quien escasamente tiene ocho o nueve años, refleja la naturaleza inquieta e inocente que pasa por una serie de aventuras en un mundo de seres fantásticos como: el conejo, la Liebre de Marzo, el Lirón, el Sombrerero, la Oruga, la Tortuga Falsa, por decir algunos. Todos ellos le muestran su mundo en donde existe una lógica y para entenderlos hay que entrar a su juego, su lógica. Por ejemplo, cuando la niña llega a la mesa de la Liebre de Marzo, el Sombrerero y el Lirón, puede comprender por qué todo el tiempo están tomando el té, además de que sabemos que la historia está ubicada en Inglaterra; lo curioso es que el tiempo se ha detenido a las seis de la tarde, por lo cual, ni siquiera hay tiempo de lavar la loza, por lo tanto, sólo se recorren de asiento para beber el té en una taza limpia, lo cual explica ese movimiento circular al rededor de la gran mesa. Y cuando le preguntan a ella que si quiere más té, ella contesta que no puede tomar más té puesto que antes no ha tomado nada, "-Quieres decir que no puedes tomar menos-puntualizó el Sombrerero-. Es mucho más fácil tomar más que nada." El discurso y las palabras toman un tinte más que semántico y gramatical, se vuelve filosófico entrando al terreno de la lógica.

Alicia no es tímida ni paciente, más bien lo contrario, una niña mimada, inteligente e inoportuna, que a pesar de salir avante en cada discusión con los personajes mencionados, demuestra el lado humano, justo e inocente de los de su edad al entrar en juego en cada una de sus aventuras, pero antes de que despierte de ese gran sueño, deja entrever un contexto marcado como en otras latitudes, la tiranía o monarquía representada por la Reyna, quien hace girar a todos en su centro absurdo e incómodo desde la perspectiva de la niña que no volverá a su estado de vigilia como la chiquilla inocente. 

Considero que cualquier lector podría ser uno de los personajes de esta gran novela, y cualquier país podría ser El país de las maravillas con sus propios monarcas, Guillermos y papas.

viernes, 6 de octubre de 2017

La vida


Y de pronto despertó del sueño,
bajo las nubes mar se encontró en las alturas,
miró la eternidad de la tarde con los árboles deshojados.
Los cuervos graznando le recordaron su unidad,
pensó en los dioses, en el tiempo y múltiples
espacios que había ocupado bajo el mismo Sol.

Creyó no ser el mismo,
las sombras de recuerdos lo asustaron,
sintió pesadez.

El vaho sobre los tejados y
la caída del Astro lo devolvieron a su humanidad.

Edith González

sábado, 9 de septiembre de 2017

Ideas sueltas sobre La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela.


Querido lector, mi objetivo no es contarte completamente ¿quién es Pascual Duarte? porque no podría, sino realizar algunos esbozos sobre este hombre quien antes de morir o más bien, antes de ser condenado a pena de muerte, por cometer matricidio, escribe cartas que hablan de su vida y desea que se publiquen.

Por dichos escritos, sabemos un poco a través de su recuerdo-memoria, lo que fue en su infancia, su adolescencia y en su vida adulta. La vida de este hombrecillo se ve marcada desde el momento en que nace en una familia pobre, marginada de la sociedad española, "en un pueblo perdido de la provincia de Badajoz; el pueblo estaba a unas dos leguas de Almendralejo, agachado sobe una carretera lisa y larga como los días -de una lisura y una largura como usted para su bien, no puede ni figurarse -de un condenado a muerte." (p.109)  

Desde el inicio de la novela, Pascual dice "Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo", en este sentido, su discurso suena a excusa y como un antecedente de lo que va a contar. No era malo, sino el medio social, su familia y los demás lo indujeron a ser el hombre que ahora es.

Duarte crece en una casita muy modesta, de una planta, en donde lo principal es una mesa con tres sillas de madera. Su padre es alcohólico, su madre de un carácter iracundo, necio y duro. Ambos no paran de pelear constantemente delante de su hijo, sin embargo, el niño no toma partido por ninguno. Darle educación a su hijo era preocupación del padre, pero no de ella, y quien se impone es la decisión de la madre. No se ve claro cuál es la ocupación del niño, pues es un pueblo en donde abundan los "marros", los cerdos; digamos, la ocupación son los animales. 

A la vida del niño llega, su hermana Rosario, quien da muestras de ser una pupila inteligente pero sin posibilidad de lograr nada, es así como pronto despega del hogar y se dedica a la vida pasajera. El núcleo familiar de Pascual se ve fragmentado a partir de que aquella abandona la casa. Más tarde su padre muere a consecuencia de una mordida de perro. La madre se embaraza de otro hombre y pronto tiene un hermano de nombre Mario, quien nace mal, pese a eso, unos cerdos le comen las orejas.

La vida del nuevo ser se ve atormentada por la presencia de su padre, quien le pega, se burla, lo humilla hasta la vejación, de esto, Pascual permanece como testigo. Los sentimientos de impotencia, enojo, venganza, ira y odio hacia su madre, terminan por imponerse en él tras la muerte de la criatura, quien se ahoga en un caso de aceite hirviendo. 

"Mi madre tampoco lloró la muerte de su hijo: secas debiera tener las entrañas una mujer con corazón tan duro que unas lágrimas no le quedaran siquiera para señalar la desgracia de la criatura [...] ¡La mujer que no llora es como la fuente que no mana, que para nada sirve, o como el ave del cielo que no canta, a quien, si Dios quisiera, le caerían las alas, porque a las alimañas falta alguna les hacen!" (p.134). 

Continua...

domingo, 3 de septiembre de 2017

Señor Miles

El ascensor se abrió de golpe, se escuchó el sonido y todos entraron en bola, como niños en excursión.

La caja metálica subió al noveno piso. Se abrió como regalo. Salieron encantados y, pensaron que estaban en un mundo feliz. Frente a ellos se extendía un bar, --como el Milk Korova--, apareció un yanqui con bigotes dalinescos, lucía una pequeña piocha y algo de soberbia, aquel hombrecillo los condujo a las delicias. 

Hipnotizados por las computadoras, los ahí reunidos no se dieron cuenta de las visitas. Números y números aparecían en sus pantallas. Judíos, árabes, españoles, franceses, norteamericanos, asiáticos y chinos,--que parecían modelar--, bebían  tarros de cerveza mientras tecleaban cifras. Con un click entregaban a miles de seguidores a la compañía X, a cambio recibían un jugoso cheque.

"Ahora vamos al sexto piso"-dijo el guía-, los demás lo siguieron y llegaron a un orfanato en donde bebés hacían doodles. "Sigamos", "vamos al séptimo", "aquí tienen". Ancianos aprendiendo a usar Word. "Lo que quieran saber, yo les enseño",-dijo una anciana-, y todos soltaron carcajadas. 

Continuaron, en el quinto nivel, vieron a docenas de pubertos resolviendo algoritmos en tablets. "Es un servicio gratuito que hace la casa", "es como un cyber, la gente paupérrima llega a ocupar los aparatos por un tiempo y sin más, se va". 

Cuando ya todos estaban cansados de subir y bajar, el hombrecillo dijo, "Este es el momento crucial de nuestra invitación", y todos los ahí presentes abrieron los ojos. "Sentémonos a dialogar. No hay negocio de por medio". No hay contrato. No nada. "Lo que quieran probar, ¡ahí está!", y abrió los brazos,  "snacks". "Ustedes están aquí por orden del señor Miles". Fueron la carnada para descubrir proyectos que podrían beneficiar a la Casa. "Cuando gusten pueden seguir contribuyendo con nosotros". Sin ninguna garantía de volverlos ricos, todo lo contrario. "¡Vámos!",--dijo persuadiéndolos. "Tomemos fotos". "Impulsemos a la juventud". Un beso, te lo regalo, es tuyo. "¿Cómo cerramos?". Un apretón de manos.

Al final llegó el licenciado para dar fe de los hechos, el juego no era ganar-ganar, y con su dedo medio, señaló un párrafo con letras chiquitas, guiñó el ojo e hizo una invitación a seguirlo. Mientras tanto la oficina de redacción preparaba el gran titular, "Señor Miles haciendo labor altruista". "¡Posen para la foto!". Plash.

Edith González



viernes, 1 de septiembre de 2017

Gitana


Vestía una falda de seda roja arriba de las rodillas, blusa negra de la misma tela, hasta la cintura; chemis blancos que alguien había pintado con vinci roja y, un paliacate rojo en la cabeza.

Esmeradamente Ella, alguien más, había pegado monedas de cinco centavos en las orillas del paliacate para que fungieran como monedas de oro colgando por la frente. En la escuela tocaba baile con el grupo de cuarto, junto con todas las niñas era más divertido. Todas se hacían una, una bola de chicas que se imaginaban como gitanas bellas y misteriosas, traídas de lugares muy lejanos, como las que se aparecían en las ferias de los pueblos y, encerradas dentro de una caja de madera, dejaban que una serpiente les acariciara todo el cuerpo. ¡Qué escalofrío!

Con el pandero en mano, agitaban los ritmos mientras flotaba en el aire su falda, como una suerte de mar reluciente desde donde se auguraban los galeones europeos. El aire estaba impregnado de olor a pino; piñas parecidas a las bellotas tiradas por aquí y por allá, parecían cáscara de nuez.

El aroma a naranja se impregnaba en los olfatos de las chiquillas, mientras sus dedos aventaban la cáscara en el pasto. A través de ese mundo de gajos, se adivinaba el placer que producía en sus paladares aquel fruto del viejo continente.

Llegando a casa, la esperaba la dicha de ver a sus abuelos, quienes la mimaban con "muñequita de sololoi", "pirinola" y, ella se dejaba abrazar como si fuera su último refugio. "Vamos a desgranar mazorcas", decía la abuela, dejando pasar el aire entre sus dientes, y la niña sentada en el centro del solar no pensaba en el tiempo, era el mismo humo del tiempo.


Edith González


lunes, 21 de agosto de 2017

La escalera

Todo empezó desde el día en que mi tía se cambió de casa. Dejó la ciudad, el smog, los súpers, el ruido de los camiones sonando cada mañana en punto de las cinco para hacer paradas en las esquinas, y permitir la subida a no sé cuánto chamaco puberto y cagado.

Mi tía Chongo abandonó todo ese mundo de asfalto, de carro último modelo -obvio de los vecinos-, de centros comerciales, y de banquetas antisépticas. También dejó de ver las caras agrias y largas de los vecinos de su edificio. Se olvidó de la chismosa del lugar, del adicto a mariguana, del papá soltero, de la estafadora del lugar ¡qué psicóloga!... 

En su nueva casa, ubicada a unos kilómetros del anterior departamento, tenía una escalera en espiral que atravesaba tres plantas. Ella no sabía cómo iba a estar de grande su nuevo hogar. Este implicaría un esfuerzo más por pensar, por recordar, por trabajar, por correr: tenía forzosamente que dividirse en varias personas para lograr sus objetivos a la vez en cada planta, y en cada una de estas ser ella misma pero con diferentes funciones.

Eso fue al inicio. Después de algunas décadas, un día trabajaba como de costumbre sobre papeles y papeles en la mesa del comedor mientras escuchaba a Queen, la de "Under Pressure", "Under Pressure", "Under pressure" tronando los dedos de las manos, ¡recordó que tres horas antes había dejado la lavadora trabajando! Se levantó, corrió lo más que pudo hacia las escaleras y subió y subió escalones que se le hacían infinitos para llegar a la puerta de salida al lavado: por fin, tocó el botón rojo y la máquina siguió lavando, cerró las llaves del agua, y se pudo sentir menos culpable.

Nuevamente, bajó escalones uno a uno, pensando en lo que había dejado pendiente y que el renglón no se le fuera a mover del dedo. Siguió escuchando "I want to break free" y se le vinieron recuerdos en cascada de su hermana Gertrus, pensó en su locura, las fiestas, la adolescencia y en los muchos novios que dejó plantados aquella. Pensó, "¿Cómo una canción puede ser capaz de atravesar generaciones completas?", "¿y uno sigue siendo el mismo?", "¿el mismo idiota?". "Y se repiten las mismas burradas". Tocó su rostro y ya no era de durazno. Sintió ganas de llorar, siempre había querido ir a una fiesta con su hermana y, el carácter de ambas no lo permitió nunca.

A eso de las diez de la noche, no podía dormir por los cotidianos "coyotitos" que tomaba por las tardes. Entonces, con un poco de esfuerzo recordó que este techo siempre sonaba a lavadora trabajando, como cuando en su antiguo "depa". Entonces ¡se levantó como pudo, se puso sus enaguas, el calzón largo y de encaje, tomó sus pantuflas, buscó el bastón y mejor subió a gatas las escaleras infinitas para poner stop al botón rojo de la lavadora.

Así fue siempre con mi tía Chongos hasta que pasó a mejor vida. Cómo una escalera te puede subir tan alto, pero también te envía abajo...

Edith González

martes, 11 de julio de 2017

Cinco esquinas

Cinco esquinas, de Mario Vargas Llosa


Esta novela peruana de tinte policiaco, tiene como hilo conductor, la relación de dos matrimonios, la primera de un empresario, y la segunda, de un abogado de prestigio: Enrique Cárdenas -Marisa, y Luciano e Isabel, quienes poco a poco se van quitando las caretas que aparentan ante una sociedad moralista y decente dentro de la alta sociedad, al tiempo que la vida de Enrique Cárdenas, se ve inmiscuida con la prensa sensacionalista de Perú, como un reflejo de la manipulación periodística del gobierno de Fujimori, se dejan entrever ambientes sórdidos y de horror en el periodismo y la política. 

Es decir, el representante de "Destapes", la revista de tinte popular y "barato", parecido a Tvynovelas en México, o semejante a periódicos del orden sensacionalista archiconocidos, chantajea a Cárdenas y lo amenaza con publicar unas fotos "incómodas", si no acepta pagar una suma importante de dinero. Este escenario de la novela lo podemos entender como el contubernio entre prensa y gobierno de Fujimori como una metáfora que alude a otras latitudes de América Latina.

Rolando Garro, director de Destapes, intenta traicionar al Doctor, representante del Servicio de Inteligencia del gobierno de Fujimori, quien paga y decide de manera muy clandestina y "por debajo del agua" colocar las titulares de dicho suplemento; cuando aquel quiere rebelarse, lo manda a matar de la manera más vil como lo haría sólo un sicario colombiano, según el contexto.

De dicho crimen, inculpan al propio empresario afectado con la revista. Al final, parece que la vida de Enrique pende de un hilo, de la decisión truculenta y amoral de su gran amigo: Luciano. No se sabe con certeza si éste entrará al juego sucio de Enrique, Marisa y Chabela, si da o no, su brazo a "torcer".

(Los invito a leer la novela).




lunes, 8 de mayo de 2017

¿Qué es una catana?


Fuente textual: La tristeza del Samurái, de Victor del Árbol

"En realidad una catana no era una espada, sino un sable (...) La verdadera [catana] perteneció a Toshi Yamato, un guerrero samurái del siglo XVII. Fue uno de los héroes más sangrientos de su tiempo, venerado por su vigor y su crueldad en la batalla. Sin embargo, Yamato era en realidad un hombre que odiaba la guerra, le repulsaba hasta la náusea empuñar su catana y enfrentarse a los enemigos. Le horrorizaba morir. Logró vivir buena parte de su existencia constriñendo su verdadera naturaleza, pero al final, incapaz de seguir con esa farsa, derrotado por sí mismo en su lucha por convertirse en quien no podía ser, decidió suicidarse ritualmente. Ese ritual, el seppuku, es muy doloroso; consiste en practicarse varios cortes en el vientre y el suicida puede agonizar durante horas con los intestinos fuera. Por suerte para Yamato, uno de sus fieles lo encontró agonizando, se apiadó de él y lo decapitó con su propia catana. De ahí el nombre de La tristeza del Samurái. Esta arma encarna los mejores valores del guerrero: valentía, lealtad, fiereza, elegancia, precisión y poder, pero al mismo tiempo también lo peor: muerte, dolor, sufrimiento, locura asesina. Yamato pasó toda su vida luchando para nunca vencer entre esas versiones irreconciliables de sí mismo." (p.272).


" En el antiguo Japón se consideraba un acto de piedad que un amigo pusiera fin a la agonía cortando la cabeza del suicida. Ese último gesto de consideración era exclusivo para aquellos cuya vida merecía evitar sufrimiento (...) La práctica japonesa de abrirse el vientre se reserva a los altos nobles, a aquellos que consideraban que su vida solo podía terminar por la propia mano, de un modo cruel y doloroso, pero voluntario. Era su manera de demostrar honor y valentía. Era la tristeza suprema del samurái. El hombre que dignifica su vida con una buena muerte." (p. 386).

sábado, 6 de mayo de 2017

Celia


Como cada mañana, la mujer de sesenta años, se levantaba a las cinco. Con su peine negro, alisaba su cabello de plata, untaba vaselina para hacerlo más brilloso. Tomó un cordón rosa y con su mano agrietada, entretejió una madeja de cabello con una tira de cordón repetidas veces hasta formar dos trenzas gruesas que terminaban delgadas. Al final, las dobló y anudó en moño. 

Tomó su blusa de flores, su falda negra. Puso su escapulario con parsimonia en el cuello moreno. Afligida y entregada, sobre sus rodillas, hizo una oración al padre. Levantó con esfuerzo su cuerpo deteniéndose en los tubos dorados de la cama para erguirse. Buscó en la oscuridad su mandil cuadrado con aroma a humo, y lo deslizó por su cabeza.  

Pensó en el nixcómitl que llevaría al molino. Fue a la cocina y encontró la cubeta que contenía su maíz. Con el reboso de rayas, pudo abrazar su contenedor para aminorar la carga. De regreso a su casa, saludaba a todas las personas que se encontraba en el camino. Evitaba charcos y buscaba veredas seguras para no resbalar con las lluvias de agosto.

Ella pensaba que era la cruz que le había tocado. Al entrar a su cocina de humo, podía respirar el tiempo, pensar más detenidamente, no en los segundos, sino en la abuela paterna, cuando a sus nietos les hacía tortillas con sal en forma de bola, o en los tacos de plátano. "¡Qué rico sabía!", pensó mientras pasaba saliva. Ahora, ella entregaba esos molotitos a sus nietos.

Con doce hijos a su cargo, su carácter era enérgico y fuerte. Sólo la letra había entrado en cuatro de ellos hasta la preparatoria, en los demás, hasta la secundaria. Al ver la olla de barro en el clecuil, recordó aquel día en que a uno de sus hijos le encargó los frijoles. Le ganó el sueño, y cuando despertó, los puercos terminaban de lamer el piso. La olla hecha añicos, sólo despedía el aroma de su contenido. Su hijo nunca olvidaría la tunda que recibió con el cinturón, no sólo en el cuerpo, sino en su cabeza.

"Jesús bendito", dijo para sus adentros. Sus ojos se anegaron de lágrimas, secó el recuerdo con el delantal y volteó la tortilla quemada.




Molotito: en Jalisco es una tortilla con sal en forma de bola.
Clecuil: piedras acomodas en forma de círculo que sirven para encender leña y sostener un comal u olla.


Edith González






domingo, 16 de abril de 2017

La bruja


Sus ojos velados percibían otro mundo.
No sabía si me estaban viendo o sólo escuchando.
"Nací el día del santo José, vengo de allá y
habito en las soledades laberínticas del viento, 
mientras que el mundo construye ciudades
y quema a sus Judas".

Cuando entró al convite, llegó disfrazado de niño.
Dejó su maleta a un lado de la silla de palma, y cansado,
exhausto, dejó oír un dejo de aire contenido en su garganta.
Se sentó entre la multitud con su hermana Flor, ya lo esperaba, juntos,
sorbieron con ambas manos un caldo de raíces 
que no eran de este mundo, sino del de ellos.

El espectáculo iniciaba. 
Una dama solitaria apesadumbrada en sus pensamientos lloraba.
Una pareja con su legión de hijos platicaba
 si era importante la barba o mejor el bigote.
Otros esposos llegaron con sus dos hijos vestidos de corderos. 
Ella tenía ojos de estrella y cara de cisne. 
Dejaba ver sus piernas largas y su sexo, estaba recargada en la silla
buscando miradas lascivas y arriesgadas para devorarlos con su boca de rubí.

En tanto eso acontecía ahí. 
Los hermanos se miraban a los ojos,
muy velados los de él.
 El cansancio, el viento, la tierra y el ambiente quizá los habían descompuesto.
Su mirada nítida, como lo debe ser la de un niño,
estaba cargada con imágenes de un adulto, 
su voz que era de él, pertenecía a otros.
Él no veía a la Cara de Cisne, sólo contemplaba mi rostro,
mis palabras de aire y mis ojos de plato.

Edith González

viernes, 7 de abril de 2017

Bajo el Sol



Bajo el Sol se cuentan los días,
el manto de polvo envuelve las ilusiones, los sueños.
Las pesadillas se dispersan y se convierten en nubes, en rocío.
El reloj de arena desliza los sentimientos en substancia aceitosa.
Una a una caen las palabras.

Edith González




Venus II



Con el corazón en mano, abrigas el frío de tus pupilos, del señor de tu templo. En tus entrañas escondes la fatalidad de las cosas, la incertidumbre, la fuente.  Eres ríos en cascada que convergen en el mar infinito, te fundes para no caer.

Mar fecundo, en donde los cuervos se hacen palomas. Grito de los primeros tiempos del hombre. Adán y Eva asustados por la serpiente. Manantial de reposo, abrigas el miedo, el hambre, el caos, te fundes para no caer.

En tus sueños de espanto me recuerdas, me abrazas. Te fundes para no caer. 


Edith González 

lunes, 13 de febrero de 2017

"Hacia una sociedad de la incomunicación", Eduardo Galeano


"(...) Nunca la tecnología de las comunicaciones ha sido tan perfeccionada; y, sin embargo nuestro mundo se parece cada día más a un reino de mudos. La propiedad de los medios de comunicación de masas se concentra cada vez en menos manos; los medios de comunicación de masas dominantes están controlados por un número pequeño de poderosos que tienen el poder de dirigirse a la inmensa mayoría de los ciudadanos del planeta. Nunca una minoría ha mantenido a tantos hombres en la incomunicación. El número de quienes tienen derecho a escuchar y de mirar no cesa de crecer mientras se reduce vertiginosamente el número de quienes tienen el privilegio de informar, de expresar, de crear. La dictadura de la palabra única y de la imagen única, tan devastadora como del partido único, impone por todas partes un mismo modo de vida y concede el título de ciudadano ejemplar, a aquel que es consumidor dócil, espectador pasivo, fabricado en serie, a escala planetaria, según el modelo propuesto por la televisión comercial americana.

"(...) En este mundo sin alma, en que los medios de comunicación de masas nos presentan como el único mundo posible, los pueblos han sido reemplazados por lo mercados; los ciudadanos, por los consumidores; las naciones, por las empresas; las relaciones humanas, por las competencias comerciales. 

"(...) Coches invencibles, jabones prodigiosos, perfumes excitantes, analgésicos mágicos: a través de la pequeña pantalla, el mercado hipnotiza al ciudadano consumidor. Pero a veces entre anuncio y anuncio, la televisión exhibe algunas imágenes de hambre y de la guerra. Estos horrores, estas fatalidades, llegan de otro mundo, del infierno, y no hacen más que subrayar el carácter paradisíaco de la Sociedad de consumo.

"(...) Los amos de la información, en la era de la informática, denominan comunicación al monólogo del poder (...)".

Eduardo Galeano es escritor y ensayista uruguayo.
El texto es un fragmento de un artículo originalmente publicado en francés en Le Monde Diplomatique y traducido por Carlos Lomas y Amparo Tusón. 

domingo, 12 de febrero de 2017

Mi experiencia al estar leyendo Rayuela.

La novela Rayuela de Julio Cortázar, para los que aún no saben qué es "rayuela", es un término de Argentina que alude al juego del avión con moneda o piedra. ¿Quién no jugó al avioncito cuando niño? Creo que muchos, al menos a mí me tocó la fortuna de brincar sobre una sola pierna para mantener el equilibrio y saltar cada uno de los cajones o recuadros de avión para llegar hasta "el cielo" como diría Cortázar.

Dicho juego era divertido, sigue siéndolo porque es un juego de azar. No se sabe si vas a perder, o a ganar antes que el que tiró primero que tú, o va a ganar el que tiró después de ti. Es una representación en tierra hecha con gis o una línea que forma una suerte de robot-avión, o más bien un avión hecho con puros cuadros. En este juego, te pierdes en el tiempo y creo que la puedes pasar jugando horas y en realidad sientes que fueron minutos.

El juego consiste en tirar una moneda o una piedra desde fuera del avión en el primer, segundo y tercer cuadro saltando con un solo pie; al llegar al cuarto y quinto, pisa con ambos pies; al llegar al sexto, pisar con un solo pie; séptimo y octavo con ambos pies; noveno con un pie, y décimo con uno. Si llegas al "cielo", al diez, vuelves a regresar tirando moneda o piedra, sin que ésta caiga sobre la línea, sin que tu pie (s) pisen la raya, o bajes los pies, o te salgas del cuadro sin la piedra, etc.

Bueno, ahora te preguntarás qué tiene que ver el juego, con Rayuela de Julio Cortázar, verás, hace algunos años compré la novela y la coloqué en el librero, me dije: "algún día me llegará el tiempo de acercarme a ella y ésta me tomara de la mano sin soltarme", pues llegó ese momento. Debo decirte que al inicio vi un tablero en la propia novela, y una instrucción de cómo leer la magnífica. 

"A su manera este libro es muchos libros, pero sobre todo es dos libros. El lector queda invitado a elegir una de las dos posibilidades siguientes.

"El primer libro se deja leer en la forma corriente, y termina en el capítulo 56, al pie del cual hay tres vistosas estrellitas que equivalen a la palabra Fin. Por consiguiente, el lector prescindirá sin remordimiento de lo que sigue.

"El segundo libro se deja leer empezando por el capítulo 73 y siguiendo luego en el orden que se indica al pie de cada capítulo. En caso de confusión u olvido, bastará consultar la lista siguiente" (Rayuela, Julio Cortázar).

Cuando vi esta advertencia, empecé de manera inconsciente, a dejarme llevar por el juego de las hojas, y del tablero, opté por la primera opción. Terminaba de leer un número y pasaba hasta casi el final, y me emocionaba porque dije ya voy a acabar, pero después, al terminar de leer esa página, me tenía que regresar, entonces me dí cuenta que estar leyendo así, es un vaivén con la obra, idas y venidas, paso adelante paso atrás, paso adelante y paso atrás.

He hecho varias pausas, y después me pregunto, ¿en qué número me quedé? porque en realidad son números, no páginas las que tienes que seguir, me doy cuenta de que es similar a la manera de leer los hipertextos en Internet, una red de textos que puedes abrir en el orden que tú decidas, y cada libro se entiende por sí mismo, es como las Mil y una noches, como los Cuatro evangelios de la Biblia, al estilo en que debes entender "Las ruinas circulares" de Borges, en fin. Será muy divertido que también tu entres al juego, te invito a jugar al avioncito.

CONTINUARÁ...


Edith González

sábado, 28 de enero de 2017

Venus



Mujer ¿por qué te desgastas? en los sueños de los otros, inquieta, servicial, risueña, tejes tus días haciendo chambritas para los niños que no cuidaste. Con tu bata arrullas el sueño de una cuna vacía. Te paseas con un bulto en tu pecho, cantando una melodía para calmar su llanto. Expones tu pecho para nutrir a tu hijo. Te das, te entregas, te olvidas. 

Mujer, haces figuras en el aire: bailarina, doncella, princesa, bruja, niña, hieródula, santa. No, en tu puño agrietado se dibujan los años de la primavera, del verano, otoño e invierno. Se desliza una gota en tu frente morena. En tus trenzas negras llevas tus días. 

Imagina tu libertad en las fábricas, en las oficinas, sensación del metal, de papel. Siente el latido fino de un corazón a punto de estallar. Huele los aromas a jazmín, madera, rosas, como un ramo de mujeres tecleando máquinas plu plu plu plu plu. Un reloj redondo con las manecillas atormentando las uñas saltando de un renglón a otro.

En la hora exacta, tacones por aquí, tacones por allá. Te reinventas, otro jefe, más productividad, números, dinero, éxito. 

Continuará...
 
Edith González