-Quiero decir que hay personas que llevan el orgullo hasta aquí. Así, por ejemplo, esa señorita Gautier parece ser que llevó una vida muy alegre, si me permite decirlo. Ahora la pobre señorita está muerta, y de ella queda tanto como de las que nadie tiene nada que decir y que regamos a diario; pues bien, cuando los parientes de las personas que están enterradas al lado de ella se han enterado de quién era, se les ha ocurrido decir que se opondrían a que la pusieran acá, y que debería haber terrenos aparte para ese tipo de mujeres, como para los pobres. ¿Habrase viso? Ya les dije yo sus cuatro verdades, ya lo creo; tipos que viven de sus rentas y que no vienen cuatro veces al año a ver a sus difuntos, que traen ellos mismos sus flores. ¡Y mire qué flores! Les cuesta pagar el mantenimiento de las tumbas de aquellos a quienes pretenden llorar, escriben sobre las tumbas lágrimas que nunca han derramado y luego vienen con exigencias en cuanto al vecindario. Créame usted si quiere, señor, yo no conocí a esa señorita ni sé lo que haya hecho, pues bien, yo la quiero a la pobrecita, y la cuido, y le vendo las camelias al justo precio. Es mi muerta predilecta. Nosotros, señor, tenemos que conformarnos con amar a los muertos, porque estamos tan atareados que casi no tenemos tiempo de querer a nadie más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario