Frío calado de huesos presentes,
órbitas pétreas en medio de la noche suplicando piedad,
ventrículos palpitando la estupidez humana,
en un suspiro tragarse la vacuidad espacial.
¿Qué nos queda para soñar?
¿Qué nos queda para entretener el alma?
Acariciarla poco a poco, con un ósculo frío, mientras la nieve se deshace.
Pupilas dilatadas con la fotografía del mundo.
Elevación de la estatua de la libertad para caer sepultada.
Máscaras de querubines, de ángeles con ojos espantados
gritando desde el infinito, acertijos ocultos.
Abulia de la mañana con aroma de otros paisajes.
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