miércoles, 3 de octubre de 2018
A un anciano
¿Cómo se puede extrañar a quien apenas se conoce?,
como el niño que encuentra a su mejor amigo en un parque.
¿Quién es ese extranjero tan hermano de tu poesía?,
a quien juegan, crean, tocan, pintan.
Por el lenguaje se miran y se acarician.
Sin raza ni religión, sin clase. Sin nada: sólo la poesía.
¡Qué payaso tan más crítico! haciendo aros de palabras.
¡Qué Virgilio!, comiendo metáforas mientras vigila.
Sólo un músico haciendo circo en la caravana, y
una bruja jugando un colibrí de fuego los miran.
La distancia se acorta cuando nombro la palabra que sale tu boca.
Extiendo mi tiempo en la memoria,
para ver si alcanzo algunos cuadros de azúcar, mientras me logro
yuxtaponer a tus múltiples yo
que trato de asir en la palabra y en la saliva.
Me enredo en el bálsamo de tus palabras,
sólo encuentro el eco de tu voz que aún no conozco,
encuentro vestigios de otro, de un poeta extranjero.
Me pregunto a qué pudieron oler tus palabras,
los caminos de la palma de tu mano se encogen, se alargan:
pasos perdidos.
Edith González
lunes, 1 de octubre de 2018
"Credo urbano", de Oscar Puky Gutiérrez
(Poema de un amigo boliviano, a quien sus amigos llaman Puky).
Credo Urbano
Creo en el poema padre todopoderoso
y en el silencio al que nos acerca.
Creo en la primavera y en otros milagros.
Creo en los domingos
en la pedagogía secreta de un abrazo
sobre todo
creo en el Ser Humano.
Abandono las ciudades de la queja
las urbanizaciones del espanto
las catedrales de la melancolía.
Dejo atrás el traje de la tristeza
los zapatos del quebranto
el maquillaje del desánimo
las sonrisas de utilería.
Vestido de indulgencias
abandono el paraje de lo huraño
el oprobio
la angustia
y la ceniza de los años.
Ataviado de colores
ensombrerado de cariños
hoy
simplemente vivo.
...y la tristeza (esa perra hambrienta)
y los famélicos roedores del invierno
y los pálidos buitres del insomnio
ésos
que esperen sentados.
Hoy no comerán de esta carne:
He resucitado.
Credo Urbano
Creo en el poema padre todopoderoso
y en el silencio al que nos acerca.
Creo en la primavera y en otros milagros.
Creo en los domingos
en la pedagogía secreta de un abrazo
sobre todo
creo en el Ser Humano.
Abandono las ciudades de la queja
las urbanizaciones del espanto
las catedrales de la melancolía.
Dejo atrás el traje de la tristeza
los zapatos del quebranto
el maquillaje del desánimo
las sonrisas de utilería.
Vestido de indulgencias
abandono el paraje de lo huraño
el oprobio
la angustia
y la ceniza de los años.
Ataviado de colores
ensombrerado de cariños
hoy
simplemente vivo.
...y la tristeza (esa perra hambrienta)
y los famélicos roedores del invierno
y los pálidos buitres del insomnio
ésos
que esperen sentados.
Hoy no comerán de esta carne:
He resucitado.
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