viernes, 26 de julio de 2013

¿Qué puede significar un simple viaje?


naturaleza
En estas vacaciones seguramente muchos salieron de viaje, hicieron las maletas y se prepararon con un poco o mucho dinero-tal vez no importa-, pero, lo más relevante fue todo el ritual que hicieron para salir de casa e ir hacia un lugar planeado pero no totalmente conocido, pues entonces se perdería la magia del viaje.

Una vez arriba del auto, camioneta, autobús, taxi u otro medio de transporte  -cómodo- empezó el gran viaje por un laberinto interior. Cuando nos alejamos del ruido de la ciudad, de la misma gente y de nuestras tareas cotidianas, volteamos a nosotros mismos y no casualmente llegamos hasta encontrarnos solos. Es aquí cuando empieza ese verdadero viaje sin que a veces nos demos cuenta.

En el camino estamos más solos y un tanto desnudos -metafóricamente hablando- pues actuamos como regularmente no lo hacemos y le damos rienda suelta a nuestros sentimientos y pensamientos, punto de intersección en donde afloran también las fobias y miedos. Ya en el lugar de nuestro destino, encontramos cosas maravillosas y lo sorprendente, ¡conocidas! Empezamos a observar los objetos, a las personas, y sentimos muy familiar todo.

arboles


Más frecuentemente en parajes, cabañas, casitas, posadas, campamentos o lugares apartados del tumulto, empezamos a reconocer (nos) con las personas. Paradójicamente resulta exitante pero arriesgado -por decir lo menos- entrar en contacto con gente desconocida cuya presencia en ese destino no es gratuita en ningún sentido, pues sus actitudes, carácter, habla y lenguaje social lo colocamos en una parada de ese laberinto internos que resulta nuestro propio ser. Generalmente (nos) identificamos los elementos con seres extraños pero extraordinarios como: la bruja, el enano, el ogro, la hada, la abuelita buena, etc. parece como si conscientemente lo hicieromos, no. Nada es casual en esto llamado vida.

CONTINUARÁ . . .

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