sábado, 27 de agosto de 2016

                                                   
                                                          Mientras más hondo el camino

Los chingaditos de la taza huelen a café,
con sus manos cóncavas y entrelazadas,
sintiendo el calor de los primeros destellos del Sol,
piensa en otros horizontes, otros Soles quemando su piel.

Piensa en el oráculo de Medusa,
conteniendo su propio veneno para no matar a Perseo.
Todo el dolor de los muertos se cuelgan en ella.
Mujer virgen que profana el templo de Poseidón.
Se da para morir, se rinde, sufre su propia cárcel, 
que se consume para no caer.

Descalza, suelta la taza.
Vidrios regados, revelan el mundo.



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