TARADOS POSITIVOS
(Fragmento)
Juan Villoro , Dios es redondo
El futbol le gusta a
demasiada gente para no ser aprovechado de mil formas distintas. Estamos ante
la forma más exitosa de vender zapatos y camisetas. Y esto no es nada en
comparación con otros negocios. Aunque todo falle y vaya cada vez peor, al
final siempre gana la televisión.
El dinero aceita los clubes
y en buena medida decide los resultados. En el mismo periodo en el que el Real
Madrid gastó 700 millones de euros, el Osasuna gastó 10 millones. ¿Es
concebible que jueguen en la misma liga? Sí, entre otras cosas porque el
Osasuna dirigido por el Vasco Aguirre ha sido muy eficaz ante el Madrid, y
porque el futbol profesional no ha oído hablar de justicia económica.
Aceptemos lo inevitable: estamos
ante un muy complejo sistema de representación del mundo que asimila una alta
cuota de estupidez. No es por la vía de la pureza ni del racionalismo como se
define al arte de patear para encender el alarido de la especie.
En su democrático
acercamiento a la pasión, el futbol incorpora los más variados defectos. Cuando
todo sale bien, la gente es inofensivamente lamentable en las tribunas en vez
de serlo en su casa. ¿Cuántos ataques de nervios no se han evitado en el seno
de la familia gracias a los gritos lanzados en las gradas?
Con el futbol pasa como en
las dietas ricas en fibra: no todo alimenta, pero la mezcla sirve para digerir.
Es mucho lo que entra al futbol y mucho lo que ahí se elimina. Su protocolo no
puede ser tan excelso como el de la ópera porque está hecho para el desfogue de
excedentes emocionales, para que el chiflado que llevamos dentro protagonice la
vida durante 90 minutos y quien vuelva a casa sea, si no un gran humanista, al
menos alguien razonablemente común.
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