viernes, 10 de junio de 2016

¿Quién era Safo?



¿Quién era Safo?
Milenio, Domingo 17 de enero de 2016

Cito:
La biografía de Safo es escasa y poco menos que fantasmal. Supuestamente nació en la primera del siglo VI a.J.C. y en la localidad de Ereso, en Lesbos, la tercera de las grandes islas griegas, aunque la mayor parte de su vida residió en Mytilene. Fue compatriota, contemporánea, fan y tal vez amante del poeta Alceo, cantor del vino y de la ebriedad y de un pensar político (...) Alceo la glorificaba como "la diosa de sonrisa dulce y cabello violeta", y proclamaba, ¿ingenuamente?, que su único rival en el corazón de Safo era el mar sensualmente cantado por ella. Tuvo tres hermanos, un hijo y una hija (Cleide, "bella como una flor de oro") y acaso un formal esposo, ¿o una esposa? Llegó a la vejez rodeada de jóvenes discípulas. (Fin de cita).

Dentro del círculo de la literatura, a Safo de Lesbos se le considera la primer mujer lésbica, no por ser tal, sino porque nació en Lesbos. Antes, en la antigüedad, a las personas se les ponía el apellido del lugar donde nacían.
Los dejo con un poema de ella, disfrútenlo.

Se han sumergido la Luna
y las Pléyades, media
noche, pasan las horas
y yo, duermo sola.

Sola, en alta rama, 
enrojece una dulce manzana,
alto, en lo más alto,
inadvertida a los recolectores.
No, no inadvertida, es
que no pudieron alcanzarla.

De nuevo, el relajante
Amor me perturba.
Rastrero, incombatible, dulceamargo.
Para ti, Atis, es odioso
preocuparte por mí, y revoloteas hacia 
Andrómeda.

Me parece que igual a los
dioses es aquel joven que frente a ti,
se sienta y escucha de cerca mientras
amable conversas.

Y sonríes seductora. Sí, esto
aterra mi corazón dentro de mi pecho,
pues tan pronto te miro un instante,
como ya me es imposible
decir una palabra, 
pues mi lengua desfallece; 
enseguida,
un fuego sutil irrumpe bajo mi piel,
nada veo con mis ojos,
zumban mis oídos,
se me esparce el sudor,
un escalofrío me apresa toda, 
estoy más pálida que la hierba y me parece que
falta poco para morir.
Pero todo hay que 
soportarlo, pues esto es así.

Amor:zarandea mis
sentidos, como el viento
en la montaña acomete a las encinas.

Con la hermosura
de las flores de oro.
Cleide, mi encanto.
Por ella yo daría
la Lidia entera y mi tierra querida.

No llores, Cleide:
donde se honra a las musas 
no se permiten trenos, 
en nuestra casa no se trenos, 
en nuestra casa no se sientan bien.

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