Por Edith González
De acuerdo con algunas
fuentes como Education at a Glance,
Anexo 3. OCDE, 2006[1],
México en el 2004 ocupa el último lugar en cobertura de Educación en el nivel Medio Superior
respecto a países miembros de la OCDE, entre ellos, Brasil y Chile. Si
analizamos un poco la historia de dichas naciones incluyendo la de México,
podríamos esbozar algunas respuestas a la pregunta central de este breve ensayo:
¿A quién le importa la Educación Media Superior de México?
El objetivo del presente
trabajo no es presentar una serie de fechas exactas, hechos y nombres que
podrían servir para recordar efemérides de la historia oficial, sino más bien,
es mostrar eventos generales de la condición esclavista que ha sufrido México, Brasil
y Chile, así, quizá podamos encontrar algunos vínculos entre la condición
colonial que han sufrido dichos Estados y su educación actual.
Si nos remontamos al
descubrimiento de América, 12 de octubre de 1492, cuando a Cristobal Colón se
le adjudicó tal acontecimiento, con ello, también llegó el viejo continente con
sus filas de reos disfrazados de militares, aventureros y sacerdotes españoles
a conquistar los pueblos de lo que sería América. La invasión fue por medio de
las armas, de la religión y de la guerra biológica (tifus, viruela, tabardillo,
tuberculosis, etc.), por ejemplo. Posterior a los años de conquista, vino la
colonia. En este proceso de “aculturación”, los que ganaron fueron los
españoles al descubrir “la gallina de los huevos de oro”, pues inició su
depredación en las minas que encontraron en diversos puntos de América
hispánica, “Entre 1545 y 1558 se descubrieron las fértiles minas de plata de
Potosí, en la actual Bolivia, y las de Zacatecas y Guanajuato en México [...] A
mediados del siglo XVII la plata abarcaba más del 99 por ciento de las
exportaciones minerales de América.”[2]
Los metales arrebatados a los nuevos dominios
coloniales estimularon el desarrollo económico europeo y hasta puede decirse
que lo hicieron posible.[3]
Si
indagamos las circunstancias económicas de la metrópoli, España no gozaba de un
estatus económico bueno; estaba endrogada con Inglaterra y otros países que
empezaban a nacer. Gran parte de los minerales como oro y plata llegaban a
tierras anglicanas, galas, luteranas y Chinas, por lo cual el abastecimiento de
minerales permitió en cierto modo, la Revolución Industrial, que demandaba minerales
y alimentos para los trabajadores, los cuales provenían de las colonias.
La acumulación de riqueza de
las emergentes potencias Europeas, fundó los cimientos del capitalismo actual.
Ellas decidían qué se debía cultivar en las nuevas colonias para su consiguiente
exportación; enviaban a éstas los productos que solicitaban las pequeñas élites
oligarcas para su propio consumo, de esta manera las colonias se subordinaron a
la importación de productos agrícolas.
Brasil no fue la excepción,
los portugueses descubrieron minas ricas en oro, plata, diamantes y otros
minerales. Tanto Portugal como Inglaterra se dedicaron a la compra y al tráfico
de negros (de África) para extraer de la colonia dichos minerales. La relación
comercial que mantuvo Inglaterra con Portugal fue muy importante porque gracias
al tratado de libre comercio que mantuvo con el segundo país, las mercancías de
los anglicanos llegaron al mercado Brasileño, las telas de aquellos, se pagaban en oro, lo cual, le permitió consolidar sus manufacturas, invadieron los mercados de
la colonia, así como de la metrópoli y de las propias colonias de Inglaterra, “’sirvió
para la inmensa red bancaria que propició el comercio entre las naciones y, tornó posible levantar el nivel de vida de los pueblos capaces de progreso’”[4].
Como dice Eduardo Galeano,
de la misma riqueza de los países de América Latina, proviene su propia
pobreza, es como la maldición de haber nacido ricos y por ello, sometidos a pueblos
sojuzgados, como Chile, “la mina más importante del mundo actual, Chuquicamata,
se encuentra precisamente en la provincia, ahora chilena, de Antofagasta”[5].
Al abrirse la década de los
90, Chile destinaba a Inglaterra las tres cuartas partes de sus exportaciones,
y de Inglaterra recibía casi la mitad de sus importaciones; su dependencia
comercial era todavía mayor que la que por entonces padecía la India.[6]
Este panorama general, de
los dos países que se ubican por arriba del porcentaje de México en cobertura
de educación media superior, refleja que pese a su primigenia condición
esclavista han logrado subvertir los debates del capitalismo salvaje, pero los
grupos oligarcas de nuestro país ¿qué han hecho durante 50 años?, si consideramos
que la EMS está rezagada esa misma cantidad de tiempo.
México no se ha podido
sacudir la sombra de ser un país colonialista y, esto se refleja en su
educación. Si consideramos que después de su independencia española, le siguió
la conquista estadunidense, su política económica, cultural-y para nuestro
caso-, educativa, no ha podido liberarse de los intereses extranjeros.
Actualmente, en los suelos
mexicanos todavía hay recursos minerales, y se seguirán explotando hasta
dejarlos como diría Juan Rulfo en El
llano en llamas, como “un cuero de vaca”. “En este mundo sin alma que los
medios de comunicación de masas nos presenta como el único posible, los pueblos
han sido remplazados por los mercados; los ciudadanos, por los consumidores;
las naciones, por las empresas; las relaciones humanas, por las competencias
comerciales” y ahora agregaría, competencias digitales.[7]
La globalización que es una
política derivada del capitalismo, pretende que la educación de masas forme
“personas” preparadas para insertarse al campo laboral y cumpla las exigencias
y requerimientos de una “sociedad” materializada exigente que no ve seres
humanos sino mano de obra barata y mal calificada que no tuvo la culpa de ser
desde sus inicios una colonia, pero lleva la penitencia de estar subordinada a
la mano que mece la cuna.
Después del agotamiento de
recursos naturales y minerales, ¿qué vaticinio le espera a los más? ¿La
explotación de recursos humanos o capital humano? ¿Realmente la educación media
superior cumple las garantías que propala la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos en el Artículo 3º?
La educación que imparta el estado
tendera (sic) a desarrollar armónicamente, todas las facultades del ser humano
y fomentará en él, a la vez, el amor a la patria, el respeto a los derechos
humanos y la conciencia de solidaridad internacional, en la independencia y en
la justicia.[8]
Lo que vemos en el acontecer
político, económico, cultural y social del país es totalmente lo opuesto. No
hay amor a la patria sino sumisión porque no hay libertad de expresión. No sólo
hay monopolio de la comunicación sino de la educación. ¿Hay democracia
política? ¿Cómo la puede haber en la educación si la OCDE dicta qué competencias, habilidades y actitudes se deben lograr en el perfil de egresado de Bachillerato General?, si los más preparados no ganan
lo que merecen, ni laboran en donde deben, lo que se sigue viendo es el
mejoramiento económico por palancas y padrinazgos que aún persisten, pese a que ahora se ocupan puestos mediante exámenes de oposición. Ahora los gobiernos miden a sus ciudadanos por los bienes
materiales, no por su calidad humana.
De acuerdo al Artículo 3º,
la Educación Media Superior debe estar basada en un marco de independencia
política, económica, social y acrecentamiento cultural. ¿Cómo se puede lograr
todo esto? Si los mercados de la globalización demandan “individuos” maniatados para no defender sus
derechos laborales e individuales, las tazas de desempleo en el país reflejan
la incapacidad de un gobierno para generar ocupación formal, cada día pueblos
indígenas luchan por echar abajo concesiones que autorizan a sus titulares
extraer oro, plata, hierro, cobre y manganeso[9], paramilitares desalojan asentamientos
indígenas, la tolerancia se vuelve en xenofobia, la deuda externa subyuga al
país hasta ponerse al servicio de políticas de la “globalización” en aras de
“Reformas y Democratización”, los países latinoamericanos están siendo medidos
por estándares educativos globalizados que no toman en cuenta la individualidad
ni la identidad de sus pueblos. No somos máquinas, no somos cifras, no somos
solamente capital humano de nivel “técnico”: ante todo somos personas pensantes
con memoria histórica que puede cambiar el estado de cosas mediante la
reflexión, el análisis, el debate, el diálogo, la creación artística,
científica y tecnológica.
[1]
www.oecd.org/edu/eag2006.
[2]
Eduardo, Galeano. Las venas abiertas de América
Latina, p. 33.
[3] Ibid.
[4]
Ibid.
[5]
Ibid.
[6]
Ibid.
[7]
Eduardo, Galeano, “Hacia una sociedad de la incomunicación”. El texto es un
fragmento de un artículo originalmente publicado en francés en Le Monde Diplomatique y traducido por
Carlos Lomas y Amparo Tusón.
[8]
Reformado mediante decreto publicado en el diario oficial de la federación el
10 de junio de 2011.
[9]
Francisco, López Bárcenas, “Zacualpan: un pueblo contra la minería” en La Jornada, 15 de Febrero de 2014.
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