lunes, 13 de febrero de 2017

"Hacia una sociedad de la incomunicación", Eduardo Galeano


"(...) Nunca la tecnología de las comunicaciones ha sido tan perfeccionada; y, sin embargo nuestro mundo se parece cada día más a un reino de mudos. La propiedad de los medios de comunicación de masas se concentra cada vez en menos manos; los medios de comunicación de masas dominantes están controlados por un número pequeño de poderosos que tienen el poder de dirigirse a la inmensa mayoría de los ciudadanos del planeta. Nunca una minoría ha mantenido a tantos hombres en la incomunicación. El número de quienes tienen derecho a escuchar y de mirar no cesa de crecer mientras se reduce vertiginosamente el número de quienes tienen el privilegio de informar, de expresar, de crear. La dictadura de la palabra única y de la imagen única, tan devastadora como del partido único, impone por todas partes un mismo modo de vida y concede el título de ciudadano ejemplar, a aquel que es consumidor dócil, espectador pasivo, fabricado en serie, a escala planetaria, según el modelo propuesto por la televisión comercial americana.

"(...) En este mundo sin alma, en que los medios de comunicación de masas nos presentan como el único mundo posible, los pueblos han sido reemplazados por lo mercados; los ciudadanos, por los consumidores; las naciones, por las empresas; las relaciones humanas, por las competencias comerciales. 

"(...) Coches invencibles, jabones prodigiosos, perfumes excitantes, analgésicos mágicos: a través de la pequeña pantalla, el mercado hipnotiza al ciudadano consumidor. Pero a veces entre anuncio y anuncio, la televisión exhibe algunas imágenes de hambre y de la guerra. Estos horrores, estas fatalidades, llegan de otro mundo, del infierno, y no hacen más que subrayar el carácter paradisíaco de la Sociedad de consumo.

"(...) Los amos de la información, en la era de la informática, denominan comunicación al monólogo del poder (...)".

Eduardo Galeano es escritor y ensayista uruguayo.
El texto es un fragmento de un artículo originalmente publicado en francés en Le Monde Diplomatique y traducido por Carlos Lomas y Amparo Tusón. 

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