miércoles, 5 de diciembre de 2018
Tiempo de piscar
Mi niña hermosa,
hoy te digo que en tu pupila profunda,
no cabrán todas las estrellas de mi memoria,
cuando llegue la noche;
en tu arrugada frente, se juntan los surcos de la tierra entera que te vio crecer,
la fragancia del ocote no acabará en tu templo.
Tu espalda siente ya el tiempo,
el invierno mece tu cuna,
por doquier se escucha el Fandango D. Scarlatti,
están de fiesta los ángeles,
¡pero hoy no será!
La nochebuena llegará a tu puerta,
guarda en tu sueño la posada celestial,
mientras el piano deleita al reino de este mundo.
Por Edith González
martes, 27 de noviembre de 2018
Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer
Fragmento tomado de Rimas y Leyendas de Bécquer.
No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira.
Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía.
Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas;
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista;
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías:
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!
Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que el cálculo resista;
mientras la Humanidad, siempre avanzando
no sepa a do camina;
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!
Mientras sintamos que se alegra el alma
sin que los labios rían;
mientras se llore sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan;
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran;
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira;
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas;
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!
No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira.
Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía.
Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas;
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista;
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías:
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!
Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que el cálculo resista;
mientras la Humanidad, siempre avanzando
no sepa a do camina;
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!
Mientras sintamos que se alegra el alma
sin que los labios rían;
mientras se llore sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan;
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran;
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira;
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas;
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!
domingo, 11 de noviembre de 2018
Un día más
Los gatos se estiran sobre el tejado humeante,
hojas secas bailotean con el aire,
cual ovejas en rebaño, las nubes se van empujando,
un conejo se esconde,
en puntillas, un lobo avanza a lo lejos.
El sonido de una campana que muere,
la tierra con sabor a metal,
un beso en el aire,
insecto devorado por un ave,
desintegración del cadáver,
fermento de la tierra,
llanto de un niño:
promesa del padre.
Por Edith González
domingo, 4 de noviembre de 2018
Loca
Loca la llaman quienes no la conocen,
descalza anda por los charcos en donde habitan los sapos,
de rama en rama pasa las manos buscando un verde ciruelo
para probarlo y sentir el cosquilleo entre las encías hechas agua.
Bailotea en el aire haciendo piruetas y formas vagas.
En la tierra deja su huella con cada pisada,
sin sandalias, sin marcas, sin nada.
Un vestido de encajes blancos lleva puesto,
cual otrora vistió a una señora.
Sube al columpio y se balancea en el tiempo infinito,
tiempo de ciruelos, de la nuez, de la naranja, del durazno.
Sus rodillas parecen rotas cual Cristo herido,
corriendo entre milpas buscando elotes y la mejor caña.
Masca el bagazo como si fuera colación de colores.
Mira sus rodillas hechas añicos y sacude el polvo de su falda.
Toma un puñado de maíz que se escurre entre sus manos,
toma una mazorca negra y la desgrana en la olotera.
Sin tiempo, sin espacio, sin nada, en el solar de la abuela que descansa.
Edith González
viernes, 2 de noviembre de 2018
La Dama de las Camelias, Alejandro Dumas (Fragmento)
-Quiero decir que hay personas que llevan el orgullo hasta aquí. Así, por ejemplo, esa señorita Gautier parece ser que llevó una vida muy alegre, si me permite decirlo. Ahora la pobre señorita está muerta, y de ella queda tanto como de las que nadie tiene nada que decir y que regamos a diario; pues bien, cuando los parientes de las personas que están enterradas al lado de ella se han enterado de quién era, se les ha ocurrido decir que se opondrían a que la pusieran acá, y que debería haber terrenos aparte para ese tipo de mujeres, como para los pobres. ¿Habrase viso? Ya les dije yo sus cuatro verdades, ya lo creo; tipos que viven de sus rentas y que no vienen cuatro veces al año a ver a sus difuntos, que traen ellos mismos sus flores. ¡Y mire qué flores! Les cuesta pagar el mantenimiento de las tumbas de aquellos a quienes pretenden llorar, escriben sobre las tumbas lágrimas que nunca han derramado y luego vienen con exigencias en cuanto al vecindario. Créame usted si quiere, señor, yo no conocí a esa señorita ni sé lo que haya hecho, pues bien, yo la quiero a la pobrecita, y la cuido, y le vendo las camelias al justo precio. Es mi muerta predilecta. Nosotros, señor, tenemos que conformarnos con amar a los muertos, porque estamos tan atareados que casi no tenemos tiempo de querer a nadie más.
miércoles, 3 de octubre de 2018
A un anciano
¿Cómo se puede extrañar a quien apenas se conoce?,
como el niño que encuentra a su mejor amigo en un parque.
¿Quién es ese extranjero tan hermano de tu poesía?,
a quien juegan, crean, tocan, pintan.
Por el lenguaje se miran y se acarician.
Sin raza ni religión, sin clase. Sin nada: sólo la poesía.
¡Qué payaso tan más crítico! haciendo aros de palabras.
¡Qué Virgilio!, comiendo metáforas mientras vigila.
Sólo un músico haciendo circo en la caravana, y
una bruja jugando un colibrí de fuego los miran.
La distancia se acorta cuando nombro la palabra que sale tu boca.
Extiendo mi tiempo en la memoria,
para ver si alcanzo algunos cuadros de azúcar, mientras me logro
yuxtaponer a tus múltiples yo
que trato de asir en la palabra y en la saliva.
Me enredo en el bálsamo de tus palabras,
sólo encuentro el eco de tu voz que aún no conozco,
encuentro vestigios de otro, de un poeta extranjero.
Me pregunto a qué pudieron oler tus palabras,
los caminos de la palma de tu mano se encogen, se alargan:
pasos perdidos.
Edith González
lunes, 1 de octubre de 2018
"Credo urbano", de Oscar Puky Gutiérrez
(Poema de un amigo boliviano, a quien sus amigos llaman Puky).
Credo Urbano
Creo en el poema padre todopoderoso
y en el silencio al que nos acerca.
Creo en la primavera y en otros milagros.
Creo en los domingos
en la pedagogía secreta de un abrazo
sobre todo
creo en el Ser Humano.
Abandono las ciudades de la queja
las urbanizaciones del espanto
las catedrales de la melancolía.
Dejo atrás el traje de la tristeza
los zapatos del quebranto
el maquillaje del desánimo
las sonrisas de utilería.
Vestido de indulgencias
abandono el paraje de lo huraño
el oprobio
la angustia
y la ceniza de los años.
Ataviado de colores
ensombrerado de cariños
hoy
simplemente vivo.
...y la tristeza (esa perra hambrienta)
y los famélicos roedores del invierno
y los pálidos buitres del insomnio
ésos
que esperen sentados.
Hoy no comerán de esta carne:
He resucitado.
Credo Urbano
Creo en el poema padre todopoderoso
y en el silencio al que nos acerca.
Creo en la primavera y en otros milagros.
Creo en los domingos
en la pedagogía secreta de un abrazo
sobre todo
creo en el Ser Humano.
Abandono las ciudades de la queja
las urbanizaciones del espanto
las catedrales de la melancolía.
Dejo atrás el traje de la tristeza
los zapatos del quebranto
el maquillaje del desánimo
las sonrisas de utilería.
Vestido de indulgencias
abandono el paraje de lo huraño
el oprobio
la angustia
y la ceniza de los años.
Ataviado de colores
ensombrerado de cariños
hoy
simplemente vivo.
...y la tristeza (esa perra hambrienta)
y los famélicos roedores del invierno
y los pálidos buitres del insomnio
ésos
que esperen sentados.
Hoy no comerán de esta carne:
He resucitado.
viernes, 28 de septiembre de 2018
Relato oral
No sé quién eres pero sé que vendrás. Cuando los días son negros te confundo en mis sueños, despierto y te sigo viendo, me duermo y te veo.
Una noche pensé que dormía. Cuando las noches suelen ser muy negras, ahí estás.
¿Sabes? Generalmente no duermo como los demás, en donde va la cabeza van los pies, y en donde van éstos va la cabeza. Bueno, el punto es que después de un mal día, quedé profundamente dormida. Después de muchas horas desperté porque sentí que alguien barría detrás de mi cabeza, se escuchaba una escoba de vara y sin abrir los ojos, vi a una mujer acabada, de baja estatura, muda, creo que llevaba algo en la cabeza y una suerte de gabán.
Otro día, anterior a aquel, cuando dormía en posición "normal", vi al pie de mi cama a la misma señora, de espaldas, cubierta de pies a cabeza con una suerte de cobija.
En cada sueño, quisiera encontrar un acertijo que me lleve a una clave de todo esto, pero sigo en espera...
-"Yo soy el descifrador de sueños".
- ¿Cuál es su nombre señor?
- Un simple velador.
En cada sueño, quisiera encontrar un acertijo que me lleve a una clave de todo esto, pero sigo en espera...
-"Yo soy el descifrador de sueños".
- ¿Cuál es su nombre señor?
- Un simple velador.
Edith González
lunes, 10 de septiembre de 2018
"Goodbye horses"
Parecían unos enamorados salidos de algún cuadro de Renoir. Ella vestía desde el cuello hasta el tobillo. Portaba unos botines beige. El vestido tenía holanes, encajes en el cuello y botones en la espalda. Cada botón forrado con seda rosada. Él, lucía un sombrero blanco homburg, traje del mismo color, muy elegante. La presencia de este ser era magnética, todo giraba en torno a Él; sin embargo, su rostro no se veía claramente. Tez blanca, ojos claros, ¿quizá azules? Su semblante alcanzaba a dibujar una sonrisa extraña, ¿maléfica?, tal vez. Él quería estar con ella, llegó a la casa de la dama sin decir palabra, únicamente con el pensamiento se comunicaron, él supo que ella no estaba lista. Así que salió de la recámara y se fue caminando sobre la calle con paso lento, deseoso de que ella le gritara que ya estaba lista.
Mientras que Él se perdía como una mancha blanca sobre la calle recta, ella volteó hacia la izquierda, presintió una mirada penetrante que venía de esa dirección, vio a una dama de negro entrada en años, ocultándose al lado de un caballero que veía en otra dirección. Quizá podría chantajear a la joven después de ver salir a un hombre de su casa. Así que se fue caminando en dirección de la joven, en su mirada se adivinaba su intención, su mueca algo sonriente, ojos fríos, profundos. Llegó a la morada de la joven, con solo su presencia se sabía a qué llegaba. Pero la dama joven la corrió sin decir palabra, sólo tuvo que abrir la puerta lenta y decentemente para que la otra entendiera. Aquella se tragó sus palabras y su sonrisa.
-¿Cuánto cuesta esta flor?
-Cinco francos.
El hombre de blanco compró un ramo de dalias en el mercado de la aldea. Las envolvieron en papel celofán, listón lila. Se sintió satisfecho de tener en sus manos un regalo para dar a alguien. Volver a empezar llenaba los ánimos, daba placer. Esto podría funcionar.
CONTINUARÁ...
Edith González
Mientras que Él se perdía como una mancha blanca sobre la calle recta, ella volteó hacia la izquierda, presintió una mirada penetrante que venía de esa dirección, vio a una dama de negro entrada en años, ocultándose al lado de un caballero que veía en otra dirección. Quizá podría chantajear a la joven después de ver salir a un hombre de su casa. Así que se fue caminando en dirección de la joven, en su mirada se adivinaba su intención, su mueca algo sonriente, ojos fríos, profundos. Llegó a la morada de la joven, con solo su presencia se sabía a qué llegaba. Pero la dama joven la corrió sin decir palabra, sólo tuvo que abrir la puerta lenta y decentemente para que la otra entendiera. Aquella se tragó sus palabras y su sonrisa.
-¿Cuánto cuesta esta flor?
-Cinco francos.
El hombre de blanco compró un ramo de dalias en el mercado de la aldea. Las envolvieron en papel celofán, listón lila. Se sintió satisfecho de tener en sus manos un regalo para dar a alguien. Volver a empezar llenaba los ánimos, daba placer. Esto podría funcionar.
CONTINUARÁ...
Edith González
sábado, 1 de septiembre de 2018
sábado, 18 de agosto de 2018
Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana
¿En perseguirme, mundo, qué interesas?
Sor Juana Inés de la Cruz
¿En perseguirme, mundo, qué interesas?
¿En qué te ofendo, cuando sólo intento
poner bellezas en mi entendimiento
y no mi entendimiento en las bellezas?
Yo no estimo tesoros ni riquezas,
y así, siempre me causa más contento
poner riquezas en mi entendimiento
que no mi entendimiento en las riquezas.
Yo no estimo hermosura que vencida
es despojo civil de las edades
ni riqueza me agrada fementida,
teniendo por mejor en mis verdades
consumir vanidades de la vida
que consumir la vida en vanidades.
martes, 14 de agosto de 2018
¿Mariachi es una palabra mexicana?
Mariachi viene de la palabra francesa mariage: boda, por lo cual, a los que cantan en ellas se les nombra o nombró "mariachis".
martes, 31 de julio de 2018
El beso de la mujer araña, Manuel Puig
El beso de la mujer araña, Manuel Puig
(Fragmento del Capítulo Dos)
-Ya sé, me imagino que no va a quedar ahí. ¿Pero sabés qué me gusta?, que es como una alegoría, muy clara además, del miedo de la mujer de entregarse al hombre, porque al entregarse al sexo se vuelve un poco animal, ¿te das cuenta?
- A ver...
-Hay ese tipo de mujer, que es muy sensible, demasiado espiritual, y que ha sido criada con la idea de que el sexo es sucio, que es pecado, y ese tipo de mina está jodida, recontrajodida, es lo más probable que resulte frígida cuando se case, porque tiene adentro una barrera, le han hecho levantar como una barrera, o una muralla, y por ahí no pasan ni las balas (...)
-Sí, pero ella le dice que hay algo en el médico que no le gusta.
-Claro, porque si la cura la va a entregar a la vida matrimonial, al sexo.
-Pero el marido la convence de que vuelva. Y ella va, pero con miedo.
-¿Sabés de qué es el miedo ante todo?
-¿De qué?
- El médico es un tipo sexual, me dijiste.
-Sí.
- Y ahí está el problema, porque él la excita, y por eso ella se resiste a entregarse al tratamiento.
- Bueno, y va al consultorio. Y ella le habla con toda sinceridad, de que su miedo más grande es a que la bese un hombre y se vuelva pantera.
martes, 24 de julio de 2018
Catorce de julio
Los invitados llegaban en parejas. En el recibidor alguien recogía los abrigos de mink. Les asignaban una mesa acogedora para disfrutar a los músicos, quienes gustosamente tocaban melodías en referencia a la revolución francesa. Cada uno de aquellos relataba con ánimo la historia de la chanson que ejecutaba.
-"Esta surge por la esperanza de algún romántico deseoso de que la revolución terminara y, después pudiera ver a su amada".
-"París significa Ciudad amurallada. Cuenta la leyenda que un gran señor tenía en sus manos, la llave que conducía a la puerta de un dique, si ésta fuese abierta, la metrópoli quedaría sepultada. Aquel hombre le advirtió esto a su hija. Más tarde, el anciano murió. Aquella se enamoró del hombre equivocado, quien sutilmente la convenció de entregarle la llave".
Así sucesivamente cada uno narró la introducción a su número.
-"París significa Ciudad amurallada. Cuenta la leyenda que un gran señor tenía en sus manos, la llave que conducía a la puerta de un dique, si ésta fuese abierta, la metrópoli quedaría sepultada. Aquel hombre le advirtió esto a su hija. Más tarde, el anciano murió. Aquella se enamoró del hombre equivocado, quien sutilmente la convenció de entregarle la llave".
Así sucesivamente cada uno narró la introducción a su número.
El principal momento artístico llegó con la ópera Carmen, de Bizet. La soprano lucía un vestido negro, soberbio; cabello rubio, ojos azules. Con dulce voz deleitaba los oídos de los comensales, quienes abrían con La soupe á l'oignons. Entre las invitadas de honor estaba una mujer de sesenta y un años, tez morena, complexión media, uno sesenta y ocho de estatura, cabello café oscuro y corto, con lentes redondos, algunos lunares en el cuello. Además, soltera, sin hijos. Mientras avanzaba la nota de Bizet, L'amour est enfant de boheme, parecía todo tranquilo, perfecto, con la sensación de tener un ser divino en frente redimiendo las conciencias de los convidados. Y así, continuaban con El coq au vin, ni siquiera podían comentar el exquisito sabor del platillo, parecían experimentar una suerte de orgasmo digestivo con Si tu ne m'aimes pas je t'aime.
La mujer parecía compartir la efusión de ese momento liberador casi perfecto, de no haberse percatado de su discípula, quien llegaba en compañía de otra mujer de tez morena. Recordó los taches rojos que había escrito con tiza en el rectángulo verde colgado sobre la pared. El número de veces que planteó una misma pregunta, "Qu' Est-ce que tu fais?", "Que tu fais?", "Que fais-tu?", "Tu fais quoi?!", hasta el grado de perder la cordura. "¡¿Entiendes que hay mil maneras de hacer una pregunta?! Repite conmigo". El método antiquus seguía siendo funcional en el siglo, excepto por aquellos locos que lo querían omitir, amén de llevarlos a la caja de acero o aplicarles cualquier estirón a fuerza de desmembrarlos como en La Francia.
Una lágrima salpicó uno de sus lentes, quiso esconder su mirada en los postes del objeto. Sintió que no era su revolución ni su gloria la que había que celebrar. En tanto los invitados llegaban a los macarons de colores, la soprano cerraba con Prends garde a toi.
Edith González
La mujer parecía compartir la efusión de ese momento liberador casi perfecto, de no haberse percatado de su discípula, quien llegaba en compañía de otra mujer de tez morena. Recordó los taches rojos que había escrito con tiza en el rectángulo verde colgado sobre la pared. El número de veces que planteó una misma pregunta, "Qu' Est-ce que tu fais?", "Que tu fais?", "Que fais-tu?", "Tu fais quoi?!", hasta el grado de perder la cordura. "¡¿Entiendes que hay mil maneras de hacer una pregunta?! Repite conmigo". El método antiquus seguía siendo funcional en el siglo, excepto por aquellos locos que lo querían omitir, amén de llevarlos a la caja de acero o aplicarles cualquier estirón a fuerza de desmembrarlos como en La Francia.
Una lágrima salpicó uno de sus lentes, quiso esconder su mirada en los postes del objeto. Sintió que no era su revolución ni su gloria la que había que celebrar. En tanto los invitados llegaban a los macarons de colores, la soprano cerraba con Prends garde a toi.
Edith González
viernes, 6 de julio de 2018
La piedra angular
Como casi todos los días, se reunieron los tres para comer, en un restaurante de la villa. Él pidió el clásico sándwich, ella ordenó un filete, la otra persona una sopa azteca. Cada uno estaba centrado en sus pensamientos y deseos próximos: "Con este sueldo parece que no vamos a sobrevivir en un futuro", "quiero que se lleven bien las dos", "qué estaría viendo, si me hubiese casado con el hombre de mi vida". Entre bocado y bocado, cada uno platicaba de la jornada del día, excepto ella, quien sigilosamente comía su filete con los ojos hundidos, cansada y temerosa de subir un gramo más de su talla.
-"¿No vas a hablar?"- dijo él.
- "¿De qué?"- respondió ella en un tono severo.
- "Has estado callada toda la comida."
-"No sé de qué hablar, a veces los siento volubles. No sé si esta vez ella esté enojada."
- "Yo no estoy enojada, al menos no te he puesto mi cara, ¿o sí?"
"Déjala hijo, quizá se sienta mal. Tal vez le fue mal en su trabajo." Las suposiciones y el tono suelto de la señora la molestaron. En ese momento recordó, que en los últimos días habían estado muy ocupados: el trabajo, la casa y los hijos. No tenía cabeza para tolerar un poco más los aires de soberbia de la señora.
-"Creo que su estrés lo está desbordando con nosotros. Las preocupaciones de su otro hijo las descarga con nosotros. La vida de cada una de sus nueras debería ser contada por ellas mismas, no por usted".
-"Pues creo que yo nunca te he puesto mala cara, por lo demás, cuando seas mamá comprenderás."
-"En los días que enfermé de gripe, tuve que arreglármelas sola. No tuvo tiempo para venir a la casa."
-"Te he visitado, pero la más apropiada en verte es tu mamá, ¿no crees? El día que la vea se lo puedo decir en su cara".
El mesero no podía creer lo que estaba viendo. Era su mesa, sus clientes y su suerte. Aquellos no paraban de discutir incluyendo a Horacio, quien no sabía cómo detener la situación que se había salido de sus manos. Lo único que había intentado era "unirlas". Eso no lo entendía ninguna. Se apresuraron a pedir la cuenta y dejaron el dinero sobre la mesa con la propina. A pesar de la negra situación, la señora insistía en dejar el porcentaje correspondiente del servicio. Antes de que la puerta se cerrara, el mesero dijo, "se les olvida esto", y devolvió la propina. Él insistió en que el mozo aceptara el plus; sin embargo, su pareja dijo, "creo que hay un momento más emergente qué atender que esto, vámonos". Lo jaló del brazo hacia el estacionamiento y continuó la discusión. Durante el trayecto en la carretera, su pareja pensó en lo más trágico. La pelea paró enfrente de la casa, cuando ella dijo, "me voy de la casa", él contestó "me haces un favor" y la señora, "no lo busques". El sonido de la puerta le trastornó la cabeza, sintió un vacío en el estómago y tuvo un ligero mareo.
"Me voy porque me voy". No se daba cuenta de la tormenta que hacía en un vaso de agua, mucho menos en que había sobrepasado el límite de su libertad, se había dirigido de manera prepotente y grosera con la señora. Entonces tomó las cajas de cartón acumuladas en el garaje y empezó a empacar los platos, las tazas, las cucharas: toda la loza. Su mente seguía en negro. Recogió su ropa y la de sus hijos. Habló a la mudanza, cerraron el trato y, al segundo día, recogería sus muebles. Esta era la tercera vez que empacaba todo. No había poder sobrehumano que la hiciera cambiar de opinión. Los ruegos de arrepentimiento de Horacio no bastaban, para ella era inefable el suceso. No quería repetir patrones de vida. Se imaginaba a sí misma como si estuviera viendo pasar por ella a su bisabuela, abuela, madre, hermanas, y a todas las mujeres de telenovelas. ¡Qué horror aceptar semejante condición! Más valía ser madre soltera que cargar con la cruz.
Tan pronto como estuvo sola, empezó a extrañar el aroma de él, imaginó su sonrisa, las palabras de ruego, el estado casi enfermizo que adoptó en unos días, pues el cigarro lo había consumido, sin probar bocado ni agua. Quiso retroceder el tiempo y volver a empezar.
Edith González
jueves, 17 de mayo de 2018
"Hombres necios", Sor Juana Inés de la Cruz
Redondilla "Hombres necios", Juana de Asbaje y Ramírez de Santillana
Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:
si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
el niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.
Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.
¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo,
y siente que no esté claro?
Con el favor y desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.
¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata, ofende,
y la que es fácil, enfada?
Más, entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.
Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?
¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga,
o el que paga por pecar?
Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.
Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.
sábado, 28 de abril de 2018
DÉCIMA de Calderón de la Barca
1
A la Muerte
¡Oh tú, que estás sepultado
en el sueño del olvido,
si para tu bien dormido,
para tu mal desvelado!
Deja el letargo pesado,
despierta un poco, y advierte
que no es bien que desa suerte
duerma, y haga lo que hace
quien está desde que nace
en los brazos de la muerte.
Da lugar al pensamiento
para que discurra, y veas
y que lo más que tú deseas
no es más que soplo de viento.
No labres sin fundamento
máquinas de vanidad,
pues la mayor majestad
en un sepulcro se encierra,
donde dice, siendo tierra:
«Aquí vive la verdad…».
Mira cómo pasó ayer,
veloz como tantos años:
evidentes desengaños
del limitado poder.
Lo que fue dejó de ser,
y no quedó dello más
del ha sido: tú, que vas
por este mundo inconstante,
mira que el que va adelante
avisa al que va detrás.
La corona y la tiara
que tanto el mundo estimó
¿qué se hizo?, ¿en qué paró
sino en lo que todo para?
¡Oh mano del mundo avara!
Si tanto bien nos limitas,
¿para qué, di, nos incitas
a aspirar a más y más,
si lo que despacio das
tan de prisa nos lo quitas?
Si te engaña el propio amor
para que no veas el daño,
la muerte, que es desengaño,
sirva de despertador.
Hoy nace la tierna flor
y hoy su curso se termina;
todo a la muerte camina:
la estatua del más bizarro,
como está fundada en barro,
la deshace cualquier china.
¿En qué piensas o a qué aspiras
cuando tras tu gusto vas,
pues dél no te queda más
que enemigos que conspiras?
Si es que adelante no miras,
mira la vida pasada,
que si en tan corta jornada
lo más pasa desa suerte,
hasta llegar a la muerte,
¿qué te queda? Poco o nada.
Desde el nacer al morir
casi se puede dudar
si el partir es el parar,
o el parar es el partir.
Tu carrera has de seguir:
y pues con tal brevedad
pasa la más larga edad,
¿cómo duermes y no ves
que lo que aquí un soplo es
es allá una eternidad?
Mira el tiempo volador
cómo pasa, y considera
cómo va tras la carrera
desde el menor al mayor.
El esclavo y el señor
corren parejas iguales,
que como nacen mortales,
iguales van a la hoya,
de cuya deshecha Troya
aún no quedan la señales.
La juventud más lozana
¿en qué paró?, ¿qué se hizo?
Todo el tiempo lo deshizo
y anocheció su mañana,
la muerte siempre es temprana
y no perdona a ninguno:
goza del tiempo oportuno,
granjea con tu talento,
que aquí dan uno por ciento
y allí dan ciento por uno.
¿Qué eternidades te ofrece
la más dilatada vida,
pues que apenas es venida
cuando se desaparece?
Hoy piensas que te amanece
y es el día de tu ocaso.
¡Término breve y escaso!
Mas ¿qué mucho, si volando
te va la muerte buscando
cuando tú vas paso a paso?
La dama más celebrada,
lazo en que todos cayeron,
ella y ellos, di, ¿qué fueron
sino tierra, polvo y nada?
¡Oh limitada jornada,
oh frágil naturaleza!
La humildad y la grandeza
todo en nada se resuelve:
es de tierra y a ella vuelve,
y así, acaba en lo que empieza.
¿De qué te sirve anhelar,
por tener y más tener,
si eso en tu muerte ha de ser
fiscal que te ha de acusar?
Todo acá se ha de quedar;
y pues no hay más que adquirir
en la vida que el morir,
la tuya rige de modo,
pues está en tu mano todo,
que mueras para vivir.
1
A la Muerte
¡Oh tú, que estás sepultado
en el sueño del olvido,
si para tu bien dormido,
para tu mal desvelado!
Deja el letargo pesado,
despierta un poco, y advierte
que no es bien que desa suerte
duerma, y haga lo que hace
quien está desde que nace
en los brazos de la muerte.
Da lugar al pensamiento
para que discurra, y veas
y que lo más que tú deseas
no es más que soplo de viento.
No labres sin fundamento
máquinas de vanidad,
pues la mayor majestad
en un sepulcro se encierra,
donde dice, siendo tierra:
«Aquí vive la verdad…».
Mira cómo pasó ayer,
veloz como tantos años:
evidentes desengaños
del limitado poder.
Lo que fue dejó de ser,
y no quedó dello más
del ha sido: tú, que vas
por este mundo inconstante,
mira que el que va adelante
avisa al que va detrás.
La corona y la tiara
que tanto el mundo estimó
¿qué se hizo?, ¿en qué paró
sino en lo que todo para?
¡Oh mano del mundo avara!
Si tanto bien nos limitas,
¿para qué, di, nos incitas
a aspirar a más y más,
si lo que despacio das
tan de prisa nos lo quitas?
Si te engaña el propio amor
para que no veas el daño,
la muerte, que es desengaño,
sirva de despertador.
Hoy nace la tierna flor
y hoy su curso se termina;
todo a la muerte camina:
la estatua del más bizarro,
como está fundada en barro,
la deshace cualquier china.
¿En qué piensas o a qué aspiras
cuando tras tu gusto vas,
pues dél no te queda más
que enemigos que conspiras?
Si es que adelante no miras,
mira la vida pasada,
que si en tan corta jornada
lo más pasa desa suerte,
hasta llegar a la muerte,
¿qué te queda? Poco o nada.
Desde el nacer al morir
casi se puede dudar
si el partir es el parar,
o el parar es el partir.
Tu carrera has de seguir:
y pues con tal brevedad
pasa la más larga edad,
¿cómo duermes y no ves
que lo que aquí un soplo es
es allá una eternidad?
Mira el tiempo volador
cómo pasa, y considera
cómo va tras la carrera
desde el menor al mayor.
El esclavo y el señor
corren parejas iguales,
que como nacen mortales,
iguales van a la hoya,
de cuya deshecha Troya
aún no quedan la señales.
La juventud más lozana
¿en qué paró?, ¿qué se hizo?
Todo el tiempo lo deshizo
y anocheció su mañana,
la muerte siempre es temprana
y no perdona a ninguno:
goza del tiempo oportuno,
granjea con tu talento,
que aquí dan uno por ciento
y allí dan ciento por uno.
¿Qué eternidades te ofrece
la más dilatada vida,
pues que apenas es venida
cuando se desaparece?
Hoy piensas que te amanece
y es el día de tu ocaso.
¡Término breve y escaso!
Mas ¿qué mucho, si volando
te va la muerte buscando
cuando tú vas paso a paso?
La dama más celebrada,
lazo en que todos cayeron,
ella y ellos, di, ¿qué fueron
sino tierra, polvo y nada?
¡Oh limitada jornada,
oh frágil naturaleza!
La humildad y la grandeza
todo en nada se resuelve:
es de tierra y a ella vuelve,
y así, acaba en lo que empieza.
¿De qué te sirve anhelar,
por tener y más tener,
si eso en tu muerte ha de ser
fiscal que te ha de acusar?
Todo acá se ha de quedar;
y pues no hay más que adquirir
en la vida que el morir,
la tuya rige de modo,
pues está en tu mano todo,
que mueras para vivir.
La muerte de Artemio Cruz, Carlos Fuentes
Cito un fragmento de la novela de Carlos Fuentes.
"Se sintió cansada, se sentó sobre el sofá, tomó un pequeño libro, encuadernado en cuero, de la mesa lateral y lo hojeó. Hizo a un lado la melena rubia que le cubría la mitad del rostro, buscó la luz de la lámpara y murmuró en voz baja lo que leía, con las cejas altas y una tenue resignación en los labios. Leyó y cerró el libro y dijo: -Calderón de la barca, y repitió de memoria, mirando al hombre: -¿No ha de haber placer un día? Dios, di, para qué crió flores, si no ha de gozar el olfato del blando olor de sus fragantes aromas...
Se alargó sobre el sofá, tapándose los ojos con las manos, repitiendo con una voz precisa, cansada, una voz que no quería escucharse o ser escuchada: -...¿si el oído no ha de oírlas?...¿si no han de verlo los ojos?...y sintió la mano de él sobre su cuello, tocando las perlas vivas, en contacto con la piel del pecho." p.303
domingo, 1 de abril de 2018
BORGES
En voz de Borges, Waldermar Verdugo-Fuentes
(Tomado del texto original)
SU VISIÓN DEL HOMBRE
La medida del hombre es el Universo.
Lao-Tse
Mullah Nasrudin entró en cierta ocasión a una tienda y preguntó al propietario:
-¿Me ha visto usted alguna vez antes?
-No- fue la inmediata respuesta.
-Entonces-exclamó Nasrudin-, ¿cómo sabe que soy yo?
De los sufies
lunes, 19 de marzo de 2018
La teoría del todo, Stephen W. Hawking
La teoría del todo: El origen y el destino del universo
Stephen W. Hawking
(Todo es extracto del texto original del autor).
EL COMIENZO DEL UNIVERSO
"el universo empezó en un tiempo finito y no muy lejano en el pasado". (p.21)
"San Agustín aceptaba una fecha en torno al 5000 a.C. para la creación del universo según el libro del Génesis. Resulta curioso que esta fecha no está muy lejos de la última glaciación, aproximadamente en 10000 a.C., que es cuando empezó realmente la civilización." (p.22)
"Se podría explicar lo que se observaba de una de dos maneras: o bien el universo había existido siempre, o bien se puso en marcha en algún tiempo finito de modo que pareciera que había existido siempre. Pero, en 1929, Edwin Hubble hizo la singular observación de que, dondequiera que miremos, las estrellas se están alejando rápidamente de nosotros (...) De hecho, parecía que hubo un momento hace entre 10.000 y 20.000 millones de años en que todos estaban exactamente en el mismo lugar (...)
"Las observaciones de Hubble sugerían que hubo un momento llamado el big bang en el que el universo era infinitesimalmente pequeño y, por consiguiente, infinitamente denso. Si hubo sucesos anteriores a ese momento, no podría afectar a lo que sucede en el tiempo presente. Su existencia puede ignorarse porque no tendría consecuencias observacionales.
"Se puede decir que el tiempo tuvo comienzo en el big bang, simplemente en el sentido de que no pueden definirse tiempos anteriores (...) si el universo se está expandiendo, puede haber razones físicas de por qué tuvo que haber un comienzo (...) Un universo en expansión no excluye la figura de un creador, pero pone límites a cuándo Él podría haber realizado su obra. (pp. 22-23)
"A muchas personas no les gusta la idea de que el tiempo tenga un comienzo, probablemente porque suena a intervención divina. (La Iglesia católica, por el contrario, ha aceptado el modelo del big bang, y en 1951 proclamó oficialmente que está de acuerdo con la Biblia.). (p. 39).
EL ORIGEN Y EL DESTINO DEL UNIVERSO
"Durante la década de 1970, me había dedicado básicamente a los agujeros negros. Sin embargo, mi interés por las cuestiones sobre el origen del universo se reavivó en 1981, cuando asistí a una conferencia sobre cosmología en el Vaticano (...)
"Al final de la conferencia se nos concedió a los participantes una audiencia con el Papa. Nos dijo que estaba bien estudiar la evolución del universo después del big bang, pero que no debíamos investigar sobre el propio big bang porque eso era el momento de la creación y, por consiguiente, la obra de Dios. "(p.87).
EL MODELO DEL BIG BANG CALIENTE
"En el propio big bang, el universo tenía tamaño cero, y por lo tanto debía de haber sido infinitamente caliente. Pero a medida que el universo se habría ido expandiendo, la temperatura de la radiación habría decrecido. Un segundo después del big bang habría caído hasta unos 10.000 millones de grados. Esta es aproximadamente mil veces la temperatura en el centro del Sol, pero temperaturas tan altas como esta se alcanzan en explosiones de bombas H (...)"(p.88).
LOS MODELOS DE FRIEDMANN
"(...) las observaciones actuales sugieren que probablemente el universo se expandiría para siempre. Pero no lo demos por hecho. De lo que podemos estar realmente seguros es que incluso si el universo va a colapsar de nuevo, no lo hará durante al menos otros 10.000 millones de años, puesto que ya ha estado expandiéndose durante al menos ese tiempo. Esto no debería preocuparnos demasiado, puesto que para entonces, a menos que tengamos colonias más allá del sistema solar, la humanidad habrá desaparecido hace tiempo, extinguida con la muerte de nuestro Sol." (p.38).
"Al final de la conferencia se nos concedió a los participantes una audiencia con el Papa. Nos dijo que estaba bien estudiar la evolución del universo después del big bang, pero que no debíamos investigar sobre el propio big bang porque eso era el momento de la creación y, por consiguiente, la obra de Dios. "(p.87).
EL MODELO DEL BIG BANG CALIENTE
"En el propio big bang, el universo tenía tamaño cero, y por lo tanto debía de haber sido infinitamente caliente. Pero a medida que el universo se habría ido expandiendo, la temperatura de la radiación habría decrecido. Un segundo después del big bang habría caído hasta unos 10.000 millones de grados. Esta es aproximadamente mil veces la temperatura en el centro del Sol, pero temperaturas tan altas como esta se alcanzan en explosiones de bombas H (...)"(p.88).
LOS MODELOS DE FRIEDMANN
"(...) las observaciones actuales sugieren que probablemente el universo se expandiría para siempre. Pero no lo demos por hecho. De lo que podemos estar realmente seguros es que incluso si el universo va a colapsar de nuevo, no lo hará durante al menos otros 10.000 millones de años, puesto que ya ha estado expandiéndose durante al menos ese tiempo. Esto no debería preocuparnos demasiado, puesto que para entonces, a menos que tengamos colonias más allá del sistema solar, la humanidad habrá desaparecido hace tiempo, extinguida con la muerte de nuestro Sol." (p.38).
lunes, 12 de febrero de 2018
Sueños II
Eran las once de la noche. Estaba prácticamente en bata, metida entre las sábanas blancas con aroma a alcohol, típico de los hospitales. Veía a través de la ventana, y lo único que se podía ver era otro edificio igual de grande, con ventanas enormes, vacío.
A mi derecha se encontraba una mujer acostada en su cama, en bata, convaleciente de una operación de pulmón; más allá, a su derecha, estaba una mujer de cuarenta años con retraso mental y con varias operaciones. Cada una de nuestras camas estaba dividida por cortinas rosas. Frente a cada una de nosotras había otra mujer en cama. Un lado y otro separado por el baño compartido por las seis. Se sentía un clima cálido, diríamos, tibio.
A mi izquierda tenía inmovilizado mi brazo por una gran aguja que permitía el paso a varios medicamentos en suero. Sentía mi cuerpo atravesado por un líquido frío, cada vez más metálico mientras que el gotero del suero se hacía más copioso. Tres días sin comer ni siquiera líquido. Con todo el banquete de medicamentos, pensaba que me iba a volver loca. La cama de al lado tenía conectado el tanque de oxígeno, sentía que murmullos salían de ahí para confesarme algún enigma. Miraba para todos lados sin encontrar salida. Quería arrancarme las sondas e irme a casa, pensaba que todo era un mal sueño. Deseaba llamar al taxi de siempre y largarme a mi cama. Dudé por un tiempo y pensé que así terminaban los locos.
A las doce de la noche escuchaba mesas metálicas arrastrándose, esperé segundos, minutos, un par de horas, y ninguna llegaba a mi cama. Creí que estaba esperando a mi verdugo, que no podía fallar, esa era la noche, no otra. Se me hizo largo el tiempo de espera, pasaban a las camas del frente, ellos dejaban azotar los empaques de medicamentos vacíos dentro de un bote alto, por lo cual el ruido y el temor era más intenso porque no sabía que era eso, sino golpes en la pared provocados por un guante o un cojín. Mi mente estaba a punto de estallar, lloraba de impotencia, quería desaparecer.
Pensé en los días anteriores, imaginé que esas cortinas ya las había visto en sueños pasados, rostros ajenos, trajes blancos. Me vi rebasada por mis propios sueños. Creí que todo era un error, una exageración mía. Un pequeño dolor tenía solución a mi manera, ¿para qué llegar a estos extremos de locura?, recordé que era impulsiva, ¿podría tomar mis cosas e irme? No. El día estaba señalado. Todos estaban preparados, menos yo.
Edith González
Edith González
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