lunes, 23 de noviembre de 2015

Poemas (2010-2011)

LIBERACIÓN

Deja vaciar mi cuerpo en llanto y
recordar la soledad, el odio, el temor, el coraje,
el dolor, la impotencia, los sueños no realizados,
la debilidad, la esperanza y la vanidad.

Deja escuchar las campanas de la no resurrección,
los cantos disfrazados de un mundo acabado en
la desesperación de reinventarse en cada
esperanza muerta.

Permite no sentir con soberbia y enojo
los dolores anestesiados.
Deja rebelarme en la nada,
deja agonizar cuando ya muerta en muerte está la razón,
el caos y la palabra.


Un día más

Quiero lavar mi olvido en la almohada,
perderme en el calor de las sábanas,
en la oscuridad de la noche sin estrellas,
en los gritos descuidados de los que danzan
y cantan su perdición con las melodías
reinventadas.

Perderme en el efímero recuerdo del dolor ajeno,
 imágenes desordenadas se acumulan.
Esas calles pestilentes de orines y casas de adobe,
en los rostros grises y marchitos de la gente con una vela en
la mano solicitando posada.

En la mente queda la esperanza de los niños,
cuetes de azufre, velas apagadas,
 inertes, deseosos de éxtasis
y de amor, de placer, de su placer, de mi placer,
del placer de otros.

Recuerdo su mirada pétrea, su beso infantil y su jadeo de alivio.
Inventaron las palabras, simulaciones
caladas por el frío decembrino.
Promesas y planes juraron ante la noche, ante el smog de los carros
apresurados,
susurraron palabras ante el viento perdido,
tomados de la mano avanzaron hasta perderse en esa dirección.

Lavando el recuerdo con sollozos en la almohada,
el sueño vuelve a ensayar la muerte sin la esperanza de prolongarse.

Eres

Como el resplandor de la luna,
vientre inmaculado tu ser habita,
luces confusas en circular movimiento tus pupilas giran,
húmedos labios sonrosados la estrella iluminan,
y ardientes destilando armonía con delicada pedrería.

Grueso oro ondulado nace junto a la aureola
en tierna cabeza de un cuello blanco,
y de ahí, deslizados lunares adornando están
tu pétreo seno virgen de hombre argentado.

Firmes pómulos en vasta frente lisa,
las negras cejas sombra cobijan mieles rubíes de tu figura mía.

Como cisne pestañas tiernas tu mirada desdeñosa
 fijas en el diminuto punto de un día en agonía.

Latidos ígneos de tu seno melodías
invitan a reposar con alegría las solitarias noches
que no tienen  fin todavía.
Recordando terciopelo en redondas yemas
 de tus sangrantes dedos al producir silencios ofuscados de melancolía.

¡Sagrado templo de incienso permeado!,
tus paredes prohibidas quiero violar
para ser virgen inmaculada de tu semilla divina.
Contigo rebelarme quiero pecando un día
al cortar un fruto de tu regazo blanco en mares fecundos
no conquistados que dan vida.

Ríos púrpura corren en tus venas varoniles,
cobijando los respiros agitados
de palabras cortadas en invierno
cerca del calvario provinciano junto a San Juan Bautista.

Ruidosos ósculos brillan como estrellas de tu boca roja,
aspirando alientos solitarios de quien se entrega en la orilla de tu tibia mejilla
buscando vida en los rinconcitos tranquilos de tu eterna figura.



martes, 29 de septiembre de 2015

Cuento y crónica

Un fin de semana

Bajo los efectos del antibiótico logró despertar, vistió su suéter y unas pantuflas para ir al retrete por séptima vez desde la madrugada. De regreso al cuarto, vio el cuerpo tendido de su abuela. Su cabeza toda de nieve, sus mejillas descarnadas, su boca apretada y sus labios torcidos. El cuerpo pálido, delgado y a pesar de todo, muy lleno, macizo, despierto, ávido de seguir comiendo y envuelto en sábanas con aroma fétido, estaba despabilado.

-Estoy despierta desde las siete. ¿Cómo dormiste?
-Bien abuelita, ¿y usted? ¿Cómo durmió?
-Bien.
- . . .Voy a calentar el desayuno.

Con los ojos desvelados parpadeó frente al espejo redondo de la cocina. Reconoció que había envejecido, su piel marchita y transparente le aterró. “Parezco toda una droga” pensó y procuró olvidar las pesadillas del momento mientras preparaba pan francés.

Estaba tranquila y decidida a servir a su abuela un fin de semana. Era lunes, y en la tarde su madre iría por ella. Sus labores regresarían a la normalidad, sin sorpresas, sin nadie que la hiciera enojar, libre de todos, todo el tiempo para ella, y sin embargo, todo su pensamiento en otra cosa.

Cuando la abuela entró a la cocina sintió que una niña cargada de recuerdos. Entraba para sentarse a la mesa.  

-Estoy haciendo pan francés abuelita, ¿le gusta?
-Sí, hace tiempo que no comía.
-Creo que me quedaron muy aguados, los remojé mucho.
-Sí, están casi deshechos.
- ¿Qué me vas a servir de tomar?
-Jugo de naranja abue.
-Si, está bien…pero, también hazme un licuado de papaya para que me haga mejor digestión.
-Sí.

Y  la joven estaba contenta de poder servir hasta el último día a su abuela, a quien nunca había tenido en su casa. Nunca vivió con su madre biológica, sino con su madrastra. Pero después de la separación de ésta con su padre, aquella podía reconciliar los lazos familiares con su madre… y con la abuela, por qué no, la sangre llama a la sangre, eso dicen. Y la muchachilla era tierna, parecía otra niña.

Todo estaba en silencio, a ella le gustaba el silencio, estaba acostumbrada a la soledad. En este momento sólo pensaba en el aquí, y no en la posterior llegada de su novio.

La abuela estaba regresando a la niñez, a la inocencia, a las actitudes de berrinches, quejas, llanto, recuerdos, lamentos, reproches, al tiempo cuando todos los recuerdos se juntan y empiezan a venirse de una vez.

Los pensamientos de la abuela giraban en su cabeza blanca, en sus ojos cerrados para siempre. En su espalda y sus piernas blancas, sus manos tiesas y temblorinas por la diabetes. Su cuerpo esbelto y delicado parecía encogido. Sedentario para siempre luciendo un suéter de estambre,- quizá un regalo de navidad-, un forro de vestido y un mayón oscuro era lo único que cubría el cuerpo. Unos zapatos de pantuflas cerradas calentaban sus pies fríos y deformes.

Sus demás sentidos compensaban todo lo que no veía y escuchaba del lado derecho. Acostumbrada a una vida solitaria, sin pareja, sin una vida privada, sin una ida al cine porque desde los catorce años se había ido a la ciudad de México a trabajar en una casa de empleada doméstica. Sin tiempo para ella y menos para su hija. El dinero que mandaba para su hija y para su yerno nunca fue suficiente. Siempre pedían más y más y más. Tratando de llenar con dinero el tiempo perdido que nunca le dio a su única hija: enfermó. Sólo hasta el final regresó a su pueblo.

Ahora la nieta, trataba de recuperar el tiempo perdido, pues nunca la conoció, tampoco a su madre. De la mejor manera procuraba atender a su abuela.

-¿Hoy no va a venir tu novio?
- Si, más tarde.
-Creo que sólo viene a visitarte cuando quiere. Ni te avisa cuando va a venir.
- Ya habíamos quedado en que iba a venir hoy en la mañana pero no sé exactamente.
-Ah.

Y la vieja siguió sorbiendo su licuado de papaya, y masticando la verdura casi deshecha del día domingo. Comía con un gesto adusto y agrio. Parecía olfatear la comida con la lengua y describirla con las encías. Aunque le pusieran el mejor platillo sus gestos eran los mismos. Y en este momento que había quien la atendiera podía pedir, solicitar, protestar, pero nunca agradecer.

En los días que estuvo con la joven tomó confianza, y eso le dio valor para hablar del padre de la nieta, y en cierto modo, explayar lo que quizá cientos de veces había dicho a otros. Pero esta vez la escucharía la nieta, esta vez no se guardaría sus pensamientos, sus rencores, su odio, sus recuerdos, que ya no eran recuerdos, sino su presente.

Entonces habló.

-       Se puede decir que prácticamente ya tienes tu casa amueblada ¿no? Hace rato que caminaba por doquier sentí que había muebles.
-       Mm…sí, casi.
-       Sólo te falta la casa.
-       Sí.
-       ¿No has visto a Leticia?
-       No.
-       ¿A tus hermanos?
-       No.
-       A que tu padre…qué les dejó a ti y a tu hermana. ¿Qué hizo por ustedes?
-       Pues, nos dio una carrera…
-       Bueno, a ti, porque tu hermana no lo supo aprovechar.
-       Sí.
-       Pero no les dio nada.

La vieja hacía un recorrido de su vida en unos segundos y le parecía tan fresco su recuerdo. Recordó todo el dinero que el yerno gastó en francachelas, en amigos, en nada, y lo peor de todo, que su hija no se había quedado con la casa que ella había cooperado a construir. La nieta entendió la conversación y de pronto reaccionó bruscamente, y fastidiada ya de tenerla ahí.

-Sí abue, pero… a mí no me gusta hablar mal de las personas.

La vieja lo entendió y quedó callada.

Se respiraba un ambiente tenso, de silencio y complicidad. La jovencilla sintió indiferencia, hastío, vacío. La nieta no quería recordar, sólo ver hacia delante. Olvidar era lo mejor. Sin embargo le quedaba cierto resentimiento de la conversación y deseaba que atardeciera ya para que su madre se llevara a la vieja. Deshacerse de ella, era lo más fácil. Se cuestionaba porqué la había traído a casa. No sintió piedad de ella. La dulzura de la anciana había desaparecido para ella. Ahora se había convertido en el estorbo, en lo que sólo trae tristezas y recuerdos. Deseó no tenerla más.  

Se sintió aturdida por sus propios pensamientos. Qué pesada se había puesto la abuela. No podía perdonar todo el dinero que su yerno le estafó mientras ella se quebraba la espalda en la ciudad. No se daba cuenta del verdadero patán que era aquel hombre. No sabía que su yerno era un alcohólico. Sin trabajo, y nada que ofrecerle a su hija. Era un provinciano analfabeta que se había enamorado de una mujer blanca, tosca, grosera, vulgar, sin educación, sin modales…pero con mucho porte.  

La madre de la muchachilla ahora quería reponer todo el amor que nunca la dio, pero…con dinero. Creía que con darle un terreno a su hija todo se le perdonaría. En tanto que la chiquilla lo único que quería era amor, compañía, un momento con su madre para ir a tomar un helado, un café, o cosas de mujeres, platicar con ella y sentir de verdad que a su madre le interesaba la vida de su hija.

Aquella tarde en que la nieta sólo esperaba la llegada de la madre para que se llevara a la vieja, se había hecho larga. Ella trataba de evadir la compañía de su abuela yendo a lavar ropa, hacer por aquí y por allá pero no toparse con el rostro de la mujer que en la mañana se había perdido en el laberinto de recuerdos contando a su nieta las construcciones de las casas en donde había trabajado como sirvienta.

Cómo le chocaba a la nieta que su abuela tuviera una mentalidad de sirvienta y que la anciana hilvanara horas y horas describiendo las habitaciones de una casa, la servidumbre, el número de retretes, etc. Ella estaba a punto de decirle ¡basta!, hablas como si así cumplieras el deseo de poseer las cosas que nunca tuviste.
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La nieta se impacientaba cada vez más y a la vez se resignaba a terminar de escucharla. Todo esto se acumuló en su paciencia hasta que explotó en la comida, cuando la abuela se puso a recordar todo lo que le debía su yerno.

Por fin llegó la madre, se llevó a la abuela y ella volvió a hacer su vida.  



CRÓNICA
Son las nueve de la noche, hay una fila de carros y camionetas sobre una calle céntrica de la ciudad X. Se ven siluetas de chicos y chicas nocturnas con una indumentaria clásica de los escucha de lo electrónico con todas sus mezclas, uno que otro emo. La privada está oscura, sólo se ve un portón de madera oscuro. El aroma a molly se esparce por todo el ambiente. A medida que se acercan las personas los recibe un joven vestido de negro, su corte es excéntrico y anda pegándole a los veinticinco años; le dan los boletos para entrar a la House party, los revisa y se mete, vuelve a salir y pregunta “¿por quién vienen?”, aquellos responden “por Y grupo”, “aaah, pasen”, entran los chavos y hay que subir ocho escalones, llegan al patio, entran a los cuartos que están adornados con globos y el nombre del evento. En general hay gente oscilando entre los diez y ocho años y cerca de los cuarenta. Cada quien está en su círculo de amigos, unos sentados en el piso y otros de pie. El grupo de Djs que abre la fiesta está en el cuarto principal, al ritmo de sonidos electros y del pumpumpum, se va llenando el cuarto hasta reventar, afuera de éste: sin bailar.
Nadie llega de gala sólo chicas de pantalones o faldas cortas oscuras, tintes lila, cabellos largos y negros, degrafilados, gorras de estambre; chicos de playeras negras, uno que otro con rastas en forma de chongo y sus mochilas sobre la espalda, playeras sin mangas, hombres con falda y chongo, mujeres de pantalón y cabellos cortos. Uno que otro de saco casual negro y rapados de un lado y cabello largo del otro.
El ambiente se torna más light cuando todos van consumiendo poco a poco chelas al avance de la noche, también yerba que se huele en todo el ambiente, pero nadie la muestra, nadie dice nada excepto un distraído en la fila para entrar al baño unisex, “¡saquen las tracas!”, los ahí presentes se le quedan viendo con curiosidad y ganas de reír pero lo dejan con su duda “¿aquí no venden drogas?”, mutatis mutandi.
La fiesta sigue en el cuarto tercero, un espacio super pequeño pero la gente mueve sus cuerpos como zombis, como si los hubieran sacado del panteón para bailar. Ahí no hay distinción de clase ni de territorio, toluqueños, metepequenses, defeños y quién sabe qué otro gentilicio más. Moviendo sus cuerpos como si fueran muertos vivientes, “en la pista los sentidos salen a flote, se reflexiona más”, luces azules, rosas, rojas, naranjas, como que todas van en cámara lenta. Sobre la pared iluminada hay imágenes que se proyectan, “Vergüenza Nacional” y ese hijo de la chingada en su silla como catrín, es obvio, inconfundible, quién más, el innombrable. Después imágenes de cámaras que ven por todos lados. El clima se hace tibio por los ahí reunidos. Pura música electro con todas sus mezclas; puros jóvenes con futuros prometedores; chavos que trabajan en instituciones; gente que ha viajado a Europa; gente decente y bien. Cada quien en su tema, cada quien en su fiesta, lo que los une es la música y nada más. Difícil hacer amigos en círculos herméticos excepto si eres también músico, el sexy o la chica sexy del lugar.
En la fila del baño hay algunos Djs esperando, tienen buen genio y humor,  “se vino una lluvia de mujeres mejor me voy a la calle, más rápido”. No por ser mujeres tienen un lugar preferente en la fila, también tienen que formarse. Ante todo la democracia e igualdad de género en donde menos te lo esperas.


miércoles, 26 de agosto de 2015

Dos poemas y un cuento


Ríos
Sorbe en un vaso los aromas y melodías
que convergen de tus costados,
sorbe las inútiles frases de armonía
que acarician tu corazón en melancolía.

Ríete de los pensamientos añejos
que saltan  de prisa mientras deleitas las neuronas
con la palabra impresa.

Sorbe la vida perdida en el paladar profundo
en donde se confrontan las sombras 
reunidas en tu memoria del día.

Sorbe hasta el fondo mientras tragas
 las últimas palabras antiguas,
 en donde se juntan los ríos de tu ser en agonía.

LA ASCENSIÓN

En el principio de los tiempos fue el espíritu,
éste se hizo verbo, carne
y habitó entre las tinieblas;
éstas no lo entendieron, lo acosaron,
lo burlaron, lo escupieron,
lo vendieron por treinta monedas de plata,
lo hicieron su rey con una corona de espinas
lo subieron a su trono con tres clavos de acero
enterrados, uno en cada mano, y el último
en los empeines cruzados.

De sus ojos blancos lágrimas rodaron,
jadeante respiro silbaba en su pecho
implorando un beso de Judas;
deseó beber el vino de las bodas de Canaán
convertido en vinagre, quiso encarnar su alma
en María Magdalena,
verse en otro a quien el destino no alcanzara,
pensó rebelarse contra del Padre y traicionar su alianza
con el hombre.

Arrepentido de ser el salvador
lloró, imploró a su Padre, dudó de su fe,
se vio burlado, se sintió extranjero,
pensó en el carpintero, en el agorero,
en el exorcista, en el profeta, pensó
en su deseo, en su soledad, en su temor
y olvidó todo, a su madre, a sus discípulos,
a su hermana, sus milagros, se olvidó de sí,
quiso escapar de su cárcel pero el dolor lo contuvo,
deseo defecar, orinar, contuvo esputos, pensó en la nada,
quiso adelantar el paso y subir a la derecha del Padre.


Primavera (a Sor Juana)

Tengo una rosa en primavera vestida de blanco,
sus pétalos de durazno retienen la gota del rocío,
entre sus faldas esconde la miel de las abejas y
del colibrí.

Sus verdes tallos acogen la sabia del campo,
en sus espinas junta el dolor, la tristeza y el llanto.
El botón de su figura alumbra el alma del astro.

Rosa de primavera, rosa de otoño, rosa de verano,
rosa de todos los campos, rosa pasajera.
Tu resplandor molesta al astro cuando te pavoneas,
sonriendo provocas la envidia de las flores.
La fragancia de los tulipanes, de los jacintos, de las
Dalias, entre cualquier flor, tu elegancia se señorea en las
espinas.

La fuente riega tus faldas con delicadeza,
firme entre la maleza, firme entre la maleza,
siempre firme señora Rosa.
    
La nausea

Sentada en la mesa, esperaba el año nuevo con el esposo de su madre, los padres de aquel, su hermana y los hijos de ésta. El bulto del hombre bofo, bajo de estatura, con lentes que dejaban entrever su mirada pequeña y sigilosa sintió que se posó en su mirada baja.

¿Es esto lo que yo quiero? –se preguntó para sus adentros- fastidiada, desilusionada, hostigada de estar ahí nada más como si ella no existiera. Levantó la mirada sin un punto fijo para observar lo que los demás hacían. Escuchaba la conversación de la hermana, “las ventas estuvieron bajas. Me sentía muy mal de la garganta, con ganas de abandonar el puesto e irme a mi casa. Un viento frío que sentía. Ya no podía estar más. Ayer tenía fiebre, vi pasar a Laura con su bebé y no pude hablarles, me sentía muy mal”.

Ella pensaba que aquella en su charla se disculpaba con ella y a la vez atrapaba la atención de los invitados. No había convivido por muchos años con su hermana y el poco tiempo que la conoció le parecía rencorosa, peleonera, fuera de lugar, como una fiera a la menor intención. Le hacía preguntas ligeras. El clima, sus hijos, ¡Vaya! Hasta le preguntaba cómo pescó su dolor de garganta. Y se ponían a disertar acerca de lo difícil que estaba dejar de trabajar, pues el alza de precios de los productos de la canasta básica estaban por los cielos, el gas, el predial, el agua, la carne, y no sé qué más: estaban dejando al pueblo en la ruina. Y ya estaban a la puerta los aumentos, pues el gobernador estaba por salir y se estaba dando banderazo a las competencias electorales.

Todos en la mesa por momentos callaban y ella pensaba que no era bien recibida, ella pensando en lo del terreno, creía que aquellos la veían como la nueva oportunista que salía de las filas de corruptos políticos que ella sólo conocía. Creía que los comensales comían enseñando el colmillo y viendo de reojo para esquivar los arrebatos que aquella con sus garras fuera a dar a pedazo de carne.

Los ingredientes para la preparación de la comilona habían sido dispuestos con mucho tiempo de antelación. Las nueces, las pasas y la piña, eran algunas frutas para rellenar el lomo de cerdo, aderezar la costilla muy bien condimentada con diversos chiles. El exquisito aroma que derretía el paladar de ella no era igual al sentimiento que la invadía y por poco la hacía perder la cabeza, y finalmente estallar en un llanto con ganas de decir ¿qué quieren? ¿por qué ese silencio que a gritos dice lo que sus dueños callan? Por poco tropieza y deja rodar una lágrima que hubiera significado la hipocresía, no de ella, sino de ellos envuelta en un sentimiento de ternura, de inocencia, de reproche y de rencor hasta cierto punto.

No sabía de qué hablar y prefirió callar, mirando a las sobrinas y a los adultos entretenidos en cortar con destreza aquel trozo de carne que engullían con habilidad. La hermana del padrastro se había ido a Estados Unidos, trabaja en un centro comercial y aún no regresa, “yo creo que no va a regresar, puede que eso sea señal de que le va bien”- dijeron sus padres. A ella no le constaba pero callaba y pensaba en lo rápido que es acostumbrarse al sueño americano.

Por momentos desviaba su atención a la televisión que ofrecía un escape de salida a su acorralamiento de ideas, “Miles de aves muertas en la ciudad de Arkansas. Moreira se postulará para presidente de la República. Se gastan los ahorros de los ferrocarrileros en Coahuila. Eligen a la primer presidenta en Brasil. La iglesia acusa de Talibán al jefe de gobierno del Distrito Federal. Coches rosas para mujeres. Bla bla bla bla bla”, regresó su atención a lo que acontecía en la mesa y parecía que los ánimos se habían relajado.

A las doce campanadas inició el intercambio de regalos y el brindis con una copa de rompope y coñac.

   



domingo, 9 de agosto de 2015

Cuentos y más



 Día de resurrección

Por todas partes encontró madejas de cabellos de plata. Siguió el camino y llegó hasta el baño en donde encontró a la abuela frente a un espejo viendo una nebulosa. – ¿Ya está lista? Pronto darán las doce y media. No encontraremos lugar -Dijo la nieta,  –Ya voy, nada más me peino –Respondió la abuela.

Mientras tanto, sobre la mesa de madera siguió revisando hojas sueltas de una tesis pasada. Entre las palabras impresas quería olvidar aquel recuerdo. Quería fundirse con las palabras que formaban páginas y páginas, quería hacerse una con la vida de la abuela que estaba reclutada entre cuatro paredes de adobe. Vivía en una casona vieja, con techo de tejas, paredes salpicadas de vidas pasadas, de muertos pasados, muebles envejecidos, camas deshechas, trastes olvidados, sillones mugrosos y una legión de hormigas apiladas en la tarja.

-Mejor la peino. Ya es tarde. –Le hizo un trenzado y le espantó las canas prendidas de sus enaguas, las fue a aventar dentro del bote del baño azul.

La abuela se había dejado peinar como una niña. Quieta, tan quieta, se preguntaba por qué la nieta la iba a ver y porqué tanta paciencia, ¿qué no tenía nada qué hacer? Pronto le preguntó por el novio, y aquella le respondió que estaba de viaje, que pronto llegaría y entonces estarían los dos juntos con la abuela.

La señora calló, amarró su lengua y comprimió la boca chupada. Abrió más los ojos que ya nada veían. Cerró el puño agrietado y se acarició las palmas de las manos para tranquilizar su soledad.






                                             Metamorfosis

(Es la llegada de Vicente Fox a la presidencia de la República)


Un estallido de luces rojas me hizo temblar, ¿qué pasa?, con mis ojos adormilados y pegados de sueño, apenas percibía aquel bulto tibio o quizá caliente acostumbrado como tantas noches a meter su obeso cuerpo a la bata de seda azul, su presencia me provocó náuseas, o más aún monotonía. Ni siquiera intenté inhalar su aroma amargo y fétido de cada mañana. Seguí recorriendo el cuarto y tratando de encontrar el origen de mi angustia, miedo...muerte... La luz dibuja el contorno de la puerta, lejanos gorjeos, gritos, llantos, lamentos...mis sentidos no reaccionan.

Por el agujero de la chapa...calles atestadas de dolor, alaridos, quejidos, lamentos... “pobres efímeros jugando a la eternidad”. Pero qué nadie habita esta casa, pura herrumbre, ratas devorándose a sus crías y desfiles de cucarachas buscando salida de esta jodida vitrina . . . de dónde sale tanta mierda . . . ni ellos encuentran qué tragar.

¡Qué hastío de madre! Mi cerebro no responde pero qué tragué kgkgkg... pinche baño está más asqueroso...estallidos, explosiones, rostros desesperados, ahora sí hijos de la malinche no es lo que querían que una revolución purificara nuestro país, no sabían que nosotros seríamos el animal de sacrificio, y ya ven ahí lo tienen, el sistema sólo se divierte moviendo a sus soldaditos. . . que hasta agencias de guerreros llegan  sin aviso: está prohibido vivir. . .

. . . ¿Pero qué no piensa despertarse mi madre?, ya es medio día y sigue echadota, está lloviendo fuego y la desgraciada no se hinca. . . pero . . .¿qué es. . .esto? lo único que  faltaba . . .ahora sí se nos pelo la vieja, y ni adiós dijo, el único jodido soy yo. . . pero qué pasaría si alguien viniera por mí para reclutarme en sus filas de marionetas. . .eso sí sería más truculento, mejor me largo, pero. . . adónde. . .con quién. . .y sin dinero. . .a ja ja ya chingue. . . no que no me dejabas herencia por eso nunca hay que hablar. . . 
                                                    ***
Saldré antes de que sea demasiado tarde, no se puede. . . mejor traigo un desarmador. . . ¡cataplam! ¡Lo sabía!. . .juguetitos de plástico lloviendo por las aceras. . . ahora para qué me servirá este dinero. . .vale m. . . de nada sirvió tu manda gordita. No hay luz, el teléfono no sirve. . .
                                                    ***
Sólo periódicos hay en todas partes, a éste si le queda su bigotito, sus lentes, su barba, y quién dijo que fue el responsable del cataplám. . .nadie se dará cuenta. . .condenado viejo muy sonriente en las fotos no?. . . bot, luquin luquin luquin, huat ses? “El gobierno refrendó su ayuda a todos los damnificados del movimiento armado, luchará hasta el cansancio para encontrar a los inmediatos responsables...”

Otra vez nos la hizo...empleos, alzas, “presunto sospechoso” ...presunto presunto presunto pregunto hasta cuándo más...”¡ah nooo”, pero esta vez sí esta vez sisisiii ...sin duda ...sin duda falla, “bola de comprados”. Pero esto no  me quita el hambre, ni hablar para algo tenían que servir, ayyyi...qué linda ratita, mueve más la colita para ver si te me antojas más. 




Doña Chivis


Era  una excelente esposa, ama de casa, madre, ropavejera, limosnera, católica, charladora, sufrida y hasta ladrona, disculpe la palabra, ahora le explico por qué.

Doña  Chivis le decían de cariño, quesque por tener cara de chivo, ¡valga el señor semejante comparación, pobre animal!
Todas las mañanas se levantaba sonámbula, babaescurrida, con la ropa impregnada de pedos trasnochados, apurada siempre con la emergencia de complacer casi en todo a sus buenos clientes que ya no hallaban, qué más sacarle de su humilde tiendita –sí señor, la que vivía en la esquina. . . esa mero, bueno, ya nos vamos entendiendo.

Le decía, sus clientes eran una componenda de varios tipos: niños ladrones, estudiantes mañosos, que disque uniformados, -sí aquellos que llevaban en mero enfrente del saco una aguililla como esa que se aposentó en una penca de nopales . . . sí en la era prehispánica y que después pasó a ser nuestro escudo nacional –pues esa clase de jovenzuelos le pedían a doña Chivis la corbata, la calculadora, hazmetrabajos de un minuto a otro y va a creerlo? El hilo para fruncir sus calzones que en mala hora se les ocurría reventar ¡Dios bendito!

Ella era una especie de salvadora para quien quisiera, pues además de vender chicles motita, chupirules, reguiletes, barquitos de papel y billetitos, también ofrecía muy a escondiditas cigarrillos compuestos –sí de esos –usted sabrá que un día le cayó la chota y hasta la cara de Chivis se transformó en la de una vaca añorante, su tienda la clausuraron una quincena; después me enteré que eso simulaban ante la gente mientras se agilizaban los trámites para obtener el permiso de abrirla en otro lado, y más pesada, pues vendería bultos de alimento para cualquier tipo de animal.

La vieja parecía una cabra, nunca paraba de trajinar, como si quisiera limpiar su buena conciencia barriendo siempre su patio, lavando tiliche y medio que sus perros dejaban malolientes en una semana, arrasando hasta con los diarios rezagados que sus inquilinos dejaban en los botes.

Era una mujer llena de recuerdos y vida consumida en hijos malcriados durante el esplendor de una época efímera y desperdiciada junto a un señor con otra vida clandestina.

Sola, en una casa en ruinas con muebles impregnados de humedad, salpicados de discusiones y malos ratos, como el día en que intentó retener a su último varón.

La acompañaban, una vitrina aislada con sus múltiples figurillas, evocando las fiestas a que no podía faltar, un comedor resentido de golpes y golpecitos masculinos cuando a la vieja no le aprobaban los guisos, una sala comprada en abonos que alegró el ego de sus amos y de los cuerpecitos pesados . . .  esa era doña Chivis.

Quién la recordará, aquellos que la vimos en “El piojo” ofreciendo sus chambritas de colores tejidas en una maternidad sumisa e idealizada, acompañadas de los últimos vestidos de una juventud pasajera, empeñada en lucir sus mejores prendas.

. . . ¡Yo vi a la vieja recogiendo las monedas de su último comprador! ,convenciendo a los curiosos y maldiciendo una venta . . . ¡Santísimos señor de los milagros! Es usted igualita a ella . . .