martes, 27 de noviembre de 2018

Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer

Fragmento tomado de Rimas y Leyendas de Bécquer.

No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira.
Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas;
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista;

mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías:
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que el cálculo resista;

mientras la Humanidad, siempre avanzando
no sepa a do camina;
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!

Mientras sintamos que se alegra el alma
sin que los labios rían;
mientras se llore sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;

mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan;
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran;
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira;

mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas;
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!

domingo, 11 de noviembre de 2018

Un día más


Los gatos se estiran sobre el tejado humeante,
hojas secas bailotean con el aire,
cual ovejas en rebaño, las nubes se van empujando,
un conejo se esconde,
en puntillas, un lobo avanza a lo lejos.

El sonido de una campana que muere,
la tierra con sabor a metal,
un beso en el aire,
insecto devorado por un ave,
desintegración del cadáver,
fermento de la tierra,
llanto de un niño:
promesa del padre.

Por Edith González





domingo, 4 de noviembre de 2018

Loca

Loca la llaman quienes no la conocen,
descalza anda por los charcos en donde habitan los sapos, 
de rama en rama pasa las manos buscando un verde ciruelo
para probarlo y sentir el cosquilleo entre las encías hechas agua. 

Bailotea en el aire haciendo piruetas y formas vagas.
En la tierra deja su huella con cada pisada,
sin sandalias, sin marcas, sin nada.

Un vestido de encajes blancos lleva puesto,
cual otrora vistió a una señora.
Sube al columpio y se balancea en el tiempo infinito,
tiempo de ciruelos, de la nuez, de la naranja, del durazno.

Sus rodillas parecen rotas cual Cristo herido,
corriendo entre milpas buscando elotes y la mejor caña.
Masca el bagazo como si fuera colación de colores.
Mira sus rodillas hechas añicos y sacude el polvo de su falda.

Toma un puñado de maíz que se escurre entre sus manos,
toma una mazorca negra y la desgrana en la olotera. 
Sin tiempo, sin espacio, sin nada, en el solar de la abuela que descansa. 

Edith González

viernes, 2 de noviembre de 2018

La Dama de las Camelias, Alejandro Dumas (Fragmento)

-Quiero decir que hay personas que llevan el orgullo hasta aquí. Así, por ejemplo, esa señorita Gautier parece ser que llevó una vida muy alegre, si me permite decirlo. Ahora la pobre señorita está muerta, y de ella queda tanto como de las que nadie tiene nada que decir y que regamos a diario; pues bien, cuando los parientes de las personas que están enterradas al lado de ella se han enterado de quién era, se les ha ocurrido decir que se opondrían a que la pusieran acá, y que debería haber terrenos aparte para ese tipo de mujeres, como para los pobres. ¿Habrase viso? Ya les dije yo sus cuatro verdades, ya lo creo; tipos que viven de sus rentas y que  no vienen cuatro veces al año a ver a sus difuntos, que traen ellos mismos sus flores. ¡Y mire qué flores! Les cuesta pagar el mantenimiento de las tumbas de aquellos a quienes pretenden llorar, escriben sobre las tumbas lágrimas que nunca han derramado y luego vienen con exigencias en cuanto al vecindario. Créame usted si quiere, señor, yo no conocí a esa señorita ni sé lo que haya hecho, pues bien, yo la quiero a la pobrecita, y la cuido, y le vendo las camelias al justo precio. Es mi muerta predilecta. Nosotros, señor, tenemos que conformarnos con amar a los muertos, porque estamos tan atareados que casi no tenemos tiempo de querer a nadie más.