sábado, 6 de mayo de 2017

Celia


Como cada mañana, la mujer de sesenta años, se levantaba a las cinco. Con su peine negro, alisaba su cabello de plata, untaba vaselina para hacerlo más brilloso. Tomó un cordón rosa y con su mano agrietada, entretejió una madeja de cabello con una tira de cordón repetidas veces hasta formar dos trenzas gruesas que terminaban delgadas. Al final, las dobló y anudó en moño. 

Tomó su blusa de flores, su falda negra. Puso su escapulario con parsimonia en el cuello moreno. Afligida y entregada, sobre sus rodillas, hizo una oración al padre. Levantó con esfuerzo su cuerpo deteniéndose en los tubos dorados de la cama para erguirse. Buscó en la oscuridad su mandil cuadrado con aroma a humo, y lo deslizó por su cabeza.  

Pensó en el nixcómitl que llevaría al molino. Fue a la cocina y encontró la cubeta que contenía su maíz. Con el reboso de rayas, pudo abrazar su contenedor para aminorar la carga. De regreso a su casa, saludaba a todas las personas que se encontraba en el camino. Evitaba charcos y buscaba veredas seguras para no resbalar con las lluvias de agosto.

Ella pensaba que era la cruz que le había tocado. Al entrar a su cocina de humo, podía respirar el tiempo, pensar más detenidamente, no en los segundos, sino en la abuela paterna, cuando a sus nietos les hacía tortillas con sal en forma de bola, o en los tacos de plátano. "¡Qué rico sabía!", pensó mientras pasaba saliva. Ahora, ella entregaba esos molotitos a sus nietos.

Con doce hijos a su cargo, su carácter era enérgico y fuerte. Sólo la letra había entrado en cuatro de ellos hasta la preparatoria, en los demás, hasta la secundaria. Al ver la olla de barro en el clecuil, recordó aquel día en que a uno de sus hijos le encargó los frijoles. Le ganó el sueño, y cuando despertó, los puercos terminaban de lamer el piso. La olla hecha añicos, sólo despedía el aroma de su contenido. Su hijo nunca olvidaría la tunda que recibió con el cinturón, no sólo en el cuerpo, sino en su cabeza.

"Jesús bendito", dijo para sus adentros. Sus ojos se anegaron de lágrimas, secó el recuerdo con el delantal y volteó la tortilla quemada.




Molotito: en Jalisco es una tortilla con sal en forma de bola.
Clecuil: piedras acomodas en forma de círculo que sirven para encender leña y sostener un comal u olla.


Edith González






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