miércoles, 26 de agosto de 2015

Dos poemas y un cuento


Ríos
Sorbe en un vaso los aromas y melodías
que convergen de tus costados,
sorbe las inútiles frases de armonía
que acarician tu corazón en melancolía.

Ríete de los pensamientos añejos
que saltan  de prisa mientras deleitas las neuronas
con la palabra impresa.

Sorbe la vida perdida en el paladar profundo
en donde se confrontan las sombras 
reunidas en tu memoria del día.

Sorbe hasta el fondo mientras tragas
 las últimas palabras antiguas,
 en donde se juntan los ríos de tu ser en agonía.

LA ASCENSIÓN

En el principio de los tiempos fue el espíritu,
éste se hizo verbo, carne
y habitó entre las tinieblas;
éstas no lo entendieron, lo acosaron,
lo burlaron, lo escupieron,
lo vendieron por treinta monedas de plata,
lo hicieron su rey con una corona de espinas
lo subieron a su trono con tres clavos de acero
enterrados, uno en cada mano, y el último
en los empeines cruzados.

De sus ojos blancos lágrimas rodaron,
jadeante respiro silbaba en su pecho
implorando un beso de Judas;
deseó beber el vino de las bodas de Canaán
convertido en vinagre, quiso encarnar su alma
en María Magdalena,
verse en otro a quien el destino no alcanzara,
pensó rebelarse contra del Padre y traicionar su alianza
con el hombre.

Arrepentido de ser el salvador
lloró, imploró a su Padre, dudó de su fe,
se vio burlado, se sintió extranjero,
pensó en el carpintero, en el agorero,
en el exorcista, en el profeta, pensó
en su deseo, en su soledad, en su temor
y olvidó todo, a su madre, a sus discípulos,
a su hermana, sus milagros, se olvidó de sí,
quiso escapar de su cárcel pero el dolor lo contuvo,
deseo defecar, orinar, contuvo esputos, pensó en la nada,
quiso adelantar el paso y subir a la derecha del Padre.


Primavera (a Sor Juana)

Tengo una rosa en primavera vestida de blanco,
sus pétalos de durazno retienen la gota del rocío,
entre sus faldas esconde la miel de las abejas y
del colibrí.

Sus verdes tallos acogen la sabia del campo,
en sus espinas junta el dolor, la tristeza y el llanto.
El botón de su figura alumbra el alma del astro.

Rosa de primavera, rosa de otoño, rosa de verano,
rosa de todos los campos, rosa pasajera.
Tu resplandor molesta al astro cuando te pavoneas,
sonriendo provocas la envidia de las flores.
La fragancia de los tulipanes, de los jacintos, de las
Dalias, entre cualquier flor, tu elegancia se señorea en las
espinas.

La fuente riega tus faldas con delicadeza,
firme entre la maleza, firme entre la maleza,
siempre firme señora Rosa.
    
La nausea

Sentada en la mesa, esperaba el año nuevo con el esposo de su madre, los padres de aquel, su hermana y los hijos de ésta. El bulto del hombre bofo, bajo de estatura, con lentes que dejaban entrever su mirada pequeña y sigilosa sintió que se posó en su mirada baja.

¿Es esto lo que yo quiero? –se preguntó para sus adentros- fastidiada, desilusionada, hostigada de estar ahí nada más como si ella no existiera. Levantó la mirada sin un punto fijo para observar lo que los demás hacían. Escuchaba la conversación de la hermana, “las ventas estuvieron bajas. Me sentía muy mal de la garganta, con ganas de abandonar el puesto e irme a mi casa. Un viento frío que sentía. Ya no podía estar más. Ayer tenía fiebre, vi pasar a Laura con su bebé y no pude hablarles, me sentía muy mal”.

Ella pensaba que aquella en su charla se disculpaba con ella y a la vez atrapaba la atención de los invitados. No había convivido por muchos años con su hermana y el poco tiempo que la conoció le parecía rencorosa, peleonera, fuera de lugar, como una fiera a la menor intención. Le hacía preguntas ligeras. El clima, sus hijos, ¡Vaya! Hasta le preguntaba cómo pescó su dolor de garganta. Y se ponían a disertar acerca de lo difícil que estaba dejar de trabajar, pues el alza de precios de los productos de la canasta básica estaban por los cielos, el gas, el predial, el agua, la carne, y no sé qué más: estaban dejando al pueblo en la ruina. Y ya estaban a la puerta los aumentos, pues el gobernador estaba por salir y se estaba dando banderazo a las competencias electorales.

Todos en la mesa por momentos callaban y ella pensaba que no era bien recibida, ella pensando en lo del terreno, creía que aquellos la veían como la nueva oportunista que salía de las filas de corruptos políticos que ella sólo conocía. Creía que los comensales comían enseñando el colmillo y viendo de reojo para esquivar los arrebatos que aquella con sus garras fuera a dar a pedazo de carne.

Los ingredientes para la preparación de la comilona habían sido dispuestos con mucho tiempo de antelación. Las nueces, las pasas y la piña, eran algunas frutas para rellenar el lomo de cerdo, aderezar la costilla muy bien condimentada con diversos chiles. El exquisito aroma que derretía el paladar de ella no era igual al sentimiento que la invadía y por poco la hacía perder la cabeza, y finalmente estallar en un llanto con ganas de decir ¿qué quieren? ¿por qué ese silencio que a gritos dice lo que sus dueños callan? Por poco tropieza y deja rodar una lágrima que hubiera significado la hipocresía, no de ella, sino de ellos envuelta en un sentimiento de ternura, de inocencia, de reproche y de rencor hasta cierto punto.

No sabía de qué hablar y prefirió callar, mirando a las sobrinas y a los adultos entretenidos en cortar con destreza aquel trozo de carne que engullían con habilidad. La hermana del padrastro se había ido a Estados Unidos, trabaja en un centro comercial y aún no regresa, “yo creo que no va a regresar, puede que eso sea señal de que le va bien”- dijeron sus padres. A ella no le constaba pero callaba y pensaba en lo rápido que es acostumbrarse al sueño americano.

Por momentos desviaba su atención a la televisión que ofrecía un escape de salida a su acorralamiento de ideas, “Miles de aves muertas en la ciudad de Arkansas. Moreira se postulará para presidente de la República. Se gastan los ahorros de los ferrocarrileros en Coahuila. Eligen a la primer presidenta en Brasil. La iglesia acusa de Talibán al jefe de gobierno del Distrito Federal. Coches rosas para mujeres. Bla bla bla bla bla”, regresó su atención a lo que acontecía en la mesa y parecía que los ánimos se habían relajado.

A las doce campanadas inició el intercambio de regalos y el brindis con una copa de rompope y coñac.

   



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