Las aventuras de Pinocho de Carlo Collodi distan un poco de ser lo que Walt Disney nos ha presentado, por lo cual, quiero referir sólo una pizca de una de tantas aventuras que le ocurren al pícaro, travieso e ingenuo personaje, que por cierto no parecen aventuras infantiles sino la vida misma.
Bueno, cierta ocasión Pinocho llega a la ciudad Engañabobos a levantar una denuncia porque una zorra y un gato le robaron cuatro monedas de oro que sembró en un campo dentro de la misma localidad. Entonces, el emperador lo escucha y luego manda que lo apresen por cuatro meses,
"hubiera permanecido más tiempo aún si no se hubiera producido un hecho inmensamente afortunado. Pues cabe saber que el emperador que reinaba la ciudad de Engañabobos, tras haberse cobrado una gran victoria contra sus enemigos, ordenó la celebración de grandes festividades, se dispuso un alumbrado de feria, hubo fuegos artificiales, carreras de caballos árabes y velocípedos y, como señal de la mayor exaltación, quiso que se abriera las cárceles y que salieran todos los malandrines.
-Si los demás salen de la cárcel, también quiero salir yo-le dijo Pinocho al carcelero.
-Usted no-repuso aquel-, porque usted no pertenece a la mayoría.
-Perdone-replicó Pinocho-, pero yo también soy un malandrín.
-En ese caso, tiene toda la razón-dijo el carcelero y, quitándose la gorra respetuosamente al tiempo que le saludaba, le abrió la puerta de la cárcel y le dejó escapar." (pp.74-75).
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