Esa línea infranqueable que todos llevamos por cortesía lo hizo caer,
"me hizo caer en lo más bajo de la vergüenza y me convertí en payaso".
Sí en el payaso que todos pintan en su cara para verse más bellos.
Pero este payaso fue de otro tipo, un payaso sin corazón, sin magia,
sin magia porque le robaron su corazón, -la chispa-, sí esa que te hace moverte.
No me refiero al amor que todo lo salva, me refiero al alma que mueve el cuerpo.
Esa razón de ser que disfrazan de mil cosas y con ella justifican su existencia,
le dan una razón de ser a la existencia,
como si la existencia no fuera una razón de ser ya.
Cada día esa línea se convierte en un abismo entre él y lo otro,
ese abismo que los separa, él quisiera cavarlo más abajo,
justo ahí en donde ya no haya contacto.
A través de esa línea que dejan los otros, se conecta la voz, la palabra,
los sentidos, los estilos, las ideologías, las transacciones, los pactos, los negocios,
las complicidades, los sobornos, los pases de magia.
Esa línea se pinta de colores, días, meses, años, ciclos, eternidades,
de palabras petrificadas que tuvieron su época.