lunes, 30 de diciembre de 2019

Goodbye horses II

El hombre de blanco compró las dalias, las llevó a su nariz y sintió la fragancia de ella. Se habían conocido en un local en donde ella se fue a cortar el cabello, todo inició con una conversación superflua en torno al clima. Hubo un sentimiento de atracción entre los dos, no porque se gustaran realmente, sino porque uno y otro pensó que podrían ser un medio de escapatoria para su vida rutinaria, simple, ¿estancada? Él tenía cuatro hijas pequeñas, la mayor iba en segundo de primaria y la menor en los párvulos. Su mujer lo había abandonado, no estaba para aguantar la carencia económica en casa, las juergas de fines de semana y el mal trato. 

No estaba divorciado, no tenía dinero, los juicios a los que se le convocaban para enviar la manutención por las dos hijas que estaban con la esposa, eran devastadores, las niñas debían de recordar todos los descuidos de su madre para utilizarlo en el juicio en favor del padre. Así que la vida de él estaba en el ojo del huracán, los vecinos sabían de oídas y como testigos su pasado del hombre quien ahora fundaba todas sus esperanzas en volver a rehacer su vida, volver a empezar.

En la ciudad nadie lo conocía, la ubicación de la estética fue estratégica para tratar de ocultar su otra vida, nuevo departamento, mujer, hijo; pero la renta lo comía, así que ese hombre elegante, de traje blanco, sombrero homburg y dalias violeta regresó al pueblo donde antes había vivido con su primer familia.

La segunda mujer de vestido elegante tuvo que renunciar a la ciudad, dejó el departamento en donde no le faltaba nada, pero eso sólo había sido temporal. Lo había planeado él, mientras ella estaba embarazada y tenía a su primogénito. Después, la novela color de rosa había cambiado completamente.

CONTINUARÁ...