domingo, 12 de junio de 2016

Lluvia




Caes una a una sobre los tejados,
las casas están tristes por Chesman.
Los gatos irrumpen en la noche a los amorosos,
"miau miau", sus ojos de Efesto te ruegan entrar,
¿tú a su mundo? o ¿ellos al tuyo?

Suena el eco de las campanas,
"taaaan, taaaan".
El grito estridente de un cohete desterrado,
rostros escurridos y ensopados acompañan a 
un perro vestido de manchas y un moño.

Murió Chesman, el de la sonrisa diabólica.
Cariatides  enseñando sus dientes,
querubines cínicos danzando sin nada,
serafines soltando carcajadas.


Reloj de arena




Cumbres montañosas tragan el Astro soberbio,
ráfagas de viento arrullando los ojos azules,
arena pasando el tiempo.

Luna cíclope devorando la noche,
estrellas arcanas trianguladas en constelaciones.

Invoco al tiempo en medio de la noche,
ráfagas de almas pasan por mi hombro,
contengo el aliento para gritar tu nombre.

Ojos de noche,
de penumbra,
Edipo.
Escucha el murmullo del tecolote,
del búho.
Rasguña mi espalda lentamente,
cara de tiempo,
te vas mudo.

¡Te imploro!
canta al tiempo,
danza con la noche,
me hechizas,
 tomo tu mano de arena, polvo, nada.




"Recordar el futuro. Imaginar el pasado".

"Recordar el futuro. Imaginar el pasado"
 La gran novela Latinoamericana, Carlos Fuentes.

Cito:
Éste es un modo de decir que, ya que el pasado es irreversible y el futuro incierto, los hombres y mujeres se quedan sólo con el escenario de ahora si quieren representar el pasado y el futuro.

El pasado humano se llama Memoria. El futuro humano se llama Deseo. Ambos confluyen  en el presente, donde recordamos, donde anhelamos.

William Faulkner, uno de los creadores de la memoria colectiva de las Américas, hace decir a uno de sus personajes: Todo es presente,¿entiendes? El ayer sólo terminará mañana y el mañana comenzó hace diez mil años". Y en Cien años de soledad, los habitantes de Macondo inventan el mundo, aprenden cosas y las olvidan, y son forzados a volver a nombrar, a volver a escribir, a volver a evocar: para Gabriel García Márquez la memoria no es espontánea o gratuita o legitimadora; es un acto de supervivencia creativa. Debemos imaginar el pasado para que el futuro, cuando llegue, también pueda ser recordado, evitando así la muerte de los eternamente olvidados (Fin de cita) p. 27.





viernes, 10 de junio de 2016

Configuración de las figuras femeninas-masculinas y de los ciclos diurnos-nocturnos en La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes, a partir de los ciclos de su vida-memoria

Configuring the female-male figures and daytime-night cycles in The Death of Artemio Cruz by Carlos Fuentes, from the life-cycles of memory
EDITH GONZÁLEZ- ESTRADA*

Resumen: El presente artículo pretende dar cuenta de manera limitada, de la configuración de algunos ciclos de la vida-memoria de Artemio Cruz en La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes y con ellos analizar la configuración de las figuras femeninas-masculinas, así como los ciclos diurnos y nocturnos que se entrelazan para formar parte su vida-memoria.

Palabras clave: ciclo, diurno, nocturno, vida-memoria, femenino-masculino, movilizar, configuración.


Abstract: This paper seeks to explain in a limited way, the configuration of some of the life-cycle memory Artemio Cruz The Death of Artemio Cruz by Carlos Fuentes and they analyze the configuration of the female-male figures as well as day and night cycles that interlock to join his life memory.

Keywords: cycling, day, night, life, memory, male-female, mobilizing, configuration.











*Universidad Autónoma del Estado de México, México.
INTRODUCCIÓN

          La vida-memoria del protagonista de La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes, se configura a partir de tres perspectivas narrativas Yo, Tú y Él, sin embargo, para este trabajo me enfoco a hablar de algunos relatos de la perspectiva Él.
          Los años que configuran la vida-memoria del personaje no están dispuestos en la lógica del tiempo convencional ascendente o descendente, sino en espiral.
          Se destacan los años que forman parte del enfoque narrativo Él. Hay tres puntos de esplendor en la vida del personaje que encabezan tres series: 1941, 1919, 1913, 1924, 1927; 1947, 1915, 1934, 1939 y 1955, 1903, 1889, 1960. Estos momentos clave representan su vida empresarial, política y personal, lo cual explica la presencia de una figura femenina diferente en cada periodo de su vida-memoria y con ella la de México.
           El objetivo de este trabajo es mostrar los paralelismos entre los ciclos religiosos prehispánicos, ciclos diurno y nocturno, femenino-masculino, con los de subordinación-poder, privacidad-política/vida pública, en torno a Artemio Cruz y los personajes de su vida.

Ciclo agrícola prehispánico










[Fuente: Fiestas de los pueblos indígenas. Ritos aztecas. Las fiestas de las veintenas,
Michel Graulich, p.429]

Este esquema fue tomado de Ritos aztecas. Las fiestas de las veintenas, de Michel Graulich, en el cual se muestran ciertas correspondencias de la mañana con la juventud,  la tarde con la edad madura o la vejez y la noche con la muerte. Los dos puntos elevados de la curva señalan la estación de secas y el punto descendente marca las lluvias. El primer punto elevado hace referencia al esplendor: equilibrio, juventud, fundación de una ciudad; el otro, a la edad madura y a la vejez. Si partimos por la mitad la curva, exactamente se forman dos ciclos completos. Se conforma la primera estación de secas y de lluvias en la cual se cosecha. El otro ciclo se configura con la segunda estación de secas y de lluvias en la cual se siembra.
Observando detenidamente, se forma una u-ve con todos los nombres de los señores de la temporada de secas y de lluvia, alternativamente se agradece al señor del tiempo de secas y también al de las lluvias. Sale una estación y entra otra, no se descartan sino se complementan. Una está en función de la otra, se corresponden, se complementan, ambas pueden coexistir, una se lee en la otra, ésta anuncia a la que viene.
Algo similar ocurre con los ciclos de la vida-memoria de Artemio Cruz. En sus momentos de esplendor rige un personaje femenino y masculino, y en sus momentos de decadencia gobiernan otros. Igualmente, ciertos personajes de su vida pueden ser leídos en los venideros o en los pasados. La presencia de unos no niega a los otros, los afirma y los extiende hasta donde el lector sea capaz de relacionar la presencia de unos personajes en otros. Esto ocurre en la vida empresarial, política y personal del protagonista, sin embargo, me voy a enfocar más en las figuras de su vida personal que no niegan a las de su entorno político.

CONFIGURACIÓN DE FIGURAS FEMENINAS-MASCULINAS EN LA VIDA DE ARTEMIO CRUZ Y LOS PERSONAJES QUE SE MOVILIZAN EN ESTA

El nacimiento de la abuela Ludivinia, así como el de su nieto Cruz, es simbólico porque ambos nacen detrás de una puerta atrancada y en un momento que marca el fin y el inicio de un ciclo. Ella nace en 1810, él en 1889: independencia y porfiriato. Ambos concebidos en la choza-cueva, en donde cada uno en sus últimos días, trata de recobrar el tiempo perdido entre cuatro paredes humedecidas de recuerdos aparentemente sin tiempo y sin espacio. Son memorias que dejan ver la conexión simultánea de ciertos episodios de la historia de su país hasta el momento en que mueren, la abuela en 1903, él en 1960.
El pasaje de imágenes por la memoria de Ludivinia explica la ascendencia de su familia y parte de la historia cultural de su país que va de Santa Ana hasta Porfirio Díaz.
La ascendencia de la madre de Artemio, Isabel Cruz o Cruz Isabel, –no se sabe cuál es su primer nombre-, es importante para saber el origen de su hijo. Su historia se remonta a la entrada de una familia francesa a Cocuya, Veracruz, la cual por cuestiones políticas se va de Santiago de Cuba y llega al puerto de Veracruz. Los hermanos Isabel Cruz y Lunero entran directo a la hacienda de los Menchaca para trabajar en los plantíos de tabaco y plátano.
Por los recuerdos de la abuela Ludivinia, sabemos que cuando los franceses entran a la tierra roja (Olmeca-Tolteca), se forja un choque de culturas porque los extranjeros-blancos tienen hijos con negras e indias, estas con negros provenientes de Cuba; los mestizos y criollos tienen descendencia con indias y negras. El niño Cruz es hijo de Atanasio Menchaca (mestizo) y de una mulata (raza blanca-negra). Nace en una choza de negros y lo bautizan con el nombre de Cruz.
 La vida del protagonista es una metáfora de la historia de otros personajes que se movilizan dentro del mismo espacio artístico, por ejemplo: Malinalli, quien después de ser conquistada, la bautizaron y se convirtió en una figura importante dentro del proceso de la invasión a Tenochtitlan. Algo similar ocurre con la vida de Artemio, porque después de su condición de esclavo, se convirtió en un prohombre. Su primer transgresión en la hacienda de Cocuya, Veracruz, es el asesinato de su tío Pedrito, así, sin querer, reivindica sus derechos como hijo de Atanasio Menchaca y de Isabel Cruz. Su primera lucha es en 1913, en la Revolución Mexicana, simbólicamente pelea contra los enemigos de su familia, los porfiristas que a su vez los vencieron en 1903. En su condición de esclavo y como hijo de una mulata, llega a posicionarse económica y políticamente como su abuelo y su padre hasta 1919.
Ahora veamos ¿qué significa la presencia de la abuela Ludivinia? Cuando muere tiene noventa y tres años (1903), un año más que el intervalo entre la fundación del imperio azteca (1427) y la llegada de Hernán Cortés a Veracruz (1519), lo cual simboliza el regreso de Quetzalcóatl. El 93 puede aludir al intervalo de tiempo entre la fundación del imperio azteca y la caída de Tenochtitlán (13 de agosto de 1521). La muerte de la abuela asociada a la de Malinalli (el día doce),  figura su nacimiento a la eternidad. (Esquivel, 2005: 189).
La imagen de la abuela y de la madre de Cruz no desaparece a lo largo de su vida, se repite en otros ciclos con distintas caras y nombres. Por ejemplo, la abuela en la hacienda de Cocuya, Veracruz, permite el paso a los santanistas, juaristas y porfiristas. Catalina, su esposa, representa el fin del gobierno de los porfiristas y la llegada de los carrancistas. A su vez su hija Teresa da entrada a la clase burguesa de los arribistas. Todo es un pase de poder y un pase de magia. Un periodo no niega al otro sino lo complementa como en el calendario de las fiestas prehispánicas.
Catalina, Malinalli o Cihuacóatl (la Llorona prehispánica), simbólicamente representan a la misma mujer que se duele por sus hijos perdidos. En 1919 Catalina pierde a Lorenzo y traiciona a los indios de Puebla con la aceptación del nuevo conquistador. Así, se convierte en testigo y cómplice de los robos y engaños contra los suyos. Catalina como Malinalli, no escogió, no eligió. Muda ante la fortaleza de Artemio (Cortés), quedó paralizada y fue portadora de los hijos que más tarde sembró en ella. Malinalli dio paso a la nueva raza que anunció un nuevo ciclo histórico para los indígenas y para los mexicanos. En sus palabras refleja la sorpresa de lo que implica tal acontecimiento:

A ti, madrecita, te pido que seas su reflejo, para que al verte, se sientan orgullosos. Ellos, que no pertenecen ni a mi mundo ni al de los españoles. Ellos, que son la mezcla de todas las sangres—la ibérica, la africana, la romana, la goda, la sangre indígena y la sangre del medio oriente—, ellos, que junto con todos los que están naciendo, son el nuevo recipiente para que el verdadero pensamiento de Cristo-Quetzalcóatl se instale nuevamente en los corazones y proyecte al mundo su luz, ¡que nunca tengan miedo! (Esquivel, 2005: 186).

            Esta es la plegaria de Malinalli (Marina) al darse cuenta de lo que provoca su unión con la simiente española. Ella tiene dos hijos: Martín y María con quienes comparte las casas de Coatzacoalcos y de Coyoacán, lugares que representan su hogar. El primero fue su tierra natal, y el segundo, su estancia con Hernán Cortés. Su destino es similar al de Catalina. Ésta y Artemio tienen a Teresa y a Lorenzo; poseen  tres casas, una en las Lomas, otra en Coyoacán y la última en Cocuya, Veracruz. Este lugar representa la tierra idílica de Artemio Cruz, su paraíso perdido, el lugar sagrado de sus abuelos en donde habita la primera pareja: Ludivinia e Ireneo Menchaca.
Malinalli se puede leer en la imagen de Ludivinia y de Catalina: mestiza y extranjera, en quienes se yuxtaponen simultáneamente varios personajes femeninos, los cuales configuran, no sólo la identidad de varias generaciones de familias, sino la de un país: “¿Recordarás el país? Lo recordarás y no es uno; son mil países con un solo nombre. Eso lo sabrás. Traerás los desiertos rojos, las estepas de tuna y maguey, el mundo del nopal [. . .] voz cora, voz yaqui, voz huichol, voz pima [. . .] Michoacán, la carne chaparra de Tlaxcala, los ojos claros de Sinaloa, los dientes blancos de Chiapas”. (Fuentes, 2003: 386)
          La esposa de Hernán Cortés también se llamó Catalina Bernal, y el apellido de Catalina, la de Artemio, seguramente alude al del soldado de Hernán Cortés, Bernal Díaz del Castillo, en quien aquel deposita su confianza para despojar y tomar al pueblo indio.
La dualidad Artemio-Catalina insinúa paralelamente a otras parejas históricas, como: Cortés-Malinalli, Cortés-Catalina Xuárez, Juan Jaramillo y Malinalli, Maximiliano y Carlota, la virgen María y José, y algunas otras. Así, con la configuración de la vida-memoria de Artemio se moviliza una parte de la historia de México y se configura un enfoque de la identidad del mexicano, como un elemento cultural en quien se reúnen muchas culturas, razas y etapas de una parte de la historia de México.
Si partimos de la ascendencia de Artemio Cruz, su abuela Ludivinia permitió el paso a los franceses, ingleses, españoles y otros grupos, que se apoderaron del suelo mexicano. La anciana se junta con los extranjeros para posicionarse entre los de la clase alta. Fue el eslabón entre el ciclo de los santanistas y los porfiristas, siempre cedió a las políticas extranjeras. En este sentido, permitió la entrada, la penetración y la violación a su madre patria.
La cabeza de mechones blancos estaba perdida entre los hombros, a veces más altos que el cráneo. Pero sobrevivió. Seguía aquí, tratando de cumplir desde el lecho revuelto los ademanes de la joven hermosa y blanca que abrió las puertas de Cocuya al largo desfile de prelados españoles, comerciantes franceses, ingenieros escoceses, británicos vendedores de bonos, agiotistas y filibusteros que por aquí pasaron en su marcha hacia la ciudad de México y las oportunidades del país joven, anárquico. (Fuentes, 2003: 409-410)

Con sus acciones, la abuela acepta que se viole a la madre patria. Su hijo Atanasio Menchaca, abusa de la mulata Isabel Cruz, quien paradójicamente llega con los franceses, nuevamente por Cocuya, Veracruz.

Lo chingado es lo pasivo, lo inerte y abierto, por oposición a lo que chinga, que es activo, agresivo y cerrado. El chingón es el macho, el que abre. La chingada, la hembra, la pasividad pura, inerme ante el exterior. La relación entre ambos es violenta, determinada por el poder cínico del primero y la impotencia de la otra. La idea de violación rige oscuramente todos los significados. La dialéctica de “lo cerrado” y “lo abierto” se cumple así con precisión feroz.(Paz, 1993: 85)

Desde esta perspectiva, la violación de la mulata Isabel Cruz es una imagen representativa de lo que los extranjeros hicieron al llegar al país joven.

Y en la vecindad de la hacienda, los zuavos encontraron los grupos de vihuela y arpa que cantaban Bajalú se fue a la guerra y no me quiso llevar y les alegraban las noches junto con las indias y mulatas que por allí anduvieron pariendo mestizos güerejos, mulatos de ojos claros y piel apiñonada, que se apellidaron Garduño y Álvarez cuando debieron llamarse Dubois y Garnier. (Fuentes, 2003: 406)

Así, Artemio Cruz representa, simbólicamente a los hijos de las indias violadas o, en palabras de Octavio Paz, “chingadas”. Las indias representan algo más general: “la madre patria”. En consecuencia, de acuerdo a Fuentes, un ejemplo de hijos de la chingada serían los siguientes:

Imagínense sin mi orgullo, fariseas, imagínense perdidas en esa multitud de pies hinchados, esperando eternamente un camión en todas las esquinas de la ciudad [...] imagínense teniendo que gritar como México no hay dos para sentirse vivas, imagínense teniendo que sentirse orgullosas de los sarapes y Cantinflas y la música de mariachi y el mole poblano para sentirse vivas, ah-jay, imagínense teniendo que confiar realmente en la manda, la peregrinación de los santuarios, la eficacia de la oración para mantenerse vivas (Fuentes, 2003: 122).

En este sentido, Cruz, por su origen histórico, sería un “hijo de la chingada”, ya que nació de una mulata violada. Indirectamente, el protagonista se ve reflejado en los actos que cometió su abuela Ludivinia.

Legarás las muertes inútiles, los nombres muertos, los nombres de cuantos cayeron muertos para que el nombre de ti viviera; los nombres de los hombres despojados para que el nombre de ti poseyera; los nombres de los hombres olvidados para que el nombre de ti jamás fuese olvidado:

[. . .] les legarás sus líderes ladrones, sus sindicatos sometidos, sus nuevos latifundios, sus inversiones americanas, sus obreros encarcelados, sus acaparadores y su gran prensa, sus braceros, sus granaderos y agentes secretos, sus depósitos en el extranjero, sus agiotistas engominados, sus diputados serviles, sus ministros lambiscones, sus fraccionamientos elegantes, sus aniversarios y sus conmemoraciones; sus pulgas y sus tortillas agusanadas, sus indios iletrados, sus trabajadores cesantes, sus montes rapados, sus hombres gordos armados de aqua-lung y acciones, sus hombres flacos armados de uñas: tengan su México: tengan tu herencia[. . .] (Fuentes, 2003: 389-390).

Estas son las conquistas que Artemio realiza a lo largo de su vida y marcan de cierta manera la historia-memoria de un momento de su país: México.
Es claro que la chingada es la madre-patria, así como todas las mujeres que fueron compradas, penetradas, violadas por Artemio Cruz: Regina, Catalina, Lilia y una india. Metafóricamente, estas mujeres se asocian con lo maternal, aquello que protege, da vida, salva y acoge en su regazo. En esta escena a Catalina se le asocia abiertamente con lo religioso:

La calesa se abría paso con dificultad por el sendero del polvo, entre los cuerpos que no conocían la prisa, que avanzaban de rodillas, a pie, a gatas, hacia el santuario. Los flancos de maguey impedían salirse del camino para dar un rodeo y la mujer blanca se defendía del sol con la sombrilla entre los dedos, era mecida suavemente por los hombros de los peregrinos: los ojos de gacela, los lóbulos sonrosados, la blancura pareja de la tez, el pañuelo que le cubría la nariz y boca, los senos altos detrás de la seda azul, el vientre grande, los pequeños pies cruzados y las zapatillas de raso:

Las manos se alargaron hacia ella: primero el miembro calloso de un indio viejo y encanecido, en seguida los brazos, desnudos bajo el rebozo, de las mujeres; un murmullo quedo de admiración y cariño, un ansia de tocarla, unas sílabas aflautadas: “Mamita, mamita.” La calesa se detuvo y él saltó, empuñando el fuete sobre las cabezas oscuras, gritando que abrieran paso: alto, vestido de negro, con el sombrero galoneado metido hasta las cejas. . . (Fuentes, 2003: 152-153).

En el relato correspondiente a 1924 Catalina representa a la madre virgen: protege a los indios, los cura y los perdona,  por esto, ellos la llaman “mamita” “mamita”. Existe una intención clara de describirla como la virgen. De acuerdo con Octavio Paz, hay cierta diferencia entre la virgen María y la chingada:

¿Quién es la Chingada? Ante todo, es la Madre. No una madre de carne y hueso, sino una figura mítica. La Chingada es una de las representaciones mexicanas de la Maternidad, como la Llorona o la “sufrida madre mexicana” que festejamos el diez de mayo. La chingada es la madre que ha sufrido, metafóricamente o realmente, la acción corrosiva e infame implícita en el verbo que le da nombre [. . .]
Por contraposición a Guadalupe, que es la Madre virgen, la Chingada es la Madre violada [. . .] Si la Chingada es una representación de la Madre violada, no me parece forzado asociarla con la Conquista, que fue también una violación, no solamente en el sentido histórico, sino en la carne misma de las indias. (Paz, 1993: 83-94)

En este sentido, Catalina personifica lo religioso, la madre sufrida que se da para dar nacimiento a la vida, pero también es la madre violada, entregada por Gamaliel al nuevo conquistador (Artemio Cruz). En la escena de 1924, Catalina representa a la virgen, a quien los indios quieren tocar para curarse con su manto. De este modo, simboliza el fervor religioso y el fanatismo de un pueblo que se cree a sí mismo hijo de una virgen inmaculada. En este mismo pasaje en oposición a lo religioso también se moviliza la imagen de Malinche porque Catalina es utilizada, chingada, sirve de intermediaria entre los indios y Artemio, quien no es parte de ese pueblo religioso. Él es como el Hernán Cortés, quien utiliza a Malinche para sus fines: se lanza como diputado de Puebla, y luego abandona a los campesinos que lo apoyaron. En palabras de Paz, Artemio sería el gran chingón: el conquistador y Catalina sugiere lo chingado y lo sagrado.

ciclos de esplendor y decadencia en la vida de artemio cruz como una metáfora de los ciclos diurnos y nocturnos prehispánicos

La metáfora espiral en La muerte de Artemio Cruz se crea a partir de la configuración de los ciclos de la vida del protagonista, los cuales se desarrollan desde 1889, año que marca su nacimiento y 1960, su muerte. Sin embargo, 1960 también representa su nacimiento y 1889 su muerte: muerte-vida o vida-muerte, no sólo del protagonista, sino de toda una época histórica, vista desde la óptica del ciclo agrícola prehispánico mexica.
El niño Cruz nace el 9 de abril de 1889 en Cocuya, Veracruz. En este mes, todo el universo gira en torno al niño y a su familia, con todo, aquel da una vuelta completa, porque cuando él llega al mundo, muere y renace un ciclo de poder: muere su abuelo Ireneo Menchaca, su padre Atanasio Menchaca, y su madre Isabel Cruz.
La muerte de los personajes que cruzan la vida del niño Cruz es significativa. Por ejemplo, el fallecimiento de Isabel Cruz representa a la gran señora dadora de vida de los mexicas, Coatlicue, quien muere al dar a luz a su hijo Huitzilopochtli. Sus hijos la quieren matar e intentan asesinar a su hermano. Así, Atanasio Menchaca, no sólo representa al padre, sino a Coyolxauhqui (la Luna) y a los cuatrocientos Centzonhuiznahua (las estrellas).
El nacimiento del niño representa una batalla con el universo que no lo acepta porque es fruto de una trasgresión, es decir, Atanasio e Isabel Cruz son la pareja que tiene relaciones sexuales sin el consentimiento de la dualidad divina (Ireneo y Ludivinia Menchaca). Ireneo muere sin reconocer al nieto ilegítimo, quien representa la violación que comete Atanasio (o Mixcóatl) en contra de la mulata (Chimalmán), quien más tarde da a luz a un gran niño (Artemio-Quetzalcóatl).
Atanasio simboliza al sacerdote engañado por su hermano (don Pedrito-Tezcatlipoca), quien lo induce a tomar alcohol y así logra que rompa con las reglas del universo. Atanasio viola a la mulata, quien se alude como Xochiquétzal (su hermana) y avergonzado, huye por el oriente y promete regresar igual que el mito de Quetzalcóatl. La muerte de Atanasio es el castigo por su trasgresión con el cosmos y después muere (lo matan los juaristas). En este sentido, el niño representa el regreso de su padre, de su abuelo y de otros personajes históricos, quienes vienen a restablecer un nuevo ciclo de poder. De ahí que el narrador-autor y narrador-protagonista diga:

heredarás los rostros, dulces, ajenos, sin mañana porque todo lo hacen hoy, lo dicen hoy, son el presente y son en el presente: dicen ‘mañana’ porque no les importa mañana: tú serás el futuro sin serlo, tú te consumirás hoy pensando en mañana: ellos serán mañana porque sólo viven hoy: tu pueblo tu muerte: animal que prevés tu muerte, cantas tu muerte, la dices, la bailas, la pintas, la recuerdas antes de morir tu muerte: tu tierra: no morirás sin regresar:[1]este poblado al pie del monte (Fuentes, 2003: 390-391).

Se juntan muerte-vida, muerte porque en la perspectiva “Yo” y “Tú” Artemio agoniza, pero en el último relato de la perspectiva “Él”, Cruz nace.
La abuela, al final de su vida, reconoce a su nieto, porque sabe que la sangre de la familia corre por las venas del niño (último descendiente de la familia Menchaca), y mientras él viva, su linaje no morirá. A partir de entonces, lucha por defender la vida de su nieto, y con ello se avecina un nuevo ciclo de cambio: ella muere por su nieto. Durante cada ciclo de poder en la vida de Artemio, el sol resplandece (es de día), pero las trasgresiones o los cambios de ciclo suceden al caer el sol (al anochecer). Así, a las siete de la noche ocurren varios acontecimientos: Artemio-niño asesina a su tío Pedrito; Artemio-hombre compra a Catalina; y Artemio–viejo se levanta del gran sillón jerarca de su casa de Coyoacán para dar paso alos nuevos burgueses: los Régules.

Sonaron las siete en el reloj colocado sobre la chimenea abierta junto a los taburetes de cuero arrimados al hogar encendido durante estos días de frío. Saludó con la cabeza y tomó asiento en el sillón, arreglándose la pechera tiesa y los puños de piqué […] Catalina podía vivir en el caserón de Las Lomas, ayuno de personalidad, idéntico a todas las residencias de millonarios. Él prefirió encontrar estos viejos muros, con sus dos siglos de cantera y tezontle, que de una manera misteriosa lo acercaban a episodios del pasado, a una imagen de la tierra que no quería perder del todo. Sí, se daba cuenta de que había en todo ello una sustitución, un pase de magia [. . .] él ordenó que se abrieran las cortinas que ocultaban el vitral abierto sobre el jardín sombreado de cerezos, de ciruelos desnudos, frágiles, de limpias estatuas de piedra monacal: leones, ángeles, frailes emigrados de los palacios y conventos del Virreinato [...] Levantó la mirada, como si emergiera de una zambullida a fuerza de lastre: encima de las cabezas despeinadas y de los brazos ondulantes, el claro cielo de vigas y de los muros blancos, los óleos del siglo XVII y los estofados angélicos. . . y en el oído despierto, la carrera escondida de las ratas —colmillos negros, hocicos afilados— que poblaban las techumbres y los cimientos de este antiguo convento jerónimo. (Fuentes, 2003: 353-355)

En esta cita se describe el terminado y decoración de la casa de Coyoacán, la cual corresponde al siglo XVII, durante el virreinato. Cuando los frailes llegaron a México para evangelizar, tuvieron que cambiar poco a poco los espacios de reverencia dedicados a las deidades prehispánicas (Huitzilopochtli, Tláloc y Quetzalcóatl) por santos. La cita no hace referencia clara a alguna deidad prehispánica, la casa de Artemio fue un ex-convento, el de San Jerónimo. Coyoacán era un espacio de reverencia a Huitzilopochtli. Convento de Churubusco, palabra que proviene del náhuatl “Huitzilopochco”, significa “lugar de reverencia de Huitzilopochtli”.
En 1903, cuando Cruz-niño transgrede el orden del cosmos con el asesinato de su tío, sale de Veracruz, de la tierra idílica, de su cuna, de la tierra sagrada (Aztlán), y parte de noche a tierras desconocidas, orientado hacia el norte, por donde los antiguos prehispánicos creían que estaba la región de los muertos. Metafóricamente, el niño Cruz peregrina de noche, como en el mito prehispánico, a buscar los huesos de sus ancestros para fundar una nueva ciudad. Así, parte de Veracruz, llega a México, va a Sonora, Sinaloa, Chihuahua, México, Puebla y regresa a México. Al llegar a Puebla, entra al templo de Cholula, en donde antiguamente se adoraba a Quetzalcóatl. Su entrada a este lugar sagrado representa el inicio de su ciclo de poder, el cual empieza de día, no de noche. Su itinerario alude al recorrido que realizaron los aztecas en su búsqueda por la tierra prometida.
Cada etapa de poder en la vida del personaje está señalada con el día. Este  se asocia con el nacimiento de Quetzalcóatl y de Huitzilopochtli. Su alumbramiento se anuncia con la aurora y la estrella Venus. Asimismo, son ellos cuando el día está en su apogeo y poder pleno: 1941,1947 y 1955.
La noche señala la trasgresión que conlleva a la muerte y a un cambio de poder, pero también se puede leer como la caída del sol al ocultarse en la tierra, la fecunda, vuelve a generar la creación y renacimiento de otro día. De ahí que en la novela aparezca primero 1955 y luego 1889, lo cual representaría simbólicamente su muerte y luego su renacimiento, tanto de él como de otros ciclos.
De acuerdo al calendario de los ciclos agrícolas, en la noche no rige Quetzalcóatl ni su gemelo Huitzilopochtli, sino su otro hermano, Tezcatlipoca. En la noche reina lo oscuro, la luna, lo húmedo y la lluvia; en el día, el sol y lo seco. De esta forma, el día y la noche se alternan el poder, configurando varios ciclos o etapas históricas que tienen que ver con los diferentes contextos que se vehiculan y movilizan a partir de la vida-memoria de Artemio-Catalina.
De este modo, 1941, 1947 y 1955 son puntos clímax en la vida histórica del personaje: son sus momentos de poder, señalados por Quetzalcóatl. Mientras que 1919, 1915 y 1903 son los puntos en que lucha desde abajo para sobrevivir, por lo cual en esos puntos gobierna Tezcatlipoca, representado por la noche.
Simbólicamente, el día representa la temporada de secas, cuando es tiempo de recoger las cosechas, mientras que la noche representa las estaciones lluviosas, cuando la tierra (Coatlicue) es fecundada y las siembras están en su proceso de crecimiento para ser recogidas en el día-tiempo de secas. De acuerdo con esta lógica, el día y la noche expresan un cambio de poder: un ciclo y un año, porque la tierra es fecundada de noche por la caída del sol (de ahí que Catalina mantenga una lucha consigo misma y que en 1924 la veamos dejarse seducir por Artemio), y al día siguiente vuelva a nacer su hijo en otro ciclo o etapa. Cada temporada de secas o de lluvias (que formarían un ciclo) está acompañada de los rituales que se ofrecen en honor a los creadores y dadores de vida: unos se van, otros llegan; unos mueren, otros renacen. Por ejemplo, el nacimiento del niño Cruz (abril), está regido por Quetzalcóatl que nace, lo que genera una nueva etapa de vida, y pone fin a la temporada de secas y de cosecha. En este mismo tiempo se celebra a la tierra (Coatlicue-Isabel Cruz), quien muere durante su parto para alumbrar a su hijo. Este hecho se relaciona con la muerte de la tierra, la cual se deja descansar para que recobre su fertilidad y nuevamente se pueda sembrar.            
Marzo es un mes muy importante, porque en la cosmovisión prehispánica mexica, se habría creado el mundo. Abril representaría la reactualización de dicho evento. Esto explica porqué el niño Cruz nace en este mes que significa el día de la purificación y permite entender por qué en el último Él, lo vemos nacer, se juntan niño-viejo. De manera paralela, su alumbramiento alude a la limpia de la tierra para su preparación del nuevo ciclo: “[...] — Ya viene el día de la Purificación —dijo Lunero con tres clavos entre los dientes. / — ¿Cuándo?  / La pequeña fogata bajo el sol alumbró los ojos verdes del niño. / — El dos, Cruz niño, el dos. Entonces se venderán más velas, no sólo a los de cerca, sino a toda la comarca. Saben que de aquí son las mejores velas [...]”. (Fuentes, 2003: 397-398)
En abril se celebra el fin de la temporada de secas y la entrada de las lluvias, estas últimas son representadas por Tezcatlipoca. Así, se lleva a cabo la transición y yuxtaposición de ciclos: cuando celebran a Quetzalcóatl por traer la temporada de secas, también se celebra a Tezcatlipoca, dado que representa la próxima temporada. Cuando se festeja a un creador, alternativamente se festeja al otro. Por este hecho, en un ciclo o etapa se pueden leer otros ciclos. Esto explica por qué en cada uno de los momentos históricos de la vida del protagonista se pueden ver-leer otros personajes o ciclos históricos que configuran parte de su vida-memoria y con ellas, la de un momento de su país: México.
Independientemente de los contextos históricos que se vehiculan y movilizan, a partir de su vida-memoria (y de la temporada de secas y de lluvias), se conjunta 13 meses, correspondientes al calendario prehispánico. De este modo, 1960 corresponde al mes de mayo, cuando se celebra la renovación de la naturaleza con la llegada de la lluvia, representada por Tezcatlipoca, y se despide la temporada de secas, simbolizada por Quetzalcóatl. De alguna manera, todos estos años juntos, desde que nace hasta que muere Artemio, representan un ciclo histórico completo, e incluso, paralelamente, un siglo de la historia de México.
Ahora bien, el número trece es de suma importancia para los mexicas, ya que en el 13 Caña fue la creación del Sol.
Bajo este esquema del ciclo agrícola, los rituales y celebraciones fueron fundamentales para los mexicas, así creían que preservaban y mantenían el equilibrio en cada etapa de vida. El día y la noche eran vigiladas por los creadores o señores divinos, y cada figura masculina de la temporada de secas y de lluvias tenía su pareja femenina. Sin embargo, durante la estación de lluvias, los rituales se consagraban a las señoras, y en la temporada de secas, a los señores.
Así, en la estación de lluvias se realizaban rituales en honor a Coyolxauhqui, luna moribunda, madre de Huitzilopochtli; a Toci, la hija del señor de Colhuacán, que fue desollada por los mexicas para desposarla con el sacerdote que representa a Huitzilopochtli, Cihuacóatl (hermana de Huitzilopochtli), y a Coatlicue (señora de la tierra). Casi todas las señoras divinas están relacionadas entre sí. Por ejemplo, a Chimalman se le asocia con Xochiquétzal (señora de las flores), la prostituta. A Toci, con Cihuacóatl-Xochiquétzal (cuarta compañera de Tezcatlipoca). A Coyolxauhqui se la confunde con Cihuacóatl o Chántico, y a ésta con Coyolxauhqui. De igual manera, Artemio llega a tener en su vida a cuatro mujeres: Regina, Catalina, Laura y Lilia, cada una de ellas figura un ciclo en la vida del protagonista.
Las relaciones entre las deidades prehispánicas son muy complejas, así como las correspondencias entre los señores divinos. Las parejas que se forman con ellos es representativa de lo opuesto: húmedo-seco, día-noche, de los contrarios, de la dualidad, lo cual implica, en este sentido, entender las diferentes parejas de Artemio Cruz y su relación con ellas. Esto se ejemplifica en el siguiente pasaje:

[...] y querrás recordarte en una vida que a nadie le deberá nada: ella te lo impedirá, el recuerdo de ella la nombrarás: Regina; la nombrarás Laura; la nombrarás: Catalina; la nombrarás:Lilia —que sumará todos tus recuerdos y te obligará a reconocerla: pero aun esa gratitud la transformarás— lo sabrás, detrás de cada grito de dolor agudo —en compasión de ti mismo, en pérdida de tu pérdida: nadie te dará más, para quitarte más, que esa mujer, la mujer que amaste con sus cuatro nombres distintos: ¿quién más? (Fuentes, 2003: 172)

Regina, Catalina, Laura y Lilia tan diferentes entre sí, representan diversos aspectos en la vida de Artemio: la primera, el amor de su vida; la segunda, la esposa; la tercera, la amante, y la cuarta, la hieródula[2], pero todas juntas podrían verse-leerse en un mismo espacio-tiempo. En 1913, Regina se asoma desnuda por el marco de la ventana. En 1919, antes de que Catalina se presente con Artemio, lo ve desde el umbral de la puerta. En 1937, Artemio observa a Laura de espaldas desde el marco de la habitación. En 1955, Lilia se asoma a ver a Artemio desde la puerta del salón de fiestas. Estos espacios se conectan como si fueran un solo laberinto de marcos-espejos en los cuales se puede ir y venir de un presente a un pasado o a un futuro, y a la vez, observar a una misma mujer con diferentes nombres y un solo rostro: Catalina o la madre patria.
La primera es la mujer que le concede dos hijos, Teresa y Lorenzo, y a pesar de ello, no logra integrarse y ser una con su esposo. El rencor y odio hacia él la mantienen alejada y resentida, sin embargo, Catalina lo ama por ser el padre de sus hijos. Viven bajo el mismo techo, pero no duermen juntos. Así, Catalina representa a las señoras de las lluvias y a sus parejas de la temporada de secas: el símbolo de lo opuesto y de los contrarios.
De esta manera, el ciclo agrícola podría leerse como la multiplicidad de ciclos a través del tiempo y del espacio que dialogan entre sí a partir de la vida del protagonista. Y los personajes femeninos, como Catalina, pueden insinuarse como las diferentes presencias de una misma mujer: Regina, Lilia, Laura, Ludivinia, etc., o bien, como la insinuación de alguna señora divina: Coatlicue, Coyolxauhqui, Toci y Xochiquétzatl. Esto es una suerte de metáfora de la madre patria: México.

¿Cómo iba a vivir el general Santa Anna sin su viejo compañero Menchaca —coronel ahora— que sabía de gallos y palenques y podía pasarse la noche bebiendo y recordando el plan de Casamata, la expedición de Barradas, El Álamo, San Jacinto, la Guerra de los Pasteles, incluso las derrotas frente al ejército invasor yanqui, a las que el generalísimo se refería con una hilaridad cínica, mientras golpeaba el piso con la pata de palo y levantaba la copa y acariciaba la cabellera negra de Flor de México, la esposa-niña llevada al lecho cálido aún con el último estertor de la primera mujer? (Fuentes, 2003: 410)

¿Quién es la niña-mujer? El México independiente, joven, que recién liberado del yugo español fue disputado por Francia. Era una nación relativamente tierna, sin instituciones ni un gobierno estable y consolidado. Una patria naciente y débil, expuesta a la seducción de cualquier país extranjero.

Conclusiones

La vida-memoria de Artemio Cruz en La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes, está configurada en espiral o ciclos de poder que guardan un paralelismo con los ciclos diurnos y nocturnos del calendario agrícola prehispánico, con personajes femeninos y masculinos que van de la época prehispánica hasta los gobiernos posrevolucionarios de México.

Los ciclos se yuxtaponen formando un espiral que metafóricamente hablando significa los ciclos históricos que se presentan como espejos hacia atrás y hacia adelante. Los espejos son los recuerdos de los personajes que irrumpen en los momentos de esplendor (diurnos) o de decadencia (nocturnos) para hacernos más presentes aquellos personajes que creíamos muertos u olvidados. De este modo es como se yuxtapone un ciclo a otro, el recuerdo del anterior explica al presente y el presente anticipa al que está porvenir tanto en el recuerdo como en el “futuro”.
            Junto a la imagen del protagonista podemos leer la de Atanasio Menchaca, Hernán Cortés, Maximiliano, Quetzalcóatl, Huitzilopochtli, entre otros. Al lado del personaje de Catalina, configuramos la imagen de Ludivinia, Malinalli, Catalina la de Cortés, Coatlicue, Xochiquetzal, etcétera. Dichas yuxtaposiciones permiten ver los diferentes ciclos de un momento dado en la historia de México y analizar los errores que se han repetido de manera continua, pero con diferentes personajes. Con la memoria histórica dentro del espacio poético se busca recordar el pasado como algo que forma parte del presente y a éste como un elemento importante orientado hacia el futuro, lo cual, ayudaría a no cometer los mismos errores que se realizaron en un pasado. Sin memoria histórica no hay identidad.
              Los ciclos diurno y nocturno de la vida de Cruz, así como las figuras femeninas y masculinas que forman parte de cada periodo, movilizan espacios y tiempos que rompen con el tiempo lineal (occidental), no hay inicio y fin de un ciclo como lo veríamos en un calendario del tiempo, lo que vemos es la yuxtaposición de tiempos y espacios en una secuencia cíclica, de ahí que la figura de un personaje insinúe a muchos más, hacia atrás en el recuerdo que está por venir en la memoria y hacia adelante que anuncia un futuro afectado por el momento presente del que recuerda. Los personajes que se tejen en la vida de Artemio Cruz son importantes en lo personal-público  e individual-colectivo porque representan la vida memoria de un país, lo prehispánico, la colonia, ciertos periodos políticos de México, lo mexicano, su cultura e identidad. 
          La presencia de los diversos personajes que configuran cada ciclo de la vida-memoria de Artemio, muestran la compleja y heterogénea vida-memoria de un país que no acaba por ser. No piensa totalmente en negro ni en blanco, está tan lejos de lo que fue y tan lejos de lo que quiere ser. México es un país carnavalesco en donde se juntan lo político, religioso, prehispánico, sexual, lo divino y lo profano. Su historia política se ha hecho de traiciones, de juegos y elecciones como yo por ti, tú por mí, el otro por mí, de juegos de albures y, como diría Octavio Paz y Carlos Fuentes de “chingados”.   

Bibliografía

ALATORRE, Antonio (2004), Los 1001 años de la lengua española, 3ª ed., México, FCE, 389 pp.
Esquivel, Laura (2007), Malinche, México, SUMA, 198 pp.
Fuentes, Carlos (2003), La Muerte de Artemio Cruz, México, Punto de Lectura, 444 pp.
Graulich, Michel (1999), Las fiestas de las veintenas, México, Instituto Nacional Indigenista, 443 pp.
Paz, Octavio (1993), El laberinto de la soledad, 2ª ed., México, FCE, 351 pp.




[1]Las cursivas son de la autora.
[2] Prostituta.

¿Quién era Safo?



¿Quién era Safo?
Milenio, Domingo 17 de enero de 2016

Cito:
La biografía de Safo es escasa y poco menos que fantasmal. Supuestamente nació en la primera del siglo VI a.J.C. y en la localidad de Ereso, en Lesbos, la tercera de las grandes islas griegas, aunque la mayor parte de su vida residió en Mytilene. Fue compatriota, contemporánea, fan y tal vez amante del poeta Alceo, cantor del vino y de la ebriedad y de un pensar político (...) Alceo la glorificaba como "la diosa de sonrisa dulce y cabello violeta", y proclamaba, ¿ingenuamente?, que su único rival en el corazón de Safo era el mar sensualmente cantado por ella. Tuvo tres hermanos, un hijo y una hija (Cleide, "bella como una flor de oro") y acaso un formal esposo, ¿o una esposa? Llegó a la vejez rodeada de jóvenes discípulas. (Fin de cita).

Dentro del círculo de la literatura, a Safo de Lesbos se le considera la primer mujer lésbica, no por ser tal, sino porque nació en Lesbos. Antes, en la antigüedad, a las personas se les ponía el apellido del lugar donde nacían.
Los dejo con un poema de ella, disfrútenlo.

Se han sumergido la Luna
y las Pléyades, media
noche, pasan las horas
y yo, duermo sola.

Sola, en alta rama, 
enrojece una dulce manzana,
alto, en lo más alto,
inadvertida a los recolectores.
No, no inadvertida, es
que no pudieron alcanzarla.

De nuevo, el relajante
Amor me perturba.
Rastrero, incombatible, dulceamargo.
Para ti, Atis, es odioso
preocuparte por mí, y revoloteas hacia 
Andrómeda.

Me parece que igual a los
dioses es aquel joven que frente a ti,
se sienta y escucha de cerca mientras
amable conversas.

Y sonríes seductora. Sí, esto
aterra mi corazón dentro de mi pecho,
pues tan pronto te miro un instante,
como ya me es imposible
decir una palabra, 
pues mi lengua desfallece; 
enseguida,
un fuego sutil irrumpe bajo mi piel,
nada veo con mis ojos,
zumban mis oídos,
se me esparce el sudor,
un escalofrío me apresa toda, 
estoy más pálida que la hierba y me parece que
falta poco para morir.
Pero todo hay que 
soportarlo, pues esto es así.

Amor:zarandea mis
sentidos, como el viento
en la montaña acomete a las encinas.

Con la hermosura
de las flores de oro.
Cleide, mi encanto.
Por ella yo daría
la Lidia entera y mi tierra querida.

No llores, Cleide:
donde se honra a las musas 
no se permiten trenos, 
en nuestra casa no se trenos, 
en nuestra casa no se sientan bien.

domingo, 5 de junio de 2016

Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos (Ensayo)


Por Edith González 



De acuerdo con algunas fuentes como Education at a Glance, Anexo 3. OCDE, 2006[1], México en el 2004 ocupa el último lugar en cobertura de Educación en el nivel Medio Superior respecto a países miembros de la OCDE, entre ellos, Brasil y Chile. Si analizamos un poco la historia de dichas naciones incluyendo la de México, podríamos esbozar algunas respuestas a la pregunta central de este breve ensayo: ¿A quién le importa la Educación Media Superior de México?



El objetivo del presente trabajo no es presentar una serie de fechas exactas, hechos y nombres que podrían servir para recordar efemérides de la historia oficial, sino más bien, es mostrar eventos generales de la condición esclavista que ha sufrido México, Brasil y Chile, así, quizá podamos encontrar algunos vínculos entre la condición colonial que han sufrido dichos Estados y su educación actual.


Si nos remontamos al descubrimiento de América, 12 de octubre de 1492, cuando a Cristobal Colón se le adjudicó tal acontecimiento, con ello, también llegó el viejo continente con sus filas de reos disfrazados de militares, aventureros y sacerdotes españoles a conquistar los pueblos de lo que sería América. La invasión fue por medio de las armas, de la religión y de la guerra biológica (tifus, viruela, tabardillo, tuberculosis, etc.), por ejemplo. Posterior a los años de conquista, vino la colonia. En este proceso de “aculturación”, los que ganaron fueron los españoles al descubrir “la gallina de los huevos de oro”, pues inició su depredación en las minas que encontraron en diversos puntos de América hispánica, “Entre 1545 y 1558 se descubrieron las fértiles minas de plata de Potosí, en la actual Bolivia, y las de Zacatecas y Guanajuato en México [...] A mediados del siglo XVII la plata abarcaba más del 99 por ciento de las exportaciones minerales de América.”[2]
 Los metales arrebatados a los nuevos dominios coloniales estimularon el desarrollo económico europeo y hasta puede decirse que lo hicieron posible.[3]
Si indagamos las circunstancias económicas de la metrópoli, España no gozaba de un estatus económico bueno; estaba endrogada con Inglaterra y otros países que empezaban a nacer. Gran parte de los minerales como oro y plata llegaban a tierras anglicanas, galas, luteranas y Chinas, por lo cual el abastecimiento de minerales permitió en cierto modo, la Revolución Industrial, que demandaba minerales y alimentos para los trabajadores, los cuales provenían de las colonias.

La acumulación de riqueza de las emergentes potencias Europeas, fundó los cimientos del capitalismo actual. Ellas decidían qué se debía cultivar en las nuevas colonias para su consiguiente exportación; enviaban a éstas los productos que solicitaban las pequeñas élites oligarcas para su propio consumo, de esta manera las colonias se subordinaron a la importación de productos agrícolas.

Brasil no fue la excepción, los portugueses descubrieron minas ricas en oro, plata, diamantes y otros minerales. Tanto Portugal como Inglaterra se dedicaron a la compra y al tráfico de negros (de África) para extraer de la colonia dichos minerales. La relación comercial que mantuvo Inglaterra con Portugal fue muy importante porque gracias al tratado de libre comercio que mantuvo con el segundo país, las mercancías de los anglicanos llegaron al mercado Brasileño, las telas de aquellos, se pagaban en oro, lo cual, le permitió consolidar sus manufacturas, invadieron los mercados de la colonia, así como de la metrópoli y de las propias colonias de Inglaterra, “’sirvió para la inmensa red bancaria que propició el comercio entre las naciones y, tornó posible levantar el nivel de vida de los pueblos capaces de progreso’”[4].

Como dice Eduardo Galeano, de la misma riqueza de los países de América Latina, proviene su propia pobreza, es como la maldición de haber nacido ricos y por ello, sometidos a pueblos sojuzgados, como Chile, “la mina más importante del mundo actual, Chuquicamata, se encuentra precisamente en la provincia, ahora chilena, de Antofagasta”[5].

Al abrirse la década de los 90, Chile destinaba a Inglaterra las tres cuartas partes de sus exportaciones, y de Inglaterra recibía casi la mitad de sus importaciones; su dependencia comercial era todavía mayor que la que por entonces padecía la India.[6]

Este panorama general, de los dos países que se ubican por arriba del porcentaje de México en cobertura de educación media superior, refleja que pese a su primigenia condición esclavista han logrado subvertir los debates del capitalismo salvaje, pero los grupos oligarcas de nuestro país ¿qué han hecho durante 50 años?, si consideramos que la EMS está rezagada esa misma cantidad de tiempo.


México no se ha podido sacudir la sombra de ser un país colonialista y, esto se refleja en su educación. Si consideramos que después de su independencia española, le siguió la conquista estadunidense, su política económica, cultural-y para nuestro caso-, educativa, no ha podido liberarse de los intereses extranjeros.

Actualmente, en los suelos mexicanos todavía hay recursos minerales, y se seguirán explotando hasta dejarlos como diría Juan Rulfo en El llano en llamas, como “un cuero de vaca”. “En este mundo sin alma que los medios de comunicación de masas nos presenta como el único posible, los pueblos han sido remplazados por los mercados; los ciudadanos, por los consumidores; las naciones, por las empresas; las relaciones humanas, por las competencias comerciales” y ahora agregaría, competencias digitales.[7]


La globalización que es una política derivada del capitalismo, pretende que la educación de masas forme “personas” preparadas para insertarse al campo laboral y cumpla las exigencias y requerimientos de una “sociedad” materializada exigente que no ve seres humanos sino mano de obra barata y mal calificada que no tuvo la culpa de ser desde sus inicios una colonia, pero lleva la penitencia de estar subordinada a la mano que mece la cuna.

Después del agotamiento de recursos naturales y minerales, ¿qué vaticinio le espera a los más? ¿La explotación de recursos humanos o capital humano? ¿Realmente la educación media superior cumple las garantías que propala la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en el Artículo 3º?   

La educación que imparta el estado tendera (sic) a desarrollar armónicamente, todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la patria, el respeto a los derechos humanos y la conciencia de solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia.[8]

Lo que vemos en el acontecer político, económico, cultural y social del país es totalmente lo opuesto. No hay amor a la patria sino sumisión porque no hay libertad de expresión. No sólo hay monopolio de la comunicación sino de la educación. ¿Hay democracia política? ¿Cómo la puede haber en la educación si la OCDE dicta qué competencias, habilidades y actitudes se deben lograr en el perfil de egresado de Bachillerato General?, si los más preparados no ganan lo que merecen, ni laboran en donde deben, lo que se sigue viendo es el mejoramiento económico por palancas y padrinazgos que aún persisten, pese a que ahora se ocupan puestos mediante exámenes de oposición. Ahora los gobiernos miden a sus ciudadanos por los bienes materiales, no por su calidad humana.


De acuerdo al Artículo 3º, la Educación Media Superior debe estar basada en un marco de independencia política, económica, social y acrecentamiento cultural. ¿Cómo se puede lograr todo esto? Si los mercados de la globalización demandan  “individuos” maniatados para no defender sus derechos laborales e individuales, las tazas de desempleo en el país reflejan la incapacidad de un gobierno para generar ocupación formal, cada día pueblos indígenas luchan por echar abajo concesiones que autorizan a sus titulares extraer oro, plata, hierro, cobre y manganeso[9], paramilitares desalojan asentamientos indígenas, la tolerancia se vuelve en xenofobia, la deuda externa subyuga al país hasta ponerse al servicio de políticas de la “globalización” en aras de “Reformas y Democratización”, los países latinoamericanos están siendo medidos por estándares educativos globalizados que no toman en cuenta la individualidad ni la identidad de sus pueblos. No somos máquinas, no somos cifras, no somos solamente capital humano de nivel “técnico”: ante todo somos personas pensantes con memoria histórica que puede cambiar el estado de cosas mediante la reflexión, el análisis, el debate, el diálogo, la creación artística, científica y tecnológica.


















[1] www.oecd.org/edu/eag2006.
[2] Eduardo, Galeano. Las venas abiertas de América Latina, p. 33.
[3] Ibid.
[4] Ibid.
[5] Ibid.
[6] Ibid.
[7] Eduardo, Galeano, “Hacia una sociedad de la incomunicación”. El texto es un fragmento de un artículo originalmente publicado en francés en Le Monde Diplomatique y traducido por Carlos Lomas y Amparo Tusón.
[8] Reformado mediante decreto publicado en el diario oficial de la federación el 10 de junio de 2011.
[9] Francisco, López Bárcenas, “Zacualpan: un pueblo contra la minería” en La Jornada, 15 de Febrero de 2014.