Ríos
Sorbe en un vaso los aromas y
melodías
que convergen de tus costados,
sorbe las inútiles frases de
armonía
que acarician tu corazón en
melancolía.
Ríete de los pensamientos añejos
que saltan de prisa mientras deleitas las neuronas
con
la palabra impresa.
Sorbe la vida perdida en el
paladar profundo
en donde se confrontan las
sombras
reunidas en tu memoria del día.
Sorbe hasta el fondo mientras
tragas
las últimas palabras antiguas,
en donde se juntan los ríos de tu ser en
agonía.
En el principio de los
tiempos fue el espíritu,
éste se hizo verbo, carne
y habitó entre las
tinieblas;
éstas no lo entendieron,
lo acosaron,
lo burlaron, lo
escupieron,
lo vendieron por treinta
monedas de plata,
lo hicieron su rey con
una corona de espinas
lo subieron a su trono
con tres clavos de acero
enterrados, uno en cada
mano, y el último
en los empeines cruzados.
De sus ojos blancos
lágrimas rodaron,
jadeante respiro silbaba
en su pecho
implorando un beso de
Judas;
deseó beber el vino de
las bodas de Canaán
convertido en vinagre,
quiso encarnar su alma
en María Magdalena,
verse en otro a quien el
destino no alcanzara,
pensó rebelarse contra del
Padre y traicionar su alianza
con el hombre.
Arrepentido de ser el
salvador
lloró, imploró a su
Padre, dudó de su fe,
se vio burlado, se sintió
extranjero,
pensó en el carpintero,
en el agorero,
en el exorcista, en el
profeta, pensó
en su deseo, en su
soledad, en su temor
y olvidó todo, a su
madre, a sus discípulos,
a su hermana, sus
milagros, se olvidó de sí,
quiso escapar de su
cárcel pero el dolor lo contuvo,
deseo defecar, orinar,
contuvo esputos, pensó en la nada,
quiso adelantar el paso y
subir a la derecha del Padre.
Primavera (a Sor Juana)
Tengo una rosa en primavera vestida de
blanco,
sus pétalos de durazno retienen la gota
del rocío,
entre sus faldas esconde la miel de las
abejas y
del colibrí.
Sus verdes tallos acogen la sabia del
campo,
en sus espinas junta el dolor, la
tristeza y el llanto.
El botón de su figura alumbra el alma
del astro.
Rosa de primavera, rosa de otoño, rosa
de verano,
rosa de todos los campos, rosa
pasajera.
Tu resplandor molesta al astro cuando
te pavoneas,
sonriendo provocas la envidia de las flores.
La fragancia de los tulipanes, de los
jacintos, de las
Dalias, entre cualquier flor, tu
elegancia se señorea en las
espinas.
La fuente riega tus faldas con
delicadeza,
firme entre la maleza, firme entre la
maleza,
siempre firme señora Rosa.
La nausea
Sentada en la mesa, esperaba el año
nuevo con el esposo de su madre, los padres de aquel, su hermana y los hijos de ésta. El bulto del hombre bofo, bajo de estatura, con lentes
que dejaban entrever su mirada pequeña y sigilosa sintió que se posó en su
mirada baja.
¿Es esto lo que yo quiero? –se preguntó
para sus adentros- fastidiada, desilusionada, hostigada de estar ahí nada más
como si ella no existiera. Levantó la mirada sin un punto fijo para observar lo
que los demás hacían. Escuchaba la conversación de la hermana, “las ventas estuvieron
bajas. Me sentía muy mal de la garganta, con ganas de abandonar el puesto e irme
a mi casa. Un viento frío que sentía. Ya no podía estar más. Ayer tenía fiebre,
vi pasar a Laura con su bebé y no pude hablarles, me sentía muy mal”.
Ella pensaba que aquella en su charla se
disculpaba con ella y a la vez atrapaba la atención de los invitados. No había
convivido por muchos años con su hermana y el poco tiempo que la conoció le
parecía rencorosa, peleonera, fuera de lugar, como una fiera a la menor
intención. Le hacía preguntas ligeras. El clima, sus hijos, ¡Vaya! Hasta le
preguntaba cómo pescó su dolor de garganta. Y se ponían a disertar acerca de lo
difícil que estaba dejar de trabajar, pues el alza de precios de los productos
de la canasta básica estaban por los cielos, el gas, el predial, el agua, la carne, y no sé qué más: estaban
dejando al pueblo en la ruina. Y ya estaban a la puerta los aumentos, pues el
gobernador estaba por salir y se estaba dando banderazo a las competencias
electorales.
Todos en la mesa por momentos callaban y
ella pensaba que no era bien recibida, ella pensando en lo del terreno, creía
que aquellos la veían como la nueva oportunista que salía de las filas de
corruptos políticos que ella sólo conocía. Creía que los comensales comían
enseñando el colmillo y viendo de reojo para esquivar los arrebatos que aquella
con sus garras fuera a dar a pedazo de carne.
Los ingredientes para la preparación de
la comilona habían sido dispuestos con mucho tiempo de antelación. Las nueces,
las pasas y la piña, eran algunas frutas para rellenar el lomo de cerdo,
aderezar la costilla muy bien condimentada con diversos chiles. El exquisito
aroma que derretía el paladar de ella no era igual al sentimiento que la
invadía y por poco la hacía perder la cabeza, y finalmente estallar en un
llanto con ganas de decir ¿qué quieren? ¿por qué ese silencio que a gritos dice
lo que sus dueños callan? Por poco tropieza y deja rodar una lágrima que
hubiera significado la hipocresía, no de ella, sino de ellos envuelta en un
sentimiento de ternura, de inocencia, de reproche y de rencor hasta cierto
punto.
No sabía de qué hablar y prefirió
callar, mirando a las sobrinas y a los adultos entretenidos en cortar con
destreza aquel trozo de carne que engullían con habilidad. La hermana del
padrastro se había ido a Estados Unidos, trabaja en un centro comercial y aún
no regresa, “yo creo que no va a regresar, puede que eso sea señal de que le va
bien”- dijeron sus padres. A ella no le constaba pero callaba y pensaba en lo rápido que es acostumbrarse al sueño americano.
Por momentos desviaba su atención a la
televisión que ofrecía un escape de salida a su acorralamiento de ideas, “Miles
de aves muertas en la ciudad de Arkansas. Moreira se postulará para presidente
de la República. Se gastan los ahorros de los ferrocarrileros en Coahuila. Eligen
a la primer presidenta en Brasil. La iglesia acusa de Talibán al jefe de
gobierno del Distrito Federal. Coches rosas para mujeres. Bla bla bla bla bla”,
regresó su atención a lo que acontecía en la mesa y parecía que los ánimos se
habían relajado.
A las doce campanadas inició el
intercambio de regalos y el brindis con una copa de rompope y coñac.