domingo, 3 de septiembre de 2017

Señor Miles

El ascensor se abrió de golpe, se escuchó el sonido y todos entraron en bola, como niños en excursión.

La caja metálica subió al noveno piso. Se abrió como regalo. Salieron encantados y, pensaron que estaban en un mundo feliz. Frente a ellos se extendía un bar, --como el Milk Korova--, apareció un yanqui con bigotes dalinescos, lucía una pequeña piocha y algo de soberbia, aquel hombrecillo los condujo a las delicias. 

Hipnotizados por las computadoras, los ahí reunidos no se dieron cuenta de las visitas. Números y números aparecían en sus pantallas. Judíos, árabes, españoles, franceses, norteamericanos, asiáticos y chinos,--que parecían modelar--, bebían  tarros de cerveza mientras tecleaban cifras. Con un click entregaban a miles de seguidores a la compañía X, a cambio recibían un jugoso cheque.

"Ahora vamos al sexto piso"-dijo el guía-, los demás lo siguieron y llegaron a un orfanato en donde bebés hacían doodles. "Sigamos", "vamos al séptimo", "aquí tienen". Ancianos aprendiendo a usar Word. "Lo que quieran saber, yo les enseño",-dijo una anciana-, y todos soltaron carcajadas. 

Continuaron, en el quinto nivel, vieron a docenas de pubertos resolviendo algoritmos en tablets. "Es un servicio gratuito que hace la casa", "es como un cyber, la gente paupérrima llega a ocupar los aparatos por un tiempo y sin más, se va". 

Cuando ya todos estaban cansados de subir y bajar, el hombrecillo dijo, "Este es el momento crucial de nuestra invitación", y todos los ahí presentes abrieron los ojos. "Sentémonos a dialogar. No hay negocio de por medio". No hay contrato. No nada. "Lo que quieran probar, ¡ahí está!", y abrió los brazos,  "snacks". "Ustedes están aquí por orden del señor Miles". Fueron la carnada para descubrir proyectos que podrían beneficiar a la Casa. "Cuando gusten pueden seguir contribuyendo con nosotros". Sin ninguna garantía de volverlos ricos, todo lo contrario. "¡Vámos!",--dijo persuadiéndolos. "Tomemos fotos". "Impulsemos a la juventud". Un beso, te lo regalo, es tuyo. "¿Cómo cerramos?". Un apretón de manos.

Al final llegó el licenciado para dar fe de los hechos, el juego no era ganar-ganar, y con su dedo medio, señaló un párrafo con letras chiquitas, guiñó el ojo e hizo una invitación a seguirlo. Mientras tanto la oficina de redacción preparaba el gran titular, "Señor Miles haciendo labor altruista". "¡Posen para la foto!". Plash.

Edith González



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