En cada objeto que
acariciaba delicadamente, sutilmente,
imaginaba a alguien,
pensaba en el inmenso amor.
Las dos décadas de
ausencia por una pequeña caja dorada.
Estaba eufórica, las
masas contagiaban esa felicidad de cada año,
que era preciso
sentir, para no caer.
Se quedó viendo un
mostrador que reflejaba una mirada atenta:
profunda. Un abrigo
azul, largo; una coleta. Ojos cansados, aburridos,
con ganas de soltar todo.
La semana siguiente
era de asueto, tiempo detenido,
sin rumbo, sin
planes. Fin de semana con vendedores de ocasión,
por si acaso se
ofrece, le vendemos esto… “Es preciso que
se sienta bien de
salud mental.” “Un masaje, no caería mal”.