La sonata
Blanca
mano de cristal claro,
cortado
en líneas sobre tu radio
por
negras ideas locas, en un momento de nevada noche
sin
sueño en la contemplación de la estrella Luna.
Dedos
durazno, adornados por medias esferas asomándose
en la
cutícula de ovaladas uñas
que
sangran en perlas puras de mar
cuando
el ansia hierve en los ríos de sangre de tus tibias carnes.
Profundas
líneas perdidas describiendo están
la
explanada, en donde las falanges de tus anchos dedos ruidosos
al
tocar las cuerdas largas de un re mi fa sol,
se juntan con las vivas yemas de tu tierno
índice
y pulgar tocando ante la multitud soberbia con sombreros de burguesía
fina.
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