El espejo
Cabellera de plata fina,
de secretos arcanos.
Gemas redondas en tu cosmos
adelgazado,
rostro desfigurado,
ojos enterrados,
ojos de oscuridad,
ojos de Gilgamesh.
Labios delgados expirando su último
aliento,
dentadura desgastada por las palabras,
por los deseos,
por los sentimientos,
por las horas,
por la espera, pero que callan.
Vientre de Luna longeva,
vientre Virgen,
vientre inmaculado,
vientre marchito, pero virgen.
Manos que articulan figuras en la
nada,
que ven con el tacto,
que sienten
con la palma de la mano,
que llevan en los
surcos la línea de la vida
efímera, pero
vida.
Corazón que
calla,
que se
anestesia,
que se
reprime,
que se pudre,
que se engaña,
que se
fastidia
esperando el
último momento,
que se engaña,
que se engaña,
que se engaña
como la mujer del espejo.
Réquiem
I
Ángel de noches infinitas y vanas,
que apareces en forma de espectro efímero,
y cuando la luz ves, escapas .
Cuerpo de nieve, mirada ígnea,
eres sombra, luz, polvo. . . nada,
te disuelves
en volutas de humo
para escapar de tu celda y tu sino.
Con celeridad vuelves a enturbiar
los lugares más recónditos de mi mente,
nublas mi vista para elevarte.
Te apartas en el
momento que la
claridad te
quiere hacer forma. . .
¡Oh! espíritus celestes, permitidle a ese. . .
reflejo de mi ser e ilusión de mi vacío,
tornar a
este cuerpo inerte y transido de
confusión que expira sus últimas palabras.
II
Hoy, te aviso, que ya he muerto,
me busqué en la cama, en la calle,
en la iglesia y en el bar.
Nadie me dio razón de ti,
nadie supo
tu mensaje póstumo,
en la música tus últimas palabras
y sentimientos busqué,
en vano . . .
Pedí a la noche me enviara tus sueños y deseos,
a la mañana imploré tus primeras palabras,
en vano; en los libros y revistas quise repasar
tus pensamientos, en vano.
Platiqué con tus dioses arcanos,
a todos encontré heridos y mudos,
pregunté al
tiempo: nada supo,
por último
me acerqué a tus demonios,
estaban dispersos,
transidos como piedras ígneas,
entonces, perdí la esperanza de encontrarte alguna
vez.
Ahora camino en las noches descalza y
para no despertar a los demás,
camino con una vela pero ésta se consume
mientras me
acerco a mi cuerpo.
Mi cerebro tiene nauseas
está congestionado, las neuronas
quieren
estar una noche más con él,
pero él ya no puede, siente impotencia.
En las arterias fluye mi espíritu,
las venas destilan un líquido negro,
mis órbitas toman fotos a lo inmediato
y en ellas se reflejan los últimos latidos
de una noche blanca.
La boca exhala
un río y pálidos los labios
mantienen las huellas de sus amores, son
como testigos de los últimos silencios de su amo.
Tendido sobre el sofá reposa
una larga jornada, los cabellos de noche, inertes,
de células muertas, se retuercen y se visten de
invierno.
¡Oh !
espíritus dejadme impetrar mi cuerpo
y por ultima vez sentirlo mío.
Laberinto
Ayer te soñé tratando de escapar de tu miedo,
el Minotauro de Creta te perseguía,
corrías de frente abriendo puerta tras puerta,
puerta tras puerta hasta el infinito.
Corriendo volteabas sin cesar,
multitud de gente llevabas contigo,
multitud de gente corría contigo,
por fin abriste la última puerta para caer al vacío.
Sólo un suspiro
Un beso de nieve
adorna tu boca roja de deseos antiguos
que otrora dijeron
te quiero al viento incauto,
vacío regazo de
maternidad frustrada acompaña la
silueta vanidosa
de figuras convexas y sonrisas quebradas,
vueltas dan tus
ideas sobre tu mundo de fantasmas perdidos
y asir
quieres tus recuerdos en el día efímero que alumbra la aurora.