LIBERACIÓN
Deja vaciar mi cuerpo en
llanto y
recordar la soledad, el
odio, el temor, el coraje,
el dolor, la impotencia,
los sueños no realizados,
la debilidad, la
esperanza y la vanidad.
Deja escuchar las
campanas de la no resurrección,
los cantos disfrazados de
un mundo acabado en
la desesperación de
reinventarse en cada
esperanza muerta.
Permite no sentir con
soberbia y enojo
los dolores anestesiados.
Deja rebelarme en la
nada,
deja agonizar cuando ya
muerta en muerte está la razón,
el caos y la palabra.
Un día más
Quiero lavar mi olvido en
la almohada,
perderme en el calor de
las sábanas,
en la oscuridad de la
noche sin estrellas,
en los gritos descuidados
de los que danzan
y cantan su perdición con
las melodías
reinventadas.
Perderme en el efímero
recuerdo del dolor ajeno,
imágenes desordenadas se acumulan.
Esas calles pestilentes
de orines y casas de adobe,
en los rostros grises y
marchitos de la gente con una vela en
la mano solicitando
posada.
En la mente queda la
esperanza de los niños,
cuetes de azufre, velas
apagadas,
inertes, deseosos de éxtasis
y de amor, de placer, de
su placer, de mi placer,
del placer de otros.
Recuerdo su mirada pétrea,
su beso infantil y su jadeo de alivio.
Inventaron las palabras,
simulaciones
caladas por el frío
decembrino.
Promesas y planes juraron
ante la noche, ante el smog de los carros
apresurados,
susurraron palabras ante
el viento perdido,
tomados de la mano
avanzaron hasta perderse en esa dirección.
Lavando el recuerdo con
sollozos en la almohada,
el sueño vuelve a ensayar
la muerte sin la esperanza de prolongarse.
Eres
Como el resplandor de la luna,
vientre inmaculado tu ser
habita,
luces confusas en circular
movimiento tus pupilas giran,
húmedos labios sonrosados la
estrella iluminan,
y ardientes destilando armonía
con delicada pedrería.
Grueso oro ondulado nace junto
a la aureola
en tierna cabeza de un cuello
blanco,
y de ahí, deslizados lunares
adornando están
tu pétreo seno virgen de
hombre argentado.
Firmes pómulos en vasta frente
lisa,
las negras cejas sombra
cobijan mieles rubíes de tu figura mía.
Como cisne pestañas tiernas tu
mirada desdeñosa
fijas en el diminuto punto de un día en
agonía.
Latidos ígneos de tu seno
melodías
invitan a reposar con alegría
las solitarias noches
que no tienen fin todavía.
Recordando terciopelo en
redondas yemas
de tus sangrantes dedos al producir silencios
ofuscados de melancolía.
¡Sagrado templo de incienso
permeado!,
tus paredes prohibidas quiero
violar
para ser virgen inmaculada de
tu semilla divina.
Contigo rebelarme quiero
pecando un día
al cortar un fruto de tu
regazo blanco en mares fecundos
no conquistados que dan vida.
Ríos púrpura corren en tus
venas varoniles,
cobijando los respiros
agitados
de palabras cortadas en
invierno
cerca del calvario provinciano
junto a San Juan Bautista.
Ruidosos ósculos brillan como
estrellas de tu boca roja,
aspirando alientos solitarios
de quien se entrega en la orilla de tu tibia mejilla
buscando vida en los
rinconcitos tranquilos de tu eterna figura.
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