Esta novela aparentemente infantil y dirigida a un lector de corta edad, creo, es para mí, como lectora de una primera leída, bastante exquisita y con un arsenal de metáforas que además, guía cómo debe ser entendida y leída la obra.
En este tenor, esa niña curiosa y malcriada que es Alicia, quien escasamente tiene ocho o nueve años, refleja la naturaleza inquieta e inocente que pasa por una serie de aventuras en un mundo de seres fantásticos como: el conejo, la Liebre de Marzo, el Lirón, el Sombrerero, la Oruga, la Tortuga Falsa, por decir algunos. Todos ellos le muestran su mundo en donde existe una lógica y para entenderlos hay que entrar a su juego, su lógica. Por ejemplo, cuando la niña llega a la mesa de la Liebre de Marzo, el Sombrerero y el Lirón, puede comprender por qué todo el tiempo están tomando el té, además de que sabemos que la historia está ubicada en Inglaterra; lo curioso es que el tiempo se ha detenido a las seis de la tarde, por lo cual, ni siquiera hay tiempo de lavar la loza, por lo tanto, sólo se recorren de asiento para beber el té en una taza limpia, lo cual explica ese movimiento circular al rededor de la gran mesa. Y cuando le preguntan a ella que si quiere más té, ella contesta que no puede tomar más té puesto que antes no ha tomado nada, "-Quieres decir que no puedes tomar menos-puntualizó el Sombrerero-. Es mucho más fácil tomar más que nada." El discurso y las palabras toman un tinte más que semántico y gramatical, se vuelve filosófico entrando al terreno de la lógica.
Alicia no es tímida ni paciente, más bien lo contrario, una niña mimada, inteligente e inoportuna, que a pesar de salir avante en cada discusión con los personajes mencionados, demuestra el lado humano, justo e inocente de los de su edad al entrar en juego en cada una de sus aventuras, pero antes de que despierte de ese gran sueño, deja entrever un contexto marcado como en otras latitudes, la tiranía o monarquía representada por la Reyna, quien hace girar a todos en su centro absurdo e incómodo desde la perspectiva de la niña que no volverá a su estado de vigilia como la chiquilla inocente.
Considero que cualquier lector podría ser uno de los personajes de esta gran novela, y cualquier país podría ser El país de las maravillas con sus propios monarcas, Guillermos y papas.
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