viernes, 23 de septiembre de 2016


El silencio de la Luna

Niebla abraza tu alma,
Marte se cuelga en tu ventana,
marea de tu cuerpo,
hechiza tu cuerpo,
desborda tu sexo.

Esfera universal
reloj de la humanidad,
compañera del sueño,
de la bruja y del loco.

Muestra mi rostro, 
peina mi alma, 
inventa el día, 
reflejo de Medusa.


Edith González

miércoles, 7 de septiembre de 2016


Quisiera escapar de mí,
busco palabras, sonidos,
siluetas; veo las nubes avanzar,
el rayo impetuoso parte la tierra,
la resquebraja, ésta se tuerce, se desgrana,
se hunde.

Te traigo conmigo para no perderte,
estoy contigo porque te olvidas de ellos,
te abrazo, te recuerdo a mí, los párvulos,
los ángeles; pero insistes en regresar con los demonios.
Eso es otra cosa, el oráculo está escrito.


Edith González



Te vi

En los ojos de una mirada turbia, 
seductora, arribista, india, mestiza.
Querías tocar mi espíritu con tu palabra.
Vi tu mirada de fuego, penetrante.
Vi las serpientes de tu lengua queriendo alcanzar 
mi alma.

Me perdí en la danza de los cascabeles, 
del caracol, de la tierra, de mi tierra, ahí me quedé.
No soy de este lugar, soy de allá, desgrano el maíz, toco la yerba,
me encojo con ella, respiro en su piel y sólo hay lugar para el cíclope Sol.





Los días


Los sonidos del tiempo advierten mi vigilia,
mi línea empieza en la tierra roja,
con los viejos, los descarnados, 
los sin tierra, sin Sol y sin patria.

Mi línea roja se funde con otros ríos sin perder su color.
Pronto llegará el tiempo de la danza,
el cascabel y el fuego.
No me encuentro aquí, me hallo allá, con la piel morena,
arrugada, el polvo, la nada.



 La vida es sueño

                                            Cara de piedra moldeada por el viento,
                                            te sostenía entre mis brazos y el tiempo te deshilaba.
En tu mirada profunda,
vi mi destino.
Juego cada día en la noche con los fantasmas.
Descifrando mi origen pierdo los días.
¿Qué se viene a aprender aquí?
Cada día, advierte una sentencia al mundo.
Las estatuas se esfuman.
Los gritos de los niños viejos atraviesan los recuerdos
y vuelvo a comenzar.
                                           


Espera


Me abrazas tocando toda mi cara 
como el viento acaricia las hojas
de otoño.
Te haces presente en mi silencio más oscuro, 
me repites cada mes mi infancia.
Quisiera arrancarte de mí, 
huir, esconderme de ti en una cueva
para de una vez fundirme en la sombra 
con ellos. Te vas, y vuelve mi libertad.
Imploro dejar de huir, 
no convertirme y andar como una hoja.
Miro la palma de mi mano, veo símbolos extraños.