sábado, 27 de agosto de 2016

                                                   
                                                          Mientras más hondo el camino

Los chingaditos de la taza huelen a café,
con sus manos cóncavas y entrelazadas,
sintiendo el calor de los primeros destellos del Sol,
piensa en otros horizontes, otros Soles quemando su piel.

Piensa en el oráculo de Medusa,
conteniendo su propio veneno para no matar a Perseo.
Todo el dolor de los muertos se cuelgan en ella.
Mujer virgen que profana el templo de Poseidón.
Se da para morir, se rinde, sufre su propia cárcel, 
que se consume para no caer.

Descalza, suelta la taza.
Vidrios regados, revelan el mundo.



sábado, 20 de agosto de 2016

Feel


                                                 
           Frío calado de huesos presentes,
órbitas pétreas en medio de la noche suplicando piedad,
ventrículos palpitando la estupidez humana,
en un suspiro tragarse la vacuidad espacial.

¿Qué nos queda para soñar?
¿Qué nos queda para entretener el alma?
Acariciarla poco a poco, con un ósculo frío, mientras la nieve se deshace.
Pupilas dilatadas con la fotografía del mundo.
Elevación de la estatua de la libertad para caer sepultada.

Máscaras de querubines, de ángeles con ojos espantados 
gritando desde el infinito, acertijos ocultos.
Abulia de la mañana con aroma de otros paisajes.



















jueves, 11 de agosto de 2016

"La semana santa de los indios termina sin resurrección", Eduardo Galeano

LA SEMANA SANTA DE LOS INDIOS TERMINA SIN RESURRECIÓN

Por Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina

A principios de nuestro siglo, todavía los dueños de los pongos, indios dedicados al servicio doméstico, los ofrecían en alquiler a través de los diarios de La Paz.

Hasta la revolución de 1952, que devolvió a los indios bolivianos el pisoteado derecho a la dignidad, los pongos comían las sobras de la comida del perro, a cuyo costado dormían, y se hincaban para dirigir la palabra a cualquier persona de piel blanca. Los indígenas habían sido bestias de carga para llevar a la espalda los equipajes de los conquistadores: las cabalgaduras era escasas. Pero en nuestros días pueden verse, por todo el altiplano andino, changadores aimaraes y quechuas cargando fardos hasta con los dientes a cambio de un pan duro. La neumoconiosis había sido la primera enfermedad profesional de América; en la actualidad, cuando los mineros bolivianos cumplen treinta y cinco años de edad, ya sus pulmones se niegan a seguir trabajando: el implacable polvo de sílice impregna la piel del minero, le raja la cara y las manos, le aniquila los sentidos del olfato y el sabor, y le conquista los pulmones, los endurece y los mata.

Los turistas adoran fotografiar a los indígenas del altiplano vestidos con sus ropas típicas. Pero ignoran que la actual vestimenta indígena fue impuesta por Carlos III a fines del siglo XVIII. Los trajes femenino que los españoles obligaron a usar a las indígenas eran calcados de los vestidos regionales de las labradoras extremeñas, andaluzas y vascas, y otro tanto ocurre con el peinado de las indias, raya al medio impuesto por el virrey Toledo. No sucede lo mismo, en cambio, con el consumo de coca, que no nació con los españoles; ya existía en tiempos de los incas. La coca se distribuía, sin embargo, con mesura; el gobierno incaico la monopolizaba y sólo permitía su uso con fines rituales o para el duro trabajo en las minas. Los españoles estimularon agudamente el consumo de coca. Era un espléndido negocio. En el siglo XVI se gastaba tanto, en Potosí, en ropa europea para los opresores como en coca para los oprimidos. Cuatrocientos mercaderes españoles vivían, en el Cuzco, del tráfico de coca; en las minas de plata de Potosí entraban anualmente cien mil cestos, con un millón de hilos de hoja de coca. La iglesia extraía impuestos a la droga. El inca Garcilaso de la Vega nos dice, en sus “comentarios reales”, que la mayor parte de la renta del obispo y de los conónigos y demás ministros de la iglesia del Cuzco provenía de los diezmos sobre la coca, y que el transporte y la venta de este producto enriquecían a muchos españoles. Con las escasas monedas que obtenían a cambio de su trabajo, los indios compraban hojas de coca en lugar de comida: masticándolas, podían soportar mejor, al precio de abreviar la propia vida, las mortales tareas impuestas. Además de la coca, los indígenas consumían aguardiente, y sus propietarios se quejaban de la propagación de los “vicios maléficos”. A esta altura del siglo veinte, los indígenas del Potosí continúan masticando coca para matar el hambre y matarse y siguen quemándose las tripas con alcohol puro. En las minas bolivianas, los obreros llaman todavía mita  a su salario.


Desterrado en su propia tierra, condenados al éxodo eterno, los indígenas de América Latina fueron empujados hacia las zonas más pobres, las montañas áridas o el fondo de los desiertos, a medida que se extendía la frontera de la civilización dominante. Los indios han padecido y padecen-síntesis del drama de toda América Latina- la maldición de su propia riqueza.

(Las negritas son mías) 

miércoles, 10 de agosto de 2016

TARADOS POSITIVOS

TARADOS POSITIVOS (Fragmento)

Juan Villoro ,  Dios es redondo

El futbol le gusta a demasiada gente para no ser aprovechado de mil formas distintas. Estamos ante la forma más exitosa de vender zapatos y camisetas. Y esto no es nada en comparación con otros negocios. Aunque todo falle y vaya cada vez peor, al final siempre gana la televisión.
El dinero aceita los clubes y en buena medida decide los resultados. En el mismo periodo en el que el Real Madrid gastó 700 millones de euros, el Osasuna gastó 10 millones. ¿Es concebible que jueguen en la misma liga? Sí, entre otras cosas porque el Osasuna dirigido por el Vasco Aguirre ha sido muy eficaz ante el Madrid, y porque el futbol profesional no ha oído hablar de justicia económica.
Aceptemos lo inevitable: estamos ante un muy complejo sistema de representación del mundo que asimila una alta cuota de estupidez. No es por la vía de la pureza ni del racionalismo como se define al arte de patear para encender el alarido de la especie.
En su democrático acercamiento a la pasión, el futbol incorpora los más variados defectos. Cuando todo sale bien, la gente es inofensivamente lamentable en las tribunas en vez de serlo en su casa. ¿Cuántos ataques de nervios no se han evitado en el seno de la familia gracias a los gritos lanzados en las gradas?
Con el futbol pasa como en las dietas ricas en fibra: no todo alimenta, pero la mezcla sirve para digerir. Es mucho lo que entra al futbol y mucho lo que ahí se elimina. Su protocolo no puede ser tan excelso como el de la ópera porque está hecho para el desfogue de excedentes emocionales, para que el chiflado que llevamos dentro protagonice la vida durante 90 minutos y quien vuelva a casa sea, si no un gran humanista, al menos alguien razonablemente común.




martes, 9 de agosto de 2016

Juegos Malditos


Cita completa de la revista Muy Interesante, Septiembre, 2013, No.09

Juegos Malditos

Antes de que el videojuego Pokémon Red and Green para Gameboy saliera de Japón y en 1996 se extendiera en el mercado, se decía que había provocado el suicidio y enfermedades de niños japoneses de 7 a 12 años. Aparentemente el juego iba bien hasta que los jugadores llegaban al  nivel de Lavender Town, donde se escuchaban sonidos tétricos que causaban dolor de cabeza, náuseas e instintos de comportamiento orientado al suicidio. La compañía creadora Game Freak cambió la música antes de vender el juego a otras partes del mundo. En el mundo gamer existen varias leyendas urbanas que se relacionan con la dificultad de llegar ciertos niveles debido a fuerzas sobrenaturales, contacto con demonios a través de personajes y problemas de salud severos. (Fuente: litsverse.com)

lunes, 8 de agosto de 2016

EL PELADO MEXICANO

"El pelado mexicano", en El perfil del Hombre y la Cultura en México
                                                                               Samuel Ramos


(Fragmento)

Aun cuando el "pelado"  mexicano sea completamente desgraciado, se consuela con gritar a todo el mundo que tiene "muchos huevos" (así llama a los testículos). Lo importante es advertir que en este órgano no hace residir solamente una especie de potencia, la sexual, sino toda clase de potencia humana. Para el "pelado", un hombre que triunfa en cualquier actividad y en cualquier parte, es porque tiene "muchos huevos". Citaremos otra de sus expresiones favoritas: "Yo soy tu padre", cuya intención es claramente afirmar el predominio (...) Es preciso advertir también que la obsesión fálica del "pelado" no es comparable a los cultos fálicos, en cuyo fondo yace la idea de la fecundidad y la vida eterna. El falo sugiere al "pelado" la idea de poder. De aquí ha derivado un concepto muy empobrecido del hombre. Como él es, en efecto, un ser sin contenido sustancial, trata de llenar su vacío con el único valor que está a su alcance: el del macho (...) El mexicano, amante de ser fanfarrón, cree que esa potencia se demuestra con la valentía. ¡Si supiera que esa valentía es una cortina de humo! 

I. El "pelado" tiene dos personalidades: una real, otra ficticia (...)
VI. La desconfianza de sí mismo produce una anormalidad de funcionamiento psíquico, sobre todo en la percepción de la realidad (...)
VIII. Como nuestro tipo vive en falso, su posición es siempre inestable y lo obliga a vigilar constantemente su "yo", desatendiendo la realidad (...)




domingo, 7 de agosto de 2016

"Acefalia" de Julio Cortázar

ACEFALIA de Julio Cortázar


A un señor le cortaron la cabeza, pero como después estalló una huelga y no pudieron enterrarlo, este señor tuvo que seguir viviendo sin cabeza y arreglárselas bien o mal.

En seguida notó que cuatro de los cinco sentidos se le habían ido con la cabeza. Dotado solamente de tacto, pero lleno de buena voluntad, el señor se sentó en un banco de la plaza Lavalle y tocaba las hojas de los árboles una por una, tratando de distinguirlas y nombrarlas. Así, al cabo de varios días pudo tener la certeza de que había juntado sobre sus rodillas una hoja de eucalipto, una de plátano, una de magnolia foscata y una piedrita verde.

Cuando el señor advirtió que esto último era una piedra verde, pasó un par de días muy perplejo. Piedra era correcto y posible, pero no verde. Para probar imaginó que la piedra era roja, y en el mismo momento sintió como una profunda repulsión, un rechazo de esa mentira flagrante, de una piedra roja absolutamente falsa, ya que la piedra era por completo verde y en forma de disco, muy dulce al tacto.

Cuando se dio cuenta de que además la piedra era dulce, el señor pasó cierto tiempo atacado de gran sorpresa. Después optó por la alegría, lo que siempre es preferible, pues se veía que, a semejanza de ciertos insectos que regeneran sus partes cortadas, era capaz de sentir diversamente. Estimulado por el hecho abandonó el banco de la plaza y bajó por la calle Libertad hasta la Avenida de Mayo, donde como es sabido proliferan las frituras originadas en los restaurantes españoles. Enterado de este detalle que le restituía un nuevo sentido, el señor se encaminó vagamente hacia el este o hacia el oeste, pues de eso no estaba seguro, y anduvo infatigable, esperando de un momento a otro oír alguna cosa, ya que el oído era lo único que le faltaba. En efecto, veía un cielo pálido como de amanecer, tocaba sus propias manos con dedos húmedos y uñas que se hincaban en la piel, olía como a sudor y en la boca tenía gusto a metal y a coñac. Sólo le faltaba oír, y justamente entonces oyó, y fue como un recuerdo, porque lo que oía era otra vez las palabras del capellán de la cárcel, palabras de consuelo y esperanza muy hermosas en sí, lástima que con cierto aire de usadas, de dichas muchas veces, de gastadas a fuerza de sonar y sonar.