lunes, 21 de agosto de 2017

La escalera

Todo empezó desde el día en que mi tía se cambió de casa. Dejó la ciudad, el smog, los súpers, el ruido de los camiones sonando cada mañana en punto de las cinco para hacer paradas en las esquinas, y permitir la subida a no sé cuánto chamaco puberto y cagado.

Mi tía Chongo abandonó todo ese mundo de asfalto, de carro último modelo -obvio de los vecinos-, de centros comerciales, y de banquetas antisépticas. También dejó de ver las caras agrias y largas de los vecinos de su edificio. Se olvidó de la chismosa del lugar, del adicto a mariguana, del papá soltero, de la estafadora del lugar ¡qué psicóloga!... 

En su nueva casa, ubicada a unos kilómetros del anterior departamento, tenía una escalera en espiral que atravesaba tres plantas. Ella no sabía cómo iba a estar de grande su nuevo hogar. Este implicaría un esfuerzo más por pensar, por recordar, por trabajar, por correr: tenía forzosamente que dividirse en varias personas para lograr sus objetivos a la vez en cada planta, y en cada una de estas ser ella misma pero con diferentes funciones.

Eso fue al inicio. Después de algunas décadas, un día trabajaba como de costumbre sobre papeles y papeles en la mesa del comedor mientras escuchaba a Queen, la de "Under Pressure", "Under Pressure", "Under pressure" tronando los dedos de las manos, ¡recordó que tres horas antes había dejado la lavadora trabajando! Se levantó, corrió lo más que pudo hacia las escaleras y subió y subió escalones que se le hacían infinitos para llegar a la puerta de salida al lavado: por fin, tocó el botón rojo y la máquina siguió lavando, cerró las llaves del agua, y se pudo sentir menos culpable.

Nuevamente, bajó escalones uno a uno, pensando en lo que había dejado pendiente y que el renglón no se le fuera a mover del dedo. Siguió escuchando "I want to break free" y se le vinieron recuerdos en cascada de su hermana Gertrus, pensó en su locura, las fiestas, la adolescencia y en los muchos novios que dejó plantados aquella. Pensó, "¿Cómo una canción puede ser capaz de atravesar generaciones completas?", "¿y uno sigue siendo el mismo?", "¿el mismo idiota?". "Y se repiten las mismas burradas". Tocó su rostro y ya no era de durazno. Sintió ganas de llorar, siempre había querido ir a una fiesta con su hermana y, el carácter de ambas no lo permitió nunca.

A eso de las diez de la noche, no podía dormir por los cotidianos "coyotitos" que tomaba por las tardes. Entonces, con un poco de esfuerzo recordó que este techo siempre sonaba a lavadora trabajando, como cuando en su antiguo "depa". Entonces ¡se levantó como pudo, se puso sus enaguas, el calzón largo y de encaje, tomó sus pantuflas, buscó el bastón y mejor subió a gatas las escaleras infinitas para poner stop al botón rojo de la lavadora.

Así fue siempre con mi tía Chongos hasta que pasó a mejor vida. Cómo una escalera te puede subir tan alto, pero también te envía abajo...

Edith González

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